El enfoque del parto cambió drásticamente. Del origen natural a la medicalización, los conflictos, tensiones entre saberes y las situaciones de violencia para las mujeres y sus bebés se hicieron visibles. Es necesario conocer las raíces de la crítica, volver a la historia y encontrar el principio del problema. La desnaturalización del acto reproductivo y el desconocimiento de unos y otros saberes son parte de la discusión que hoy enfrentan al parto humanizado y el parto medicalizado. Mujeres Contando abordó sin rodeos el fenómeno con parteras, doulas, academia y representantes del sector salud de Argentina, Colombia y Ecuador.

Por Luis Alberto Rengifo*

El mes de mayo resulta muy atractivo si recordamos fechas que, un poco rezagadas en el calendario festivo, representan un aporte significativo en la lucha por los derechos de la mujer. Todas ellas asociadas a la valoración y humanización del parto que despertó gran interés en la opinión pública. Para empezar, el 5 de mayo celebramos el Día Internacional de la Partera, que reconoce el duro trabajo de las matronas, el sacrificio al servicio de la mujer y la importancia del respeto a la cultura ancestral y tradicional.

Del 14 al 20 de mayo, se realiza la Semana Internacional de Parto Respetado, un aporte muy significativo que  toma como directriz, la necesidad de escuchar a la mujer en el proceso del embarazo y el parto. El lema de este año tuvo como base el respeto a las 40 semanas de gestación. El 30, se conmemora el Día Internacional de las Doulas, cuya labor, de raigambre histórica, se conserva en el mundo, a través de varias mujeres voluntarias que acompañan el proceso del embarazo y del  parto.

Un repaso a la historia

A finales del siglo XVIII, con el desarrollo de la ciencia biomédica, el parto se incorporó a los nuevos modelos mecanicistas de la salud y la enfermedad. Los hospitales se transformaron en estructuras disciplinarias de poder, gracias al desarrollo de la medicina hospitalaria, que pretendía dotar a la institución de una función terapéutica. Michel Foucault menciona que durante esta época, las condiciones de las instalaciones hospitalarias pasaron a formar parte de los estudios médicos que buscaban corregir los efectos patológicos del ambiente. En esta etapa se inicia  lo que se considera la medicalización del parto. Un modelo que se estandarizó en la sociedad por varios siglos.

Para Arnau Sánchez, la década de los 80 dio un giro retrospectivo cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS)  instó a revisar el modelo biomédico de atención a la gestación, al parto y al nacimiento. Consideraba que la práctica médica, al prescindir de las necesidades y deseos de las mujeres, incurre inevitablemente en violencia de género. Los movimientos sociales feministas reclamaron un nuevo modelo de atención perinatal diferente a las directrices del modelo médico hegemónico. Lo que se pretendía, en el marco de la crítica, era generar un modelo holístico en el que se tomarán en cuenta los factores psicológicos, espirituales, sociales de la mujer gestante y ciertos aspectos determinantes como el estado emocional, los valores, las creencias y la autonomía de la madre durante el parto.

La búsqueda de un cambio de mentalidad no sólo se dirigía hacia los profesionales de la salud y el cuidado, sino también a la mujer gestante y su pareja. No se debe cuestionar por completo el modelo biomédico, el verdadero reto consiste en complementar los saberes para perfeccionar la práctica asistencial que se le ofrece a la mujer en el proceso reproductivo.

En el nuevo modelo de parto, la asistencia proviene de varios actores que desde sus aprendizajes, creencias y  valores buscan realizar  un parto adecuado acomodado a las nuevas necesidades y exigencias de la mujer gestante.

Para un parto humanizado, respetado y libre es necesaria la unión de médicos, parteras,  doulas y enfermeras. Es muy importante romper los factores que los disocian.  Entender el nuevo concepto de parto humanizado o respetado implica seguir de cerca las diferentes perspectivas de los acompañantes en el proceso reproductivo de una mujer.

