Por el Día Internacional de la Mujer, Nelly Valbuena directora de Mujeres Contando presentó este texto en el evento “Retos para alcanzar la igualdad de género”, organizado por Ciespal. Este trabajo hace parte de las reflexiones del colectivo Mujeres Contando, Ecuador.

Olimpia, “la traidora”

Olimpia de Gouges, activa líder francesa ligada a los girondinos, luego de dirigir una masiva reunión y marcha de más de diez mil mujeres ataviadas con los célebres gorros rojos del París revolucionario de 1789, entregó a la Asamblea Nacional la primera “Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana”. Por ese simple hecho fue sentenciada a morir en la guillotina, acusada de ‘traición a la Revolución’, por los hombres de la Revolución Francesa, que miles de mujeres ayudaron a su triunfo.

La Declaración, que jamás pasó, ni pasará, al pensum de estudio en los colegios de señoritas de Latinoamérica durante los siglos 18, 19, 20 y 21, fue muy similar a la que entonces sí aprobaran los ciudadanos revolucionarios de Francia: la primera ‘Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano’.

En el prefacio, Olimpia escribió: “Las madres, las hijas y las hermanas representantes de la nación, constituidas en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, olvido y desprecio de los derechos de la mujer son causas de desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer una solemne declaración de los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer”.

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Olimpia sólo pedía libertad, igualdad y fraternidad para las mujeres y lo hizo en 1789, en el marco de una revolución; nada más y nada menos que la Revolución Francesa. Sin embargo, esa primera reivindicación política feminista, no era compartida por “los hijos de Patriarca” que dirigían la Revolución, cuyo sector más conservador, hizo fracasar el histórico primer intento de posicionar los derechos de las mujeres en el mundo.

Un derecho a tener “igualdad jurídica y legal”, es decir a estar y ser tratadas de la misma forma que a los hombres. Esos mismos hombres con los que, hombro a hombro, ella Olimpia y las demás mujeres lucharon en las calles de París; ahí sí, sin distinción o diferencia alguna.

Uno de esos hombres, que se decía ‘revolucionario’, se apellidaba Chaumette y, obviamente era un misógino insufrible, tanto o más que un Alexis Mera, o… que cualquier otro poderoso jerarca de las revoluciones políticas del siglo XXI en Nicaragua, Venezuela o Ecuador.

Chaumette, al momento de pedir la guillotina para Olimpia, dijo: “¿Desde cuándo le está permitido a las mujeres abjurar de su