Mujeres a las calles

Relatos de los medios sobre sus movilizaciones y actorías

El 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional por los derechos de las mujeres. Una lucha que ha sido registrada por los medios de diversas formas y no siempre reconociendo el valor y la necesidad de una sociedad más justa y equitativa.

El 8 de marzo y el 25 de noviembre son fechas emblemáticas a escala mundial por los derechos de las mujeres. La primera conmemora la histórica lucha internacional de millones de mujeres para que sus derechos, tanto en el ámbito laboral cuanto en el civil y político sean reconocidos por fin. Se le conoce como el Día Internacional de la Mujer, hay quienes hablan del Día Internacional por los derechos de las mujeres. La segunda fecha recuerda el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Ambos días tienen en su origen hechos trágicos, que justifican la búsqueda de vías para que los Estados, sociedades y medios de comunicación contribuyan a poner fin a la violencia de género y la desigualdad. Cada año, las mujeres organizadas, conscientes de la vulneración de sus derechos y de la sistemática violencia contra la mujer, luchan de formas diversas, entre ellas saliendo a las calles y movilizándose en miles de ciudades del mundo, para exigir garantías a su vida, igualdad en derechos y mejores condiciones para su desarrollo.

Por Nelly Valbuena

Este artículo reflexiona acerca de los relatos que dos medios construyeron, en 2019, sobre las marchas que se llevaron a cabo en sus países durante aquellos días y a propósito del rol femenino como actoras sociales, a la luz de cuatro hechos históricos.

Curiosidad periodística del siglo 19, a manera de ‘Prólogo’

En un artículo publicado en el Diario ABC se recoge una anécdota sobre la forma como fue registrada una huelga feminista en mayo de 1868 en España. El relato es no sólo burlesco, displicente sino en esencia machista:

“La forma en que Julio Nombela se refería en el diario «La Época» en mayo de 1868 a las primeras huelgas de mujeres en España, resultaría hoy sencillamente descabellada. El famoso periodista madrileño contaba con sarcasmo (y no menos machismo) la ‘útil receta’ empleada por un importante empresario para ‘apaciguar’ un motín de cigarreras que pedían justicia. Según su relato, el directivo dijo: – “¡Vaya a decirles que estoy dispuesto a recibirlas! Pero como no es posible que quepan todas en mi despacho, deben elegir a las tres más viejas y más feas”. ‘A estas horas aún no han entrado ninguna’, apostillaba Nombela” (Israel, 2020).

La nota fue rescatada, junto a otras historias, por el historiador y periodista Israel Viana para la sección ‘Historia’, en la que cuenta que las primeras huelgas feministas en la prensa fueron tratadas sin precisión, mostrando a las mujeres como vándalas y a las autoridades como las encargadas de “sofocar el alboroto” llevándolas a prisión. 

Progresos del periodismo del siglo 21, en los relatos sobre las movilizaciones de las mujeres

Por supuesto, los tiempos han cambiado. A los periodistas y los medios de comunicación del mundo, en general, y más aún en las sociedades abiertas y de mayor desarrollo de política pública en derechos y democracia, ya no se les ocurriría retratar así, en pleno siglo 21, la lucha de las mujeres trabajadoras; aunque en el ámbito privado se perpetúe esa subcultura de “chistes” y estereotipos, tan próximos al ‘Vaga, anda a cocinar’ que el machito de esquina, en tiempos de COVID-19, endilga ya no en la calle, sino en la nada privada red social, contra las movilizaciones femeninas por sus derechos.

En las dos últimas décadas y, en especial, en estos recientes años que vieron llegar al inédito y poderoso tsunami globalizado de millones de pañuelos verdes en acción y manillas lilas movilizadas; la mayoría de medios digitales, de prensa, radio y televisión, tomaron iniciativas de reconocimiento por las luchas feministas, basta con observar el nuevo segmento de Diario El País de España, “Feminismo para torpes”, un espacio de increpación al patriarcado y a sectores de su cultura machista, que ante los logros de las mujeres se levanta más virulento que antes en las instituciones, en las redes sociales, en la política y en las religiones, entre otros espacios. (El País, 2020).

Varios sitios de periódicos del mundo, como el The New York Times, El País, Página 12, La Jornada, El Espectador, Le Monde, o las páginas de la BBC, Nexos de México o Cosecha Roja de Argentina, publicaron inolvidables reportajes sobre las movilizaciones ocurridas en 2019.

En Ecuador, medios como El Comercio, Expreso, El Telégrafo, o sitios de internet como G-Kill, Plan V, Primicias, o La Barra Espaciadora, retrataron en crónicas, reportajes y noticias la presencia de las mujeres en la calle, como escenario de reclamos al Estado, a la sociedad y a los medios por los diferentes tipos de violencia que tienen que vivir cada día. El discurso estuvo alejado de estereotipos, cosificación, sexualización, frivolización, vaciamiento de contenido, descontextualización del contexto y banalización (Valbuena, 2014), prácticas que se apreciaban en otros 8 de marzo y 25 de noviembre, e incluso en varias notas publicadas sobre la violencia de género en algunos de estos medios, especialmente en los masivos. Con esto lo que se quiere es reconocer que la cobertura sobre los temas de las mujeres y sus reclamos en derechos han cambiado, aunque persistan narrativas de señalamiento, culpabilización, discriminación y estigmatización.

El reciclaje de enfoques periodísticos sobre las luchas y movilizaciones de las mujeres, siguen anclados en la visión del siglo 19, tan arraigada todavía en la mentalidad del que elabora y edita una noticia, de quien construye el relato, quizás porque ese enfoque está asentado en un fantasma de carne y hueso que aún no se logra deconstruir: el más antiguo, sutil, asimétrico, prolongado y naturalizado sistema de dominación, que sigue siendo el patriarcal, por asentarse en una compleja cultura de remota raíz monoteísta y en un sistema de organización familiar, social y estatal de supremacía machista, que de largo supera -en el tiempo- al capitalismo, e incluso al feudalismo, aproximadamente un par de milenios y un poco más, “dos mil quinientos años” (Lerner, 1990).

El 8 de marzo y el 25 de noviembre, como el 10 de diciembre o el 1 de mayo, son fechas emblemáticas en derechos. La primera recuerda las luchas de las mujeres, en un inicio para ser reconocidas en el ámbito laboral, y se le conoce como el ‘Día Internacional de la mujer’; y la segunda, recuerda el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Las dos fechas tienen, en su origen, hechos trágicos, como el 1 de mayo, e hitos mundiales que buscan que los Estados, la sociedad y los medios de comunicación, contribuyan a poner fin a la violencia contra las mujeres, en especial los feminicidios, tan recurrentes en el continente latinoamericano.

Cada año las mujeres organizadas de la sociedad civil, conscientes de la vulneración de los derechos y de la violencia sistemática contra ellas, salen a las calles a exigir garantías para su vida, igualdad en derechos y mejores condiciones para su desarrollo, en todos los campos. Estas movilizaciones son registradas en la agenda mediática de diversas formas, sin embargo, en 2019 la característica estuvo asociada a reconocer la actoría de las mujeres, jóvenes y niñas que salieron a las calles, a verlas como sujetas de derechos con voz y acción propias.

Puedes seguir leyendo este artículo en: Comunicación y ciudad. Lenguajes, actores y relatos o en Books SciElo.

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