En este ‘día de las madres’, les tenemos a una mujer excepcional que eligió y vivió el parto humanizado, y que luego se metió de lleno en la lucha por los derechos de las mujeres. Una ‘rebelde por temperamento’, como se califica a sí misma, Vanina Mariel Cortijo es argentina, mujer, feminista, comunicadora social, conductora del programa radial ‘Viaje en Escoba’ y madre de tres hijos. Ella logró, a los 23 años, que su primer parto fuera respetado. Una práctica que mantuvo en el segundo y tercer embarazo, este último a pesar de haber sido una cesárea. Nicolás y Mayra, de 21 y 18, nacieron en partos acuáticos. Hoy no sólo lucha desde el feminismo activo por una vida libre de violencia para las mujeres, sino para que se reconozca que la violencia obstétrica es una violencia de género, patriarcal y machista.

Por  Nelly Valbuena y Antonella Rosero

Veintiún años después del nacimiento de su primer hijo, Vanina recuerda que su bebé “nació en un pujo y medio, o dos”. La primera vez lo intentó y no pudo. Entonces se relajó, descansó un rato y la esperaron. “Todo el cuerpo médico esperó. Yo les dije esperen que no pude”. Y es ahí donde ella destaca la necesidad de defender el valor del discurso de una mujer empoderada de sus derechos y del respeto que el equipo médico debe tener hacia ella. “Que se de el tiempo para pensar… Bueno, si esta mujer no puede, ¿qué le ocurre?

En ese lapso se concentró de nuevo, pujó… y su bebé nació. Mientras esto ocurría, la partera, que le había acompañado durante todo el proceso le dijo: “yo recién siento la panza dura”. Una confirmación más de que el parto es un momento de la mujer y que es ella quien debe controlarlo y disfrutarlo; las demás personas y profesionales que estén allí, deben estar para acompañarla, asistirla en caso de que se requiera y controlar que todo salga bien.

Lo que Vanina no sabía hasta ese instante es que su temperamento decidido la llevaría, años después, a definirse como feminista. Esa experiencia del parto, que ella señala como íntima y sexual, sería como el pasadizo crucial que le descubrió una ventana a los estudios sobre la mujer, el género, el feminismo y el parto humanizado.

18516291_10210952792352947_930629537_nPero antes de este gran paso, ella escuchó los mismos relatos sobre el parto de sus amigas y sobrinas. Todos le parecían horrorosos. “Yo las interpelaba, les decía ¿pero cómo no te quejaste?” Y ellas le contestaban como en un libreto aprendido: “No, igual cuando tienes el bebé en los brazos te pasa todo. Era un imaginario de horror y yo siempre decía que cuando estuviera embarazada eso no me iba a pasar. Y se me reían desafiándome. Me indicaban que eso les pasa a todas”.

Como Vanina no quería estar en ese grupo, cuando se embarazó empezó a buscar un médico que le acompañara de otra forma su proceso. En ese tránsito perdió cerca de cuatro meses de gestación sin encontrar uno que comprendiera que no quería ni sueros, ni que le aplicaran la epidural (anestesia que disminuye el dolor en la parte inferior del cuerpo y las sensaciones del parto), ni ningún tipo de intervención quirúrgica. Todos le decían que eso era imposible. Pero como ella estaba convencida que hay una biología de la mujer que señala que, si está preparada para gestar, lo está para parir, no se dio por vencida.

  • Yo entendí eso en mi juventud y me empoderé para poder luchar por mis derechos. Aunque en ese momento no entendiera lo que es un parto humanizado”.
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Fotos: Cortesía Vanina Mariel Cortijo.

Era una decisión firme y sin retorno. No a todas las mujeres les tiene que pasar lo mismo. Esa es la aspiración, pues si por siglos las mujeres parieron entre pares o parteras, sin pasar por el estrés clínico, la presión o violencia física y simbólica, ¿por qué hoy, otras de nosotras, muchas mujeres, tienen que vivir ese momento como una tortura? ¿Por qué, y cuándo, el parto dejó de ser humanizado y de estar en manos de las mujeres y bajo su control?

La respuesta está en el momento en que el patriarcado decidió regular nuestra sexualidad y nuestros cuerpos a través de la institucionalidad médica. Por lo tanto, la liberación y el retorno están en el poder decidir sobre nuestros cuerpos, sobre el embarazo y sobre la forma cómo quieres parir.

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Con Mayra.

Vanina insiste en que se trata de cuestionar los discursos  de saber y de poder de la medicina. También dice que se trata de cuestionar los discursos que se construyen en lo social, que van variando determinadas prácticas o formas de control y que aparecen legitimados desde el poder. Las mujeres que recorren este camino y se salen del imaginario social y médico construido, son vistas como mujeres extrañas, raras o inverosímiles, cuando debiera ser visto como lo más natural del mundo.

Las primeras que me señalaron cuando yo decidí tener un parto en el agua fueron las propias mujeres. Me decían que estaba loca, ¿cómo voy a hacer eso?, ¿cómo no me voy a poner una epidural? y ¿cómo no me iban a hacer episiotomía? Hoy tengo 45 años y la mayoría de mis conocidas o amigas, de la misma edad, tienen una episiotomía *. Cuando les digo que yo no sé qué es eso y que nunca se me ocurrió, es un hecho revolucionario. Soy la rara del grupo y me encanta serlo porque me hago cargo de esto. Siempre digo que no todas somos tan empoderadas, que debemos aprender, al menos, a cuestionar; que cuando alguien nos dice algo que nos molesta, debemos cuestionar. Las mujeres y las feministas lo que tenemos que hacer es aprender a cuestionar los discursos ya legitimados”.

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Embarazada de Bruno, que nació por cesárea respetada.

La episiotomía es parte del discurso justificado en los partos y se vende a las mujeres como una ‘simple incisión’ o corte quirúrgico que se hace antes del parto, en el área llamada perineo, que está entre la vagina y el ano, para ampliar la abertura vaginal. El argumento de algunos y algunas gineco-obstetras, es que esta práctica ‘facilita o acelera el parto y evita desgarros vaginales espontáneos, especialmente en el primer parto’. Pero está comprobado que es más rápida y menos compleja la recuperación de un desgarre espontáneo con un parto natural que con una episiotomía, que muchas veces provoca más hemorragia o sangrado en el parto, a más de la incomodidad y lentitud posterior para sanar.

El primer parto es una mezcla de emoción, temor, esperanza, amor y anhelo de ver esa nueva vida respirando a tu lado. Este hecho hace que muchas mujeres lleguen a las salas de parto empoderadas, pero los discursos médicos terminan vulnerándolas, e incluso anulándoles toda posibilidad de cuestionamiento o reclamo. Eso no le ocurrió a Vanina que a los 23 años, tenía clara su decisión.

A mí me pasó algo bastante gracioso o bizarro en el primer parto. Como no quería estar internada y quería tenerlo en el agua, y la bañera de mi casa era bastante incómoda, preparamos todo en una clínica privada por si pasaba algo en el nacimiento. En Argentina no tienes centros públicos, solo privados, para este tipo de partos. Entonces, cuando estaba en trabajo de parto no avisé, lo hice al último momento a mi partera, para que le avisara a mi obstetra. No quería que nadie interrumpiera ese momento íntimo con mi pareja. Cuando le avisamos a mi ginecóloga-obstetra, se había ido a otra ciudad, fuera de La Plata. Así que me presentaron otro médico en su reemplazo. Me dio una crisis de llanto porque yo no quería parir con otro doctor que no fuera Lisa, con quien había transitado toda la experiencia del parto humanizado. Tuve cuatro meses de curso pre-parto con psicólogas y con las otras mujeres embarazadas en un grupo en el cual íbamos dándonos ánimos y sacándonos las dudas. Fue muy lindo”.

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Con sus tres hijos.

Finalmente tuvo que acceder y cuando la partera le dijo que si no se relajaba no iba producir oxitocina, iba a frenar el parto y la iban a tener que llevar a cesárea; ahí se le hizo lo que ella llama un ‘clic’.

 

Yo me preparé tantos meses para un parto natural, no puedo hacer esto. Que entre el médico, un médico varón que estaba en contra de este proceso. Cuando entró, me dijo algo así como que ‘me entendía’, que ‘era como que te cambien el novio’, cuando estás entrando… Yo le dije que se dejara de decir pavadas, que a mí lo único que me interesaba era el tema del parto acuático, que si estaba preparado o no lo estaba para hacerlo. Cuando él me contesta que sí, yo le digo que bueno, que una vez en la situación de parto, iba a hacer lo que él me dijera, pero que tuviese en cuenta que si agarraba un bisturí para cortar y le hacía daño a mi zona sexual que se cuidara y corriera, porque cuando yo me recuperara y me levantara de la cama, se lo iba a cortar a él para ver si le gustaba”.

La violencia obstétrica tiene sus orígenes en la formación patriarcal y machista del sector salud. Para Vanina, la medicina hegemónica se apodera del cuerpo de la mujer, quitándole los derechos que le corresponden. Es por ello que muchas mujeres que transitan el parto tradicional, lo hacen con mucho dolor y no quieren ver o saber que fueron maltratadas durante su labor de parto y lo desaparecen de sus relatos tras ‘el amor de madre’ que se sobrepone a la violencia recibida, una violencia de género, y de la cual no quieren saber más, pues está invisible y naturalizada por todos los imaginarios sociales ya configurados, y que es exaltada a través de los medios.

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Con Bruno.

La experiencia de Vanina gracias al parto humanizado o respetado fue placentera; entró en otra dimensión: se encontró en su dimensión de mujer y se conectó consigo misma y con su bebé. Que la mujer pueda tomar el control y el poder sobre su propio cuerpo y sus propias decisiones, es una de las cosas más importantes a la hora de dar a luz; es lo que se transmite al bebé y que hace que en los primeros meses de vida le den tranquilidad y la seguridad posterior.

Es una situación redifícil, pero se logra superar. Empiezas con los ejercicios de respiración y no existe nada, no te llegan los ruidos, estás en otro planeta. Por eso respirar es tan importante, te conectas con tu propio organismo, con el ser que está por venir y que también tiene que hacer un trabajo y que me tiene que ayudar. Es una doble responsabilidad, sacar una vida del cuerpo y ayudar a esa vida a salir del cuerpo. Ese momento es sumamente placentero, yo entré realmente en otra dimensión, no escuchaba nada, hasta que hice este puje y volví a verlos a todos. Vi que estaba el pediatra, que no le había visto entrar y el hematólogo. La felicidad es enorme. Cuando salió Nicolás sentí las patitas, lo pasaron por el agua y me lo dieron con el cordón umbilical. Lo puse piel con piel sobre mi cuerpo, para que escuche los latidos de mi corazón y sienta que estaba con su mamá. El bebé automáticamente como que se impulsa solo hacía la teta y mama. Cuando comienza a hacer eso cortan el cordón, extraen sangre y hacen los análisis. La madre decide cuándo es el momento final para dejar de ponerle agua y acariciarlo. Luego se lo entrega a la persona que una eligió que puede ser el padre, una amiga, la pareja, una madre, una abuela que también lo recibe con el torso desnudo para que ese bebé se conecte con esa persona, con esos latidos. Es muy bonito”.

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Vanina Mariel Cortijo el 8 de marzo, llegando a la radio abierta, antes de la marcha.

Si la madre y el bebé están sanos no debería pasar más nada. Una vez hechos los primeros análisis sin que nada sea violento para ese bebé, vuelve a los brazos de la madre. El tercer hijo de Vanina nació en una cesárea, pero ella nos cuenta que este método también puede ser respetado o humanizado. Ese fue el caso de Bruno. Siempre tuvo el mismo equipo médico y obstetra, además de estar acompañada por su partera, la que estuvo siempre dándole ánimos, dándole la mano, diciéndole cosas agradables, transmitiéndole las mejores energías, poniéndole agua en los labios y masajeando la cintura para que no sienta dolor ni molestias, y para que todo el proceso se haga de la forma más satisfactoria posible, ya que el parto, como bien lo define Vanina, es un hecho sexual en el que la mujer debe tener placer y gozo.

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Marchando con el Sindicato, por la mejora de los sueldos a los y las trabajadoras.

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Nota:

(1) Del griego ἐπίσιον ‘pubis’ y τόμος ‘corte’, Episiotomía es la incisión quirúrgica en la zona del perineo femenino, que comprende piel, plano muscular y mucosa vaginal, cuya finalidad es ampliar el canal ‘blando’ para abreviar el parto y apresurar la salida del feto. Se realiza con tijeras o bisturí y requiere sutura. La episiotomía como técnica preventiva para evitar desgarros está contraindicada por la Organización Mundial de la Salud. Las episiotomías no previenen desgarros en o a través del esfínter anal ni desgarros vaginales.  (Liljestrand J., ‘Episiotomía en el parto vaginal. Biblioteca de Salud Reproductiva de la OMS, 2003; Ginebra: Organización Mundial de la Salud).

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