Testimonio crítico del parto

17022069_10210296156097451_7425623709809246395_nVanina Mariel Cortijo es una mujer que cuestiona los altos estándares de violencia obstétrica en Argentina. Para ella los problemas más grandes que afronta una mujer en el proceso de parto son la violencia obstétrica y la violencia institucional, aun cuando ya existe una ley de parto respetado en su país. “Se debe conocer que Argentina es uno de los países en donde no se cumple con las reglamentaciones o resoluciones en cuanto a la medicalización del parto, casi el 90% de los partos se tratan de forma patológica. En las instituciones llamadas hegemónicas, hay una alta tasa de cesáreas y de episiotomía”.

Vanina cree que el miedo psicológico producido por los profesionales de la salud es la principal causa para experimentar un parto doloroso y por lo tanto no placentero. Dice,  además, que la intervención médica injustificada ha hecho común la depresión post parto. La mayoría de los médicos no permiten la decisión de la mujer en la posición de parto,  la ponen en una camilla en contra de su voluntad. “La medicina no sólo no espera 40 semanas, sino que no espera ni seis horas. No espera absolutamente nada. Hacen rupturas de bolsa, inducciones, goteos y todas esas prácticas médicas que lo que hacen es inhibir a la mujer y, a sus saberes y, justamente por eso no pueden parir solas”.

Vanina, no dejó que la violencia obstétrica la alcanzara, su primer parto lo realizó en agua, ubicando su cuerpo en una posición cómoda, además recuerda que lo realizó sin el uso de anestesia epidural.  Vanina Mariel Cortijo representa a la mujer empoderada, dueña de su propio proceso de gestación.

La competencia cultural de las parteras

Liceth Quiñones, forma parte de la Red de Parteras del Pacífico colombiano. Su conocimiento lo heredó desde muy pequeña. A la edad de diez años presenció el nacimiento de una niña y a los 12 realizó su primer parto sin la compañía de su madre, Rosmilda Quiñones, una reconocida partera de Buenaventura que preserva el oficio y arte de la partería.

Para Liceth, el oficio de partera se obtiene a través de las  acciones cotidianas. “Se aprende al acompañar a la partera mayor. Se aprende estando en el territorio, en la cocina, al sembrar la planta y la placenta. En cada orientación que una persona le hace  a una mujer cuando está en su consulta”. Liceth estudió enfermería por un tiempo, sin embargo, decidió concluir sus estudios en compañía de las parteras rurales del Pacífico y viajando por varios países, entre ellos Brasil y México.

Para Liceth, a más del fortalecimiento en la práctica de la partería, es indispensable la organización, “una partería de vivencia política, social y cultural es  la que estamos promoviendo, porque gracias a ella hemos obtenido un lugar en el patrimonio cultural del país”. Las parteras deben velar por el servicio a la comunidad,  se debe empezar a sensibilizar y educar en lugar de discutir con las instituciones reguladoras. Ella considera que el reconocimiento como patrimonio representa lo tangible en un papel,  el verdadero valor es el esfuerzo de las parteras, su organización, apoyo y lucha en cinco largos años de cimentación.

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Foto: Helda Martínez

Es muy importante obtener la articulación  interinstitucional, “hay que sensibilizar al sistema, a la academia para que sea un proceso compartido”. Liceth afirma que la investigación y documentación debe ser constante en las aprendices de partería, además, es importante que cada departamento fortalezca sus propias sistemas tradicionales de atención.  Además, ella afirma que el parto humanizado debe ser compartido y acompañado.

“Es la labor que debe aprender toda partera, el parto respetado es aquel que a través de políticas públicas permite sensibilizar el proceso”. El servicio de esta Red de Parteras se extendió por todo el territorio pese a las dificultades y a la violencia que se vive en esta zona de Colombia .

Las parteras del Pacífico aun siendo agentes de paz, experimentan la violencia que se vive en los sectores marginales, donde el conflicto armado colombiano hizo y hace presencia por más de 50 años. Su labor, sin embargo, es indispensable, ya que ofrecen un servicio abierto y gratuito a toda la comunidad, sin exclusión alguna.

