Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC-EP, celebraron su aniversario número 53, el último como grupo armado, el pasado 27 de mayo. Como cada año la organziación conmemoró su fecha, pero esta vez con eventos políticos y culturales en las zonas de concentración y en Bogotá. La periodista Nubia Rojas estuvo en el encuentro que se dio en pleno centro de Bogotá.

Por Nubia Rojas*

Olía fuertemente a  citronela, un repelente natural antimosquitos, aunque el aniversario número 53 de las FARC no estaba celebrándose en la selva, sino, por primera vez, en pleno centro de Bogotá, a pocos metros de las oficinas de los poderes públicos y muy cerca de la avenida principal que atraviesa la ciudad de norte a sur. Pero esa no fue la única paradoja: la guerrilla más vieja del mundo, autodeclarada comunista y anticapitalista, reunió durante su último cumpleaños como grupo armado a cerca de 200 personas, entre periodistas colombianos e internacionales, simpatizantes y miembros, amigos, familiares, y hasta escoltas de incógnito, en las antiguas bóvedas de seguridad del Banco de la República, custodio de la economía colombiana y una de las instituciones más emblemáticas del Estado contra el que ese grupo guerrillero se confrontó militarmente durante cinco décadas.

Hasta hace pocos años, las FARC conmemoraban su cumpleaños cada 27 de mayo con demostraciones de fuerza y acciones militares como secuestros masivos, tomas de poblaciones y hostigamientos que, en varias ocasiones, se cobraron la vida de civiles y militares y que aún están frescos en la memoria de los colombianos. Llamó la atención que durante la celebración en Bogotá la guerrilla solo interpretó el himno de su organización, pero no el de Colombia, aunque así lo indicaba el programa; y que la dirigencia salió a reunirse en un lugar privado, una vez finalizada la rueda de prensa con la que inició. Solo Seusis Pausivas Hernández, alias “Jesús Santrich”, se quedó a compartir la celebración con los guerrilleros rasos y demás invitados.

tortaAunque las arengas fueron la constante, el discurso de los miembros más destacados  de las FARC pasó del antiguo tono incendiario, desafiante y violento a uno pacífico y conciliador: “La celebración de este aniversario es un momento histórico porque representa el fin de una larga época y el inicio de otra. Estamos felices porque nos sentimos acompañados por el pueblo colombiano en este camino hacia la paz”, dijo Jesús Emilio Carvajalino, alias “Andrés París”. Por su parte Ricardo Téllez, alias “Rodrigo Granda”, añadió que consideraba que la Fuerza Pública también podía estar de fiesta, puesto que por primera vez no iba a tener que desplegar a sus efectivos para repeler a la guerrilla durante las conmemoraciones de su fundación.

La crisis de la paz

Las FARC iniciaron a finales de 2012 un proceso de negociaciones de paz con el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, con el objetivo de poner fin al conflicto armado e iniciar la construcción de una “paz estable y duradera”. Así mismo, han pasado seis meses desde que las partes declararon un cese bilateral y definitivo al fuego, una medida de desescalamiento que se ha cumplido casi en su totalidad y que no ha dejado “ni un solo muerto, ni un solo herido, ni un solo incidente”, como destacaba Santos en una alocución televisada el lunes en la noche.

Sin embargo, otros grupos armados que han demostrado gran capacidad de hacer daño, como los grupos neoparamilitares y las guerrillas activas del ELN y el EPL, se han propuesto ocupar los territorios de los que el grupo insurgente se ha retirado. Estos grupos, así como un sector disidente de las FARC que decidió no acogerse al proceso de paz ni reconocer la autoridad de su Secretariado General, se han convertido en factores de desestabilización.

El proceso de paz ha tenido altibajos y momentos de crisis: uno de ellos, el 2 de octubre de 2016, cuando se llevó a cabo un plebiscito que pretendía ser la medida de ratificación del apoyo ciudadano. Para sorpresa de las partes, que se confiaron quizás excesivamente en que los colombianos respaldaban las negociaciones y subestimaron a las voces apáticas o en contra, la votación estuvo marcada por un abstencionismo del 62%. La mayoría del escaso 38% que sí votó, desaprobó los acuerdos de paz con la guerrilla.

Imágenes de cartón
Durante el evento, que incluyó la presentación de un grupo de hip-hop y otro de salsa conformados por excombatientes, permanecieron las figuras de cartón de dos de sus fundadores (en el centro) Pedro Antonio Marín, alias “Manuel Marulanda Vélez”, y Luis Alberto Morantes, alias “Jacobo Arenas”. A la izquierda, Guillermo León Sáenz, alias “Alfonso Cano” y, en el extremo derecho, Jorge Briceño, alias “el Mono Jojoy”, todos fallecidos.

El resultado del plebiscito inundó el ambiente de un aparente desánimo y desinfló el entusiasmo e interés de los colombianos, hasta el punto de que hay quienes recientemente se han preguntado dónde están las personas y movimientos que dijeron apoyar el acuerdo de paz irrestrictamente. Actualmente, el proceso atraviesa otro momento crítico por cuenta de una reciente decisión de la Corte Constitucional tras una demanda presentada por el Centro Democrático, partido político de derecha fundado por el expresidente y actual senador Álvaro Uribe Vélez, el más acérrimo opositor al proceso de paz, en virtud de la cual los miembros del Congreso podrán proponer cambios, sin el aval del Gobierno, a los proyectos de ley o reformas constitucionales propuestos para acelerar la implementación de los acuerdos, algo que muchos, incluyendo a Humberto de la Calle, jefe negociador del Gobierno, califican como un “duro golpe” al proceso.

“Lo importante no es firmar el acuerdo, sino cumplirlo. La paz no es un asunto de leyes, sino de voluntad política”, dijo el jefe del equipo negociador de las FARC Luciano Marín, alias “Iván Márquez” durante la rueda de prensa con la que inició el acto de conmemoración.  Según Marín, la decisión de la Corte “es una amenaza muy seria para el proceso de paz porque sería una desgracia que, por la misma vía, se afectara la amnistía para los excombatientes”, que ya fue aprobada por el Congreso, y que beneficia a los guerrilleros rasos que no hayan cometido delitos atroces. El dirigente guerrillero añadió que, “si el proceso de paz está en riesgo, le corresponde al Presidente Santos tomar las riendas de la paz y asumir las facultades de las que lo dota la Constitución” para implementar los acuerdos sin contar con el aval de los parlamentarios.

Aunque Santos contaba con la misma potestad constitucional para aprobar el acuerdo de paz sin necesidad de consultar a los ciudadanos sobre el tema, se abstuvo de hacer uso de esos poderes en un intento de dotar de legitimidad al proceso y para que no se interpretara que pasaba por encima de la voluntad popular, pero no previó que el resultado podría ser el contrario del que se proponía. Aún está por verse si, ante la decisión de la Corte Constitucional, Santos se ratifica en esa posición o decide hacer uso de las facultades que tiene para seguir adelante con la implementación de los acuerdos, que ha tenido que enfrentar varios obstáculos en el camino.

hilera
Algunos de los asistentes al aniversario número 53 de las FARC en el centro de Bogotá observaban el festejo, pero no participaban en él.  Fotos: Nubia Rojas.

Reagendar la dejación de armas

De conformidad con lo acordado entre las partes, a fecha 31 de mayo de 2017 las FARC debían haber entregado la totalidad de su armamento. Sin embargo, tanto el grupo guerrillero como las Naciones Unidas manifestaron que los múltiples obstáculos enfrentados durante el proceso de implementación han retrasado el calendario propuesto, así como la adecuación de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN) en las que se concentran actualmente los insurgentes.

Félix Muñoz, alias “Pastor Alape”, afirmó que la dejación absoluta de las armas para la fecha convenida era imposible, “no por incumplimiento de las partes, sino por las propias particularidades del proceso”. Las FARC propusieron al Gobierno la posibilidad de reagendarla para que todas las partes pudieran cumplir con aquello a lo que se comprometieron. Finalmente, el lunes en la noche el Presidente Santos anunció que su gobierno, las FARC y la ONU se habían reunido y decidido conjuntamente ampliar por 20 días más la entrega de las armas y por 60 días adicionales la vigencia de las ZVTN. “Si nos demoramos más, no va a ser problemático ni catastrófico. Lo que Colombia debe saber es que nuestra marcha hacia la paz y la reconciliación es irreversible”, había dicho el sábado Luciano Marín, alias “Iván Márquez”.

La participación política de las FARC y el período electoral

El 27 de mayo de 2018, justo en la fecha en la que las FARC celebrarán su aniversario número 54, el primero como grupo político y sin armas, habrá elecciones presidenciales en Colombia. La paz es, sin duda, el tema principal de este período precampaña y los virtuales candidatos y sus partidos políticos, entre ellos, el jefe negociador del Gobierno Humberto de la Calle, empiezan a perfilarse. Por ejemplo. el partido derechista Centro Democrático ha afirmado públicamente que, de ganar las elecciones, “hará trizas” el acuerdo de paz.

Alias “Iván Márquez” dijo que el hecho de que la implementación del acuerdo de paz coincida con el período electoral “marca un afán y la paz no se puede hacer con afanes”. Lo cierto es que, con afán o sin él, las FARC deberán ir perfilándose, también, como movimiento político y, para ello, deberán elegir una identidad, un contenido programático, una estrategia y una política de alianzas que, según dijeron, serán los temas más relevantes de su próximo congreso, que se llevará a cabo en el mes de agosto de este año.

Según Ricardo Téllez, alias “Rodrigo Granda”, y Félix Muñoz, alias “Pastor Alape”, uno de los principales retos y preocupaciones del grupo guerrillero es cómo convencer a las mayorías de que las respalden con su voto, sobre todo, teniendo en cuenta el altísimo índice de abstención electoral del país, que supera el 60%. “Lo haremos a través de nuestro trabajo, construyendo propuestas con la gente”, dijo Téllez. Sin embargo, será necesario mucho más que eso, teniendo en cuenta que la guerrilla genera un profundo rechazo por su accionar violento, especialmente, en las zonas urbanas del país y en las poblaciones rurales que no son de su influencia o que se vieron más afectadas por su ofensiva militar.

*****

guerrillera
Alias “Yuli” entró a la guerrilla a la edad de 15 años, según ella, de manera voluntaria y por convicción política. Permaneció en ese grupo armado durante 7 años. Ahora, con 22, está en proceso de reintegración y estudia para convertirse en secretaria ejecutiva. Desea continuar vinculada a las FARC, ya como grupo político,  vivir tranquila y recuperar a su familia.

Contra una de las paredes del recinto en el que se celebró el aniversario de las FARC se encontraban sentados en hilera varios guerrilleros, el gesto aburrido en sus rostros campesinos, mientras enfrente de ellos tocaban animados un grupo de salsa y uno de hip-hop compuestos por excombatientes. Muy pocas personas bailaban. En un extremo de la hilera estaba una jovencísima guerrillera, con más vida de la que parecía caberle a sus 22 años, vestida de blanco impoluto de los pies a la cabeza; con la cabellera negra y lisa, como de india, coronada por una boina con el rostro del Che Guevara que lucía con evidente orgullo.

“Nuestras celebraciones de aniversario eran muy diferentes”, dijo. “Esta es la primera vez que venimos a Bogotá y estamos en un evento con civiles y periodistas. Siempre hacíamos asados, estábamos juntos, hacíamos actividades de integración cultural y deportiva, nos echábamos nuestra bailadita y todo. Era muy divertido el ambiente entre nosotros, era algo inigualable”.

La mayoría parecían incómodos, esquivaban las cámaras con más o menos disimulo, miraban con desconfianza y recelo a los periodistas y a los desconocidos. Apenas hablaban entre ellos. Es evidente que aún deben acoplarse a su nueva vida sin armas, sin uniformes, sin sentir el respaldo del compañero ni el peso de las botas en los pies. “El proceso de volver a la vida civil es muy difícil”, dijo la guerrillera con lágrimas en los ojos al recordar algo que para ella fue traumático: entregar el arma y del uniforme, elementos importantísimos en la identidad de un guerrillero, según se desprende de sus palabras. Por eso conserva la boina, que luce en su casa, en eventos de la organización o en ambientes privados. “Pero confío en mis jefes -continuó- y en que, si ellos han llevado adelante este proceso de paz hasta donde está, es porque están claras las cosas. Creo que Colombia tiene que mejorar. Nosotros también somos pobres y campesinos y la situación debe cambiar”.

El olor a citronela resultó ser, simplemente, un líquido de limpieza. Sin embargo, dicen los que saben que esa planta tiene entre sus propiedades la de aliviar el nerviosismo. Quizá pueda ser útil, justo en este momento.

*Periodista y consultora independiente.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en el blog “Yo vivo de preguntar”.