Cuando ocurre una desaparición no sólo se pierde el rastro de una vida. Poco a poco la de sus familiares también va desapareciendo tras la de víctima. No importa cuántos proyectos tenían, si trabajaban, si estaban preparados económicamente o no. Lo que importa es encontrar a su familiar, y en esa búsqueda, su vida cambia radicalmente, atrás quedan trabajo, proyectos y empiezan otros. Mujeres Contando habló con Graciela Pérez, madre de Milynali, desde Taumalipas, México, sobre el antes y después de la desaparición forzada.

Por Emilia Lasso y Luis Rengifo

A su vida antes de la desaparición de su única hija ella le llama “mi otra vida. Era licenciada en Comunicación, trabajaba, hacía consultorías, daba clases de inglés…era una etapa feliz”, recuerda Graciela al borde de un llanto que no deja salir. “Teníamos proyectos de vida, pero cuando ocurre una desaparición eso te trunca”.

Milynali cursaba la secundaria, tenía 13 años y ya sabía qué quería ser de grande. Pensaba estudiar medicina y especializarse en pediatría. También quería ser chef y abrir su propio restaurante. Pero hace más de cinco años desapareció, junto a sus tres primos y su tío.

Los sueños de esta joven que mira fijamente a través de una fotografía pegada en un poste, carretera o pared se cortaron y con ello la lucha de su mamá empezó, pero su vida también quedó suspendida en un recuerdo.

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Inicios de la búsqueda de la familia de Graciela Pérez en 2012. Mantas ubicadas en la Zona sur de Tamaulipas (municipio de Xicoténcatl).

Cuando Graciela perdió contacto con su hija, lo primero que hizo fue buscarla en hospitales y hablar con policías de tránsito.  Al no encontrarla, acudió a las autoridades que le dijeron que tenía que esperar 72 horas, pues podía regresar. Pero eso no ocurrió. Nueve días después denunció la desaparición.

Muy pronto se dio cuenta que las autoridades nada iban a hacer para ayudarla. Pero ella no espera nada del Estado, al que describe como impávido y poco humano. “Fui criticada por las mismas familias, que me decían que yo estaba haciendo el trabajo del Gobierno. Pero es el amor el que te hace buscarlos, si ves que no están haciendo nada por ellos”, dice Graciela con una firme determinación.

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Toma de muestras de ADNCiudadano en CDMX a madres de la Caravana Migrante.

Ella misma lidera la búsqueda de su hija y la de otras familias, pues está convencida que “buscando a otros seguramente encontraremos a los nuestros”. Graciela es integrante fundadora de Ciencia Forense Ciudadana, una organización dirigida por familiares de desaparecidos que trabajan por el derecho a la verdad en México.

Esta organización creó un Biobanco Nacional en el que reposan las muestras de ADN de familiares de desaparecidos. Cuando una persona registra a su familiar, Ciencia Forense Ciudadana, le envía un kit con el que podrá tomar una muestra de su material genético. Posteriormente, se le asigna un Número Único de Registro (NUR), con el que podrá dar un seguimiento al caso. Actualmente, 900 familias se benefician con esta iniciativa.

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Con familias del estado de Tamaulipas y de Nuevo Leon para exhumaciones de fosas comunes en Reynosa Tamaulipas.

Uno de los formularios que los integrantes deben llenar para registrar a su familiar, es en el que se precisa el costo económico de la desaparición. Es decir, cuánto dinero han gastado o han dejado de obtener por buscar a su familiar.

Graciela sabe muy bien que la vida de su hija no tiene precio, ni la de ninguna de las personas desaparecidas, pero cree que es importante cuantificar la búsqueda, llamar la atención del Estado de otra forma y hacer visible eso que nadie quiere. “Si el Estado se da cuenta también del daño cuantitativo que han sufrido las familias, nos tomarán en cuenta, porque la calidad humana… les vale un carajo”, indica con el dolor profundo que la lleva cada día tras la búsqueda, la indagación y el examen minucioso de las muestras de ADN que llegan o que ella misma trae, después del consentimiento informado y de la búsqueda en campo a Ciencia Forense Ciudadana, institución que no recibe ningún tipo de financiamiento, los costos operativos son asumidos por voluntarios y  por las asociaciones de la que cada familia es parte.

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Volanteo de fotografías de nuestros desaparecidos en Tamaulipas. El último domingo del mes instalan un modulo en las carreteras de Tamaulipas (lo han puesto de Cd Mante- Limon- Barretal-Padilla), además hacen el registro nacional ciudadano de personas desaparecidas y toma de muestras de ADN.

Uno de los problemas a los que se enfrentan las familias de personas desaparecidas es a los intentos de búsqueda fallida del Estado mexicano que son independientes y poco coordinados. “Esto provoca un desgaste tanto para ellos como para nosotros. Las voluntades deben ser en conjunto”, manifiesta Graciela mientras su trabajo se enfoca en reconstruir las huellas de quienes ya no están físicamente, pero permanecen intactos en la memoria y en las nuevas vidas de sus familiares.

Desaparición sin verdad ni justicia

El 14 de agosto del 2012, Milynali desapareció junto a su tío y tres primos en la ciudad de Mante, Tamaulipas. La familia estaba regresando a San Luis Potosí de un rápido viaje a Estados Unidos. El último contacto que Graciela tuvo con su hija fue a las 20 horas con 30 minutos, de ese martes que la marcó y transformó su vida para siempre.

Las pistas de la vida de su hija persistieron hasta el año 2014, pero desde entonces no han sabido nada. Una de las razones es porque la Procuraduría mexicana, en el Estado de Taumalipas, clasificó el caso como de larga data. Es decir, que lleva años y por lo tanto pasa a engrosar la lista y expedientes de los que ya no se buscan y las autoridades incluso declinan informar sobre las desapariciones a sus familiares.

“A esos casos siempre los están dejando de lado”, dice Graciela con la impotencia que ella transforma cada día en la búsqueda de Milynali y la de cientos de vidas que respiran en los datos de ADN, que el colectivo Ciencia Forense recupera con el propósito de encontrar a sus hijos e hijas “a como dé lugar”, aunque la justicia no llegue pues lo que quieren es a sus seres queridos de vuelta en casa y luego se verá la justicia porque “reparación del daño nunca vamos a tener”.

Conciente de las limitaciones de Estado en la búsqueda de personas desaparecidas Graciela sigue trabajando día a día y sin descanso. Su lucha y el trabajo sin descanso la hicieron merecedora de la nominación al Premio Tulipán de Derechos Humanos que se entregará el próximo 10 de diciembre, día de los Derechos Humanos.

Hallazgos

Notas de interés

Graciela Pérez busca a su hija desaparecida en Taumalipas

Milynali Red CFC