Lourdes Rojano, también conocida  como mamá Lourdes, es una partera muy famosa en la ciudad de Quito. Su casa, ubicada en el sector sur, deja entrever una gran riqueza cultural. El cuarto de atención médica, es un lugar acogedor que contiene los insumos médicos y tradicionales necesarios para una correcta atención materna. Junto a la habitación está la sala medicinal, en cuyo interior, hallamos una rica variedad de plantas curativas, estampas y figuras de la religiosidad popular de gran significación.

Lourdes nació en 1959 en el Sector de Píllaro, provincia de Tungurahua. Desde muy pequeña heredó el conocimiento de su abuela y a la edad de 12 años  acompañó su primer parto.

“Dar a luz es un acto hermoso,  recibir al niño no sólo es un don de Dios, sino una bendición de la naturaleza”. Un parto adecuado y respetado, es aquel en donde, el acompañamiento a la mujer es permanente. Lourdes se considera a sí misma una mamá. “Antes del parto, le hago un seguimiento para que el bebé nazca bien sanito y la alimentación de la madre debe ser adecuada”. Su experiencia le permite responder a las  inquietudes de sus pacientes y actuar con premura cuando el proceso de embarazo sufre alguna complicación.

Sin embargo, su larga carrera se ha visto afectada por varios factores, uno de ellos, es el poco reconocimiento que se le ha otorgado a su profesión. Con gran esfuerzo, logró que su labor fuera avalada por el Ministerio de Salud. Actualmente, Lourdes trabaja preparando a otras parteras, esperando que no se pierda la tradición. “Lo más importante en el parto, es el seguimiento y el amor maternal que se tiene a la mujer”.

Las doulas, acompañan

En el Ecuador, Savia Materna es una institución que  nació con la idea de crear un espacio de atención a mujeres de bajos recursos económicos, que necesitan un apoyo psico-emocional en su proceso de parto y post-parto.

Gabriela Alvear, responsable de proyectos de la organización, indica que el término es muy antiguo y que significa mujer que acompaña. Desde tiempos atrás, el parto representaba un acto reproductivo compartido entre mujeres. A diferencia de una partera, que trae al bebé al mundo,  la doula es la persona que sostiene y acompaña a la mujer en el proceso de parto. Su acompañamiento ha sido fundamental en la reducción de la mortalidad materna.  María Isabel Yánez inició con el proyecto hace algunos años. Hoy Savia Materna es una escuela de formación integral para mujeres, avalada por la Red Mundial de Doulas y el Instituto de Educación Superior.

Savia Materna

“El camino de la doula es un camino relativamente nuevo dentro de nuestro país” dice María Isabel mientras espera que cada vez más mujeres se formen integralmente para realizar esta tarea fundamental e històrica en todo el proceso del parto.

El proyecto sigue buscando  nuevos espacios de servicio. Su centro,  ubicado en la ciudad de Quito, permite atender a las mujeres y responder sus dudas sobre  lactancia o  sobre el mismo proceso de gestación. Actualmente, un grupo de doulas trabajan en conjunto con la Maternidad Luz Elena Arismendy en el sur. Para María Isabel, es importantísimo incorporar, esta nueva visión  a la educación de  las nuevas generaciones de médicos y enfermeras; además,  insiste en que las mujeres deben ser informadas correctamente, no se debe atentar contra su autonomía.

“Es importante que vayamos teniendo una conciencia diferente, porque esto implica un cambio de consciencia en la humanidad, conectarse con Savia Materna implica conectarse con su propia experiencia, la realidad del embarazo y la del parto. Es no dejar que las mujeres vivan solas el acto de procrear”. Para María Isabel, conocida como Maisa, la emocionalidad del ser humano se genera mientras se está en el vientre, el ser humano aprende de la mamá a manejar sus emociones.

Las profesionales de la salud…

En la academia, el concepto de parto humanizado no pasa desapercibido. En la Universidad Central del Ecuador, en la Carrera de Obstetricia  se imparten cátedras  de parto cultural y humanizado.  Mercy Rosero, obstetra de profesión, es docente de la Universidad y guía de los estudiantes en el aprendizaje del parto culturalmente adecuado, educación prenatal y terapias no farmacológicas en la disminución del dolor.  Mercy considera que “el parto no humanizado es aquel que pese a que comprende toda la tecnología necesaria, no atiende las esferas emocionales y psicológicas de la mujer, por lo tanto,  la madre se siente sola, frustrada y siente pesado el proceso de dilatación”.

MercyRoseroAdemás afirma que el parto es un evento ancestral instintivo, que requiere calor, semioscuridad, relajamiento de la paciente, privacidad y  comodidad. “En el parto funciona el sistema límbico, éste regula la sexualidad, el placer, el hambre, las emociones. El parto es un acto instintivo, la hipófisis es la que  regula el parto. Al funcionar de manera adecuada, secreta oxitocina. El tálamo e hipotálamo produce endorfina suficiente para que la mujer soporte las contracciones”.

Para ella, los hospitales, en su mayoría de tercer nivel,  no están diseñados para un parto humanizado. Sin embargo, en la atención primaria,  hay  unidades de corta instancia  diseñadas exclusivamente para ese tipo de parto. “El proceso se está optimizando y ya en muchos hospitales encontramos las condiciones adecuadas”.

Para el doctor  Freddy Vallejo, médico gineco-obstetra, un parto normal es considerado el parto céfalo vaginal, realizado entre la semana 37 y 40 de gestación. El doctor Vallejo, indica que un parto humanizado es aquel que brinda el apoyo emocional y genera las condiciones necesarias para que una mujer pueda realizar libremente el proceso de dar a luz, es decir hay que ponerse en la posición de la embarazada para ofrecerle el soporte ideal. Un parto humanizado para él también requiere un espacio óptimo en las clínicas y hospitales públicos. Sin embargo, esto se dificulta mucho en nuestro medio, en donde las instituciones no están preparadas”.

De manera enfática señala que en muchos centros de salud, la mujer gestante tiene que estar ubicada en cuartos compartidos, apenas separados por cortinas. “El acto reproductivo se transforma en un proceso rápido dominado por el pudor, inclusive muchas veces se restringe el acompañamiento de familiares”.

El debate en Ecuador

En el Ecuador, varios factores posibilitan el análisis de la importancia de un parto humanizado en el sistema de salud. Por un lado la razón de la mortalidad materna. El índice de mortalidad en 1990 fue de 154 por cada 100000 nacidos, en 2014 se redujo en un 68 %, siendo 49,6 por cada 100000. Las causas principales, retomadas en el Plan Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, son:

  • Hemorragias obstétricas 20%
  • Hipertensión inducida por el embarazo 20%
  • Infecciones (generalmente después del parto) 5%
  • Parto obstruido y otras causas directas 19%
  • Complicaciones de un aborto 6%
  • Causa no especificada 6%

Situación Partos Ecuador

Por otro lado,  la causa principal en la que se fundamenta la crítica, es el alto número de cesáreas en el sistema de salud. Según la Dirección Nacional de Hospitales, el porcentaje de cesáreas en los establecimientos de salud pública es de 37,9 %, en el año 2015 y 28 % en el 2017. La OMS, recomienda que se apliquen cesáreas en casos necesarios y que su porcentaje no exceda el 12 %.

El parto irrespetado pasó a ser una problemática, que ocupó el centro del debate político en marzo de 2016 en Ecuador.

La ex-presidenta de la Asamblea, Gabriela Rivadeneira, presentó un proyecto de ley  titulado “Proyecto de Ley Orgánica para la Atención Humanizada del Embarazo, Parto y Postparto” el cual proponía aspectos similares al proyecto de “Ley de práctica intercultural para el parto humanizado en el Sistema Nacional de Salud” propuesto por la ex-asambleísta Lourdes Tibán en 2009. Una iniciativa que fue archivada por la mayoría de la Asamblea.

El enfoque central del proyecto buscaba demostrar la incongruencia presente en la práctica obstétrica hospitalaria con “las recomendaciones de los expertos de la OMS (…) y con el nuevo diseño fisiológico instintivo cultural del nacimiento” (Oficio Nº023-AN-LTG). Gabriela Rivadeneira afirmó, en su debido tiempo, que la finalidad de la propuesta era evitar las complicaciones por cesáreas, operaciones quirúrgicas con riesgos adicionales como la anestesia, suturas y procesos de recuperación dolorosos.

La propuesta de Gabriela Rivadenira corrió la misma suerte, no fue aprobada y la discusión para lograr política pública no trascendió. Las mujeres esperan que el problema de salud pública relacionado con la violencia obstétrica en Ecuador tenga una mejor suerte, articule lo mejor de las dos propuestas anteriores y logre trascender las diferencias políticas, en esta nueva legislatura, que comenzó el pasado 24 de mayo.

Por otra parte, este año  un hecho de gran importancia movilizó a la agenda mediática. Las constantes denuncias a la clínica La Primavera, especializada en partos humanizados o respetados  fue el detonante que alarmó a las personas que empezaban a relacionarse con ésta nueva perspectiva de parto. Varias familias acusaron la negligencia médica, la falta de implementos y la incapacidad de la Clínica para atender emergencias desatadas en el proceso. Algunos testimonios fueron recogidos por Teleamazonas el pasado 22 de de mayo.

Diego Alarcón, director de la clínica,  justificó el hecho normalizando el índice de mortalidad. En el reportaje, el doctor menciona que toda práctica médica es susceptible de sufrir complicaciones. El ministerio de Salud, a través de la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitario (ARCSA), clausuró el área de parto y quirófano de la Clínica. Las familias buscan que se sancione la irresponsabilidad del centro en atender este tipo de parto sin la necesaria preparación, ni las condiciones adecuadas.

¿Es posible una conciliación?

La unión es la alternativa por la cual se debe optar,  un vehículo eficaz de resistencia contra la violencia estructural, que ha causado la invisibilización de las prácticas ancestrales interculturales, la desnaturalización del proceso humano del parto y la disgregación de los diferentes actores que, como acompañantes de la mujer gestante, buscan de forma consensuada el bien de la mujer y de bebé.

En Ecuador se vive un momento incierto y la unificación de saberes camina a pasos lentos. El reconocimiento a las parteras es muy bajo en comparación a otros países, como Colombia, en donde sus prácticas  han llegado a formar parte del patrimonio cultural. Las doulas, cuyo trabajo es relativamente nuevo en el contexto ecuatoriano,  están en los límites de un sistema que se niega a colaborar equitativamente. Los médicos se mantienen bajo la disyuntiva de aportar a la nueva línea de parto o mantenerse de forma indiferente realizando las prácticas usuales de atención y medicalización, es decir, bajo los protocolos estandarizados en los hospitales y clínicas. El poder legislativo no aprobó dos proyectos de ley que contribuyen  a mejorar la atención adecuada y respetada a las mujeres.

En la mayoría de países de América Latina la mercantilización de las prácticas humanas han devastado la posibilidad de normalizar y reglamentar la humanización del parto. Profesionales, en instituciones de salud,  usan  el distintivo de “humanizado” pero no incorporan los saberes ancestrales de las parteras y no preparan suficientemente a las doulas. En muchos casos se habla de humanización y respeto pero no existe la convicción ni  la preparación cognoscitiva o instrumental adecuada, de ahí las constantes complicaciones y casos de mortalidad.

El parto humanizado debe guiarse bajo la sabiduría de las mujeres, la responsabilidad y el servicio. La reducción significativa de la violencia física,  psicológica, simbólica, cultural e institucional hacia las mujeres depende de una conciencia real sobre el respeto a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

La práctica de un parto humanizado depende del trabajo colectivo entre saberes, políticas públicas adecuadas, el mejoramiento de las condiciones de los sistemas de salud y el acompañamiento, vigilancia y control al sistema público y privado.

El debate está abierto y la necesidad de retomar las prácticas humanizadas, respetadas y de conciliar los saberes en el parto siguen siendo el camino para eliminar la violencia obstétrica, una violencia de género más hacia las mujeres.

* Estudiante Carrera de Comunicación Pontificia Universidad Católica del Ecuador, PUCE.

Este reportaje contó con el apoyo de Carolina Herrera, Emilia Lasso, Antonella Rosero y Nelly Valbuena.

Aquí todo el programa de Mujeres Contando en Voz Alta, sábado 10 de junio dedicado al parto humanizado o respetado.

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