Las mujeres no identificamos las violaciones a nuestros derechos, las confundimos o justificamos debido a la carga histórica, social y cultural que nos hace ocultar los malos tratos y el sufrimiento. Las agresiones con palabras son muy frecuentes en las relaciones de pareja, de amistad, familiares o laborales; sin embargo, no se consideran violaciones.

Por Nelly Valbuena Bedoya

Se han llegado a naturalizar, en broma o en discusiones cotidianas, frases como: “vieja bruta”, “no sirves para nada”, “eres una mantenida”, “mujer al volante, peligro constante”, “estás gorda y horrible”,  “inútil”, “mujer tenías que ser”, “no levantas ni polvo”, “solterona”, “cualquiera”, “no das ni lástima”, “eres insoportable”, “vieja histérica”, “pareces payaso”, “aunque pegue, aunque mate, marido es” y “ahora entiendo por qué te dejó mi papá”.

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