Hubo una generación en Chile que vio como padres, hermanos, hermanas y amistades eran víctimas de tortura, desaparición o incluso asesinados. Hubo una generación que vio arder a su pueblo bajo la represión de una dictadura militar en la que participaron también civiles. Hubo una generación que sobrevivió y que tiene historias que contar, como una forma de hacer memoria. Ese es el caso de Marcela Campos Rojas, autora de Sueños de Victoria. Mujeres Contando habló con ella sobre las razones de este libro y lo que implicó para su vida investigar y escribir sobre la muerte del estudiante Patricio Manzano.

Por Emilia Lasso

Sueños de Victoria se presentó a finales de 2016 como el relato de la muerte del estudiante de Ingeniería, Patricio Manzano, en el marco del Régimen Militar que se inició el 11 de septiembre y se extendió hasta el 11 de marzo de 1990, tiempo durante el cual el general Augusto Pinochet dirigió una de las dictaduras más crueles y bajo la cual se violaron los derechos humanos de muchas formas. Hoy las generaciones que sobrevivieron a este momento histórico buscan hacer memoria y reconstruir la verdad, para cerrar las heridas que el paso del tiempo les dejó.

Marcela Campos Rojas al igual que Patricio Manzano eran estudiantes en la Universidad de Chile en 1985, en plena dictadura. En ese momento, el gobierno había declarado estado de sitio y se había anulado el derecho a reunirse. Como consecuencia, los trabajos voluntarios que realizaba la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, FECh, fueron prohibidos.

Sin embargo, la FECh al enterarse que a la Universidad Católica de Chile sí se le permitía realizar estas actividades, decidió organizar una salida de campo para hacer trabajos voluntarios. “Aceptar la prohibición hubiese sido como aceptar la dictadura”, comenta Marcela.

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Foto: Lanzamiento del libro Universidad de Chile

Este hecho no pasó desapercibido y el 7 de febrero de 1985, un grupo especial de Carabineros detuvo a los estudiantes que se encontraban en varias localidades rurales, en donde realizaban labores sociales. “Los Carabineros pensaban que éramos una escuela de guerrilleros, así que fueron muy violentos y represivos al momento de detenernos”, recuerda Marcela.

Posteriormente, fueron trasladados a un centro de detención, en donde hombres y mujeres fueron separados. Ahí, las mujeres pidieron tomar agua y como respuesta fueron encerradas. Los hombres al escuchar los ruidos, se preocuparon por el estado de sus compañeras. Sin embargo, ellas empezaron a cantar la canción del grupo Quilapayun, La Muralla.

Para hacer esta muralla
Tráiganme todas las manos
Tráiganme todas las manos
Los negros, sus manos negras
Los blancos, sus blancas manos

Al escuchar este mensaje de aliento los hombres se tranquilizaron y continuaron con la canción.

Una muralla que vaya
Desde la playa hasta el monte
Desde la playa hasta el monte
Desde el monte hasta la playa
Allá sobre el horizonte

Este acto de resistencia finalizó cuando apareció un oficial con un bate de béisbol y desató la represión.

Las mujeres fueron desnudadas, manoseadas y torturadas. Mientras que los hombres fueron llevados a una Escuela de Formación de Fuerzas Especiales, que se encontraba junto al Centro de Detención. Ahí estuvieron más de tres horas realizando trabajos forzados, expuestos al sol y sin acceso a agua. “Las condiciones eran terribles, sin embargo Leonardo Urrutia, estudiante de Medicina, se dió cuenta que Patricio era el que peor estaba y solicitó atención médica”, comenta Marcela.

La atención médica fue negada y como consecuencia Patricio sufrió dos paros cardíacos. Al llegar la ambulancia Leonardo solicitó acompañar a Patricio, así fuera esposado, pues el masaje de resucitación, aplicado por él,  era lo único que mantenía con vida al joven.

A Leonardo no se le permitió acompañar a Patricio, quien no resistió sin la atención médica necesaria y murió a pocos minutos de subir a la ambulancia. Sus compañeros fueron liberados, después de tres días de tortura y lograron asistir al funeral de su amigo.

Tanto para Marcela como para sus compañeros y para la familia de Patricio, no hay ninguna duda de que el Estado fue el responsable de la muerte del estudiante,  pues su defunción fue el resultado de la tortura a la que el estudiante fue expuesto y a la deliberada privación de atención médica. “Patricio era un chico atletico, sin vicios, sano y sin ninguna condición física previa que produjera el paro cardiaco”, finaliza Marcela.

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Foto: Lanzamiento del libro Universidad de Chile

El por qué de Sueños de Victoria

Fueron tres las razones que llevaron a Marcela Campos a escribir Sueños de Victoria. La primera,  la sucesiva muerte de sus compañeros de universidad. “Cuando se suicidó el líder de la FECh, Antonio Román, me dolió mucho y me empecé a preguntar qué pasa con todas las historias que estas personas tienen por contar”, narra Marcela.

Además, Marcela comenta que Patricio Manzano no era un líder estudiantil por lo que es importante que se conozca su historia. “En Chile, las personas suelen pensar que los líderes estudiantiles, aquellos que tenían una configuración política, eran los asesinados o desaparecidos y no es así, ejemplo de eso, el caso de Patricio”.

Por último, en 2011 el Movimiento Estudiantil Chileno consigue un poder de movilización muy importante, en el que se recrimina a la generación del 80, ya que consideran que no llegaron hasta el final con el proceso democrático, lo que conllevó a una serie de problemas en el ámbito de la educación.

Marcela reconoce que la demanda es totalmente aceptable y legítima. No obstante, considera que no se está tomando en cuenta el contexto histórico y las inmensas dificultades que la FECh y los estudiantes de esa generación tuvieron que enfrentar. Finalmente, esta serie de situaciones llevaron a Marcela a escribir Sueños de Victoria, un libro que se convertiría en un acto de reparación.

El proceso para escribirlo fue muy complicado, tuve que dejar mi carrera, lo que no  solo significó un costo económico, sino un costo emocional”. Además, el peso y la complejidad de los testimonios, en los que no sólo participaron los exestudiantes, sino varios campesinos,  testigos de la detención, fue una carga muy pesada para la escritora. “Logré recolectar 100 testimonios y ninguno fue fácil, de hecho necesité apoyo psicológico”, recuerda Marcela.

Para ella la muerte de Patricio era una herida abierta y Sueños de Victoria fue  su manera de afrontarla, pues la muerte del joven no sólo afectó a sus familiares, sino a toda una generación.

Sueños de Victoria es un acto de reparación. Sin embargo, Marcela comenta que el libro fue escrito para los jóvenes y es por eso que es tan importante que lo lean, pues al hacerlo cierran el ciclo de reparación, ya que sacan a la memoria del silencio.

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Marcela Campos, del colectivo “Patricio Manzano” y autora del libro “Sueños de Victoria” hablando sobre la situación de estudiantes.

Mujeres Contando.: ¿Cuánto duró la detención?

Marcela Campos.: Duró tres días. El objetivo era relegarnos, esta técnica consistía en obligar a una persona a dejar su casa, subir a un bus e ir a un lugar designado por el Estado. Era como un exilo interno. Solían hacer eso con los universitarios, sin embargo desistieron por la muerte de Patricio.

M.C.: ¿Por qué la muerte de Patricio pasó desapercibida?

M.C.: Aunque éramos 179 personas detenidas, el hecho pasó por alto algunas razones. Primero, a los pocos días que fuimos liberados ocurrió el terremoto del 3 de marzo de 1985. Segundo, el Festival de Viña de Mar se había llevado acabo apenas unos días antes. Estos dos hechos anularon el interés noticioso por la detención. Por otro lado, cuando nos estábamos recuperando de la detención y de la muerte de Patricio, empezó una ola represiva. Por ejemplo, son secuestrados los profesionales, además,  los hermanos Vergara Toledo y la estudiante Paulina Aguirre fueron asesinados. Estos casos fueron muy polémicos, mientras que el caso de Patricio presentaba dudas porque el Estado hizo creer que él tenía una enfermedad previa de la que no quiso informar. Patricio no tenía ninguna enfermedad cardiaca, eso fue investigado luego.

M.C.: ¿Cómo ha reaccionado Chile ante el fenómeno de la desaparición?

M.C.: Yo diría desde la perspectiva ciudadana que Chile se ha hecho cargo de una manera cautelosa. Es decir, si bien tiene una política de reparación, hay muchos casos que han tenido que acudir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos porque la justicia chilena no se hizo cargo. Por otro lado, si bien los ejecutores de la Dictadura se encuentran en cárceles, estas son bastante lujosas y cómodas. Además, reciben pensiones millonarias por estrés postraumático, mientras las víctimas reciben pensiones exiguas. Es como darles un premio, estamos hablando de 2 a 3 millones de pesos por haber asesinado y desaparecido gente, mientras las familias de los desaparecidos obtienen una compensación que no llega al sueldo mínimo. A eso hay que sumarle que no se quiere realizar una difusión de la memoria histórica. Es decir, no se quiere comunicar a las nuevas generaciones lo que sucedió. Todos los esfuerzos se direccionan a que las nuevas generaciones no conozcan la verdad, por lo que no hay la reparación simbólica que se necesita. Con todo esto, se sigue  dañado a la víctima y a sus familias, además de dañar la formación ética de la ciudadanía

M.C.: ¿Cómo fue recibido el libro en Chile?

M.C.: La editorial hizo un lanzamiento de 500 ejemplares, de los cuales no queda ninguno, pero esos ejemplares los compró mi generación. En agosto se sacó  una segunda edición con el objetivo de que los jóvenes lo lean porque fue escrita para ellos.

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