‘La Cantera’ del sábado 22 de abril abrió con la memorable frase del escritor y filósofo español Miguel de Unamuno, que Alexis Ponce había citado al despedir su programa anterior -el especial por el Día del Pueblo Gitano- y que hoy la convirtió en ‘leitmotiv’ de todo el programa, en referencia a los sucesos ocurridos en el Ecuador antes, durante la primera y segunda vuelta y después de culminado el reciente período electoral.

Unamuno vino al Ecuador

El único programa musical en su género en Latinoamérica conducido por un hombre feminista, se solidarizó con todas las personas, instituciones y entidades perseguidas y judicializadas en el Ecuador por razones políticas, como ha ocurrido con los siete (7) medios de comunicación procesados y sancionados por SUPERCOM: diarios La Hora, El Comercio, Expreso, El Universo y canales de televisión Televicentro, TELEAMAZONAS y ECUAVISA.

De igual forma, un Alexis Ponce indignado por los operativos policiales, judiciales y fiscales ocurridos, se solidarizó con la entidad encuestadora y de análisis de opinión más antigua del país: CEDATOS y su representante el Sr. Polibio Córdova; con la ONG Participación Ciudadana y su representante Ruth Hidalgo; con el candidato presidencial opositor Guillermo Lasso, su esposa e hijos; con el reconocido periodista de mayor tiempo en la televisión Alfonso Espinosa de los Monteros, todos convocados y procesados por “la justicia” y fiscalía; con el activista petrolero que pidió asilo en el Perú, Fernando Villavicencio y su atribulada familia; con Agustín Wachapá, un dirigente indígena shuar recientemente detenido en la Amazonía; y muchos ecuatorianos y ecuatorianas más.

Alexis, quien ha sido defensor de DH casi toda su vida, mostró su asco “por la actuación persecutoria y servil al poder político, de jueces, fiscales, contralor, superintendente de comunicación y el aparato de justicia”, debido a la persecución política y punitiva, por señalar el mal olor de la corrupción sistemática en el país, contra personalidades de la sociedad civil que conforman la Comisión Anticorrupción, muchas de ellas adultos mayores que sobrepasan los 80 años.

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Se pronunció abiertamente solidario con sus integrantes: el intelectual y editorialista Simón Espinosa, el jurista y docente universitario Julio César Trujillo, la primera senadora del Ecuador Isabel Robalino (de 99 años), la defensora de derechos de las mujeres María Arboleda, el economista Jorge Rodríguez, el intelectual e historiador Germán Rodas, el sacerdote Fernando Vega, el abogado Ramiro Román y otros.

La memorable frase de Unamuno, pronunciada en 1936 y, desde entonces, convertida en símbolo de dignidad de todo aquel que resiste a los que triunfan haciendo uso del poder y de la fuerza, está hoy más vigente que nunca en el Ecuador y en gran parte del mundo… “Venceréis, pero no convenceréis”. A lo largo del programa, Alexis dio a conocer a su audiencia detalles de la historia y el contexto inaudito cuando Unamuno exclamó en la universidad de Salamanca, la profética oración.

Las voces de esta noche

Miguel de Unamuno 7La Cantera,  programa musical online con canciones, historias y vidas de mujeres del mundo,  presentó al equipo de esta noche: Santiago Andrade, en controles y cabina, autor del audio y del afiche virtual del segmento “Cuéntame tu historia” del sábado 22 de abril. Y saludó a Nelly Valbuena, la directora de Mujeres Contando Online.

Para empezar el programa, escogió a la chilena Pascuala Illabaca y su canción ‘Violeta y Frida’, dedicada a dos tótems latinoamericanas de las mujeres, de la lucha, el arte y la enorme pasión de la vida: Violeta Parra y Frida Kahlo.

“Hay dos mujeres bailando / son la Violeta y la Frida

Juntas andan zapateando / ninguna anda muy vestida.

A estas mujeres artistas / les han puesto oídos sordos

Ahora pueden celebrar / ¡ahora que ya están bien muertas!

Vivas les tocó llorar / ahora les hacemos fiestas”

Después presentó al Mariachi Flor de Toloache, un conjunto femenino multiétnico que reside en EEUU, formado por nueve mujeres de distintos países: Puerto Rico, México, Alemania, Cuba, República Dominicana y Argentina. “El mariachi es una cultura machista” le dijo, en entrevista al The New York Times, Mireya Ramos, fundadora y vocalista del grupo. La flor de Toloache se utiliza en América Central para pociones de amor desde hace siglos. El Mariachi obtuvo una nominación al Grammy Latino en la categoría Mejor Ranchera en el 2014. La canción que escogió Alexis para compartirla a su audiencia fue ‘Let Down’.

Más tarde, le tocó el turno a la estadounidense Gina Chávez y su melodía ‘Gotta Get’, grabada en El Salvador, país centroamericano al que llegó hace muchos años. En cuarto lugar, presentó al trío femenino holandés Zazí, que lo integran Dafne Holtland, Margriet Planting y Sabien Bosselaar. La canción escogida fue grabada en el año 2010 en San Francisco y se titula en alemán ‘Bei Mir Bistu Shein’ (Para mí eres hermosa), una popular melodía de 1932 en yiddish: un diálogo entre dos amantes.

Miguel de Unamuno 8Desde Chile otra vez, trajo a la casa-estudio de Mujeres Contando a un nuevo triángulo amoroso: el Trío Ladies, grupo conformado por tres mujeres que mezclan el estilo retro de los 30′ con la modernidad. Sus integrantes: Cata Jacob, Paulina Muñoz e Isabel Riquelme, ejecutan un espectáculo sofisticado y único. La canción seleccionada por el conductor de La Cantera, fue “Tico-Tico”, un cover de una melodía de acento brasileño muy famosa.

Como no podía faltar en el programa una canción en idioma francés, eligió esta vez a Dani Klein, directora y vocalista de ‘Vaya con dios’, un grupo musical de Bélgica radicado en Holanda, fundado en 1986. Dani Klein, la cantante principal, decidió formar la banda por su interés en el gypsy music. La canción escogida fue ‘Johnny’, lanzada en Francia en 1989, que Alexis dedicó a ‘Esmeralda’, la mítica heroína de la novela Nuestra señora de París.

De Austria estuvo Christina Pluhar, intérprete, instrumentista y directora musical especializada en el repertorio barroco; con una refinada versión de la legendaria melodía mexicana ‘La Petenera’. Para concluir, estuvo Alina Stayer, vocalista de Groupe Jazz Manouche, un quinteto francés de jazz gitano, que interpretó en ruso la mítica ‘Les yeux noirs’ (Ojos negros).

En el segmento “Cuéntame tu historia”, Alexis presentó a Patricia Merizalde, escritora, poetisa, bailarina, directora de ballet, conductora del programa radial “Siempre Patricia” y promotora cultural, que por muchos años reside en la provincia esmeraldeña y que leyó un poema intenso y fenomenal, dedicado a nuestra Chavela Vargas. Alexis tituló a la hermosa historia de la querida amiga Patricia Merizalde: “Con el aguardiente de tu voz”.

La invicta dignidad de un derrotado

Alexis contó a su audiencia recuerdos publicados por diversos autores españoles y del mundo, acerca del memorable pasaje histórico del que fue protagonista el español Miguel de Unamuno, un ser humano contradictorio como todos los seres humanos, que fue escritor de la llamada generación del ‘98, filósofo, docente universitario y rector, por tres ocasiones, de la afamada Universidad de Salamanca; la primera vez en 1902 y la última, de 1931 hasta su destitución, ocurrida el 22 de octubre de 1936 por orden del dictador Francisco Franco.

Un rector ‘problemático’

Por no callarse jamás ante lo que consideraba injusto, Unamuno era considerado un rector ‘problemático’, por distintos gobiernos. Ya en el temprano año 1914, el ministro de Instrucción Pública lo destituyó del rectorado por razones políticas. En 1920 fue elegido decano de la Facultad de Filosofía de Salamanca. En aquel tiempo fue condenado a 16 años de prisión ‘por injurias al rey’, aunque la sentencia no llegó a cumplirse.

Miguel de Unamuno 4En 1921 fue nombrado vicerrector de Salamanca. Sus constantes ataques al rey de España y al dictador Miguel Primo de Rivera hicieron que éste lo destituya nuevamente y lo destierre a Fuerteventura en febrero de 1924. El 9 de julio fue indultado pero salió desterrado voluntariamente a Francia, hasta 1930, en que cayó el régimen falangista (pro-fascista) de Primo de Rivera. A su retorno a Salamanca, entró a la ciudad en medio de un recibimiento apoteósico.

En 1931 dijo que contribuyó más que ningún otro español, con su pluma y su exilio, con su oposición al rey y al dictador, al advenimiento de la República, de la que empezó a desencantarse pronto. A pesar de que en 1935 fue nombrado ciudadano de honor de la República, profundamente desilusionado, expresó de forma pública sus críticas a la reforma agraria, la política religiosa, la clase política, el gobierno y el presidente Manuel Azaña.

El peor error de Unamuno

Al iniciarse la guerra civil apoyó inicialmente a los golpistas, a los cuales creía regeneracionistas autoritarios dispuestos a encauzar la deriva del país. El 19 de julio de 1936, día en que empezó el levantamiento del futuro dictador Francisco Franco, la práctica totalidad del consejo universitario de Salamanca fue destituido por las nuevas autoridades militares y sustituido por adeptos al franquismo, entre ellos Unamuno, quien aceptó el cargo de concejal.

En el verano de 1936 hizo un llamamiento a los intelectuales europeos para que apoyen a los franquistas sublevados, declarando que representaban “la defensa de la civilización occidental y de la tradición cristiana”, lo que causó decepción y horror en el mundo de la cultura y la democracia. Empero, su inicial entusiasmo por la sublevación pronto se tornó en decepción y repugnancia, debido a la escalada de la represión en Salamanca y otros lugares.

En sus bolsillos iba amontonando cartas de esposas, hijas, madres y parejas de amigos, conocidos y desconocidos, que le pedían al más importante referente intelectual de la ciudad, que intercediera por la vida y la libertad de sus maridos, hijos, hermanos y compañeros encarcelados, torturados o fusilados. Unamuno decidió visitar personalmente a Franco en el palacio episcopal para suplicarle inútil clemencia para sus amigos presos, uno de ellos Salvador Vila, quien fue ejecutado el 22 de octubre.

El célebre incidente en la Universidad de Salamanca

El 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de su universidad, durante el acto de apertura del curso académico que coincidía con la celebración de ‘la Fiesta de la Raza’, el rector se enfrentó públicamente al general Millán-Astray, mutilado de guerra y fanático militar franquista que pronunció soflamas contra la inteligencia y exaltaciones a la muerte. Ahí improvisó un lapidario discurso donde incluyó su famosa frase.

Aquel acto de decencia solitaria, tiempo más tarde tuvo tan amplia repercusión, ya muerto Unamuno, que se prolongó en el tiempo al reivindicar la dignidad del ser humano y volverlo perenne ejemplo de entereza ante el poder.

Unamuno, en una sala adversa atestada de violentos fanáticos armados, alzó su cansada voz de ser humano lleno de contradicciones, de intelectual íntegro que, por entonces, era endilgado como ‘traidor’ por ambos bandos, nacionalistas y republicanos, enfrentados hasta la muerte en la Guerra Civil Española, y a los que el vasco don Miguel llamaba “los hunos y los hotros”. En Salamanca lanzó a España, y a la posteridad, su  impetuosa voz llena de angustia y de convicciones.

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Fue ése uno de sus actos de mayor valentía, porque es de valientes reconocer sus propios errores, más aún en público y mucho más ante el propio adversario, pues al hacerlo ponía en peligro la paz de su familia y su propia vida. El error, que rectificó aquel día, fue haber apoyado al franquismo desde su privilegiada posición de rector de la universidad de Salamanca. Pero quienes conocen las consecuencias que puede tener el pasar públicamente a la oposición en época de dictadura, admiten que se trató de un profundo acto de valentía y honestidad intelectual.

En la fecha nacional de la España nacionalista, el 12 de Octubre, se festejaba la colonialidad. Ese día se realizaban muchas actividades académicas y de otra índole. En Salamanca, el profesor Francisco Maldonado, tras las formalidades iniciales, saludó al público, atestado de franquistas, cuanto a la mesa directiva del ‘magno evento’, que lo presidía Unamuno como rector, acompañado nada menos que por la esposa del dictador Franco en delegación de aquel, el General Millán-Astray, considerado “héroe de guerra” por los franquistas, entre otros.

Maldonado dio la palabra a un apasionado José María Pemán, que atacó violentamente a Cataluña y a “las Vascongadas”, calificándolas como ‘cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, que es el sanador de España, sabrá cómo exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano, libre de falsos sentimentalismos’. Ahí comenzaron los gritos fascistas y las consignas provocadoras de la época: “¡Viva Franco!, que al frente de nuestras tropas acabará con la esclavitud ruso-judía”.

Alguien gritó entonces, desde algún sitio del paraninfo, el lema legionario ‘¡Viva la muerte!’, que lo vivaron cientos de los asistentes, y un grupo de falangistas ataviados con la camisa azul de la Falange hicieron el saludo fascista, con el brazo derecho en alto, hacia el retrato de Francisco Franco que colgaba en la pared. En ese instante el apoyo de Unamuno al franquismo se deshizo en mil pedazos. Sencillamente no pudo soportar más el espectáculo atroz y, aunque él mismo había pedido que no se le pusiera de orador, le tocaba hablar como Rector, al ser la máxima autoridad de Salamanca.  Y, entonces, habló…

La inmortalidad de su breve discurso

Miguel de Unamuno 5Ya sé que estáis esperando mis palabras, porque me conocéis bien y sabéis que no soy capaz de permanecer en silencio ante lo que se está diciendo. Callar a veces significa asentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Había dicho que no quería hablar, porque me conozco. Pero se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Vencer es convencer, y hay que convencer sobre todo. Pero no puede convencer el odio que no deja lugar a la compasión, el odio a la inteligencia, que es crítica y diferenciadora”.

Los abucheos y gritos adversos cortaron la alocución de Unamuno. La peor reacción fue del general Millán-Astray que, ubicado en el otro extremo de la mesa directiva, golpeó la mesa con su única mano y levantándose, interrumpió al rector: “¡¿Puedo hablar?; ¿puedo hablar!?”. Su escolta sacó el arma y alguien del público gritó: “¡Viva la muerte!” Y entonces, Millán pronunció su tristemente célebre grito: “¡Mueran los intelectuales! ¡Abajo la inteligencia!, ¡Viva la muerte!”

Tras semejantes afirmaciones necrófilas del fundador de la Legión, Unamuno continuó su discurso, esta vez cargando directamente contra la réplica de Millán: “Acabo de oír el grito de ¡viva la muerte! Esto suena lo mismo que ¡muera la vida! Y yo, que me he pasado toda mi vida creando paradojas que enojaban a los que no las comprendían, he de deciros como autoridad en la materia que esa paradoja me parece ridícula y repelente. Éste es el templo del intelecto y vosotros estáis profanando su recinto sagrado. Diga lo que diga el proverbio, yo siempre he sido profeta en mi propio país y les digo: Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha: razón y derecho”.

Tras su discurso varios oficiales echaron mano de sus pistolas, mientras Unamuno, de 72 años, salió del paraninfo protegido por la propia esposa del dictador, Carmen Polo de Franco, que le ofreció su brazo para que no lo linchen, mientras era increpado con insultos y abucheos. Ese día, el Ayuntamiento se reunió en sesión secreta y decidió retirarle el acta de concejal. Y, cuando intentó ingresar a un café, donde cada tarde departía con amigos y vecinos en sus afamadas tertulias de diálogo intelectual con todos, no se le permitió la entrada.

Los últimos meses de vida, desde ese 12 de octubre a diciembre de 1936 en que falleció, los pasó bajo arresto domiciliario en su casa, en un estado de serena desolación, paciente desesperación y digna soledad. Diez días después de su discurso donde demostró la entereza que siempre lo caracterizó, es decir un 22 de octubre, dos meses antes de la muerte de Miguel de Unamuno, ocurrida el 31 de diciembre, el dictador Franco firmó el decreto de su destitución como rector de la universidad de Salamanca.

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Cuando en el bando republicano se supo de la represiva medida, algún periódico de la izquierda, que no le perdonaba al filósofo sus primeros apoyos al franquismo, se burló de Unamuno citando, palabras más, palabras menos, que “Ignoramos si el motivo de la destitución es porque le han ascendido a teniente coronel”.

La binaria polarización política y la pequeñez de espíritu que, por entonces -y siempre- invade a los bandos enfrentados, no les permitió percibir el temible acto de dignidad solitaria, entereza en la autocrítica y honestidad intelectual de un hombre que pasó entonces, de esta forma, no solo bajo arresto voluntario en su propia casa, sino a engrosar la larga fila de los castigados por el poder, debido la necia fidelidad a sus convicciones. Como Miguel Hernández, muerto en prisión; Antonio Machado, muerto en el exilio; Federico García Lorca, fusilado; este anciano, muerto de tristeza y orfandad, hizo parte de la valerosa lista de los escarmentados.

Unamuno escribió de nuestro más ilustre escritor, desterrado por el poder de su tiempo, esta aguda descripción: “Cogí Las Catilinarias de Montalvo, pasé por lo excesivamente literario del título ciceroniano y empecé a devorarlas. Iba desechando literatura erudita; iba esquivando artificio retórico. Iba buscando los insultos, ¡sí!, los insultos; los que llenan el alma ardorosa y generosa de Montalvo”.

Aquel 12 de octubre de 1936, para todos los tiempos, Miguel de Unamuno dibujó, con la estatura de su gesto, la soledad de la dignidad: el alma ardorosa y generosa que nos convoca, en el Ecuador y el mundo, a actuar, a no callar,  a repudiar toda vileza, cobardía e injusticia; y a acompañar todo dolor, todo perseguido, toda humanidad.

Disfruten aquí de “La Cantera”, porque #QuienCantaSuMalEspanta

Fotos: Colección Miguel de Unamuno, Pinterest.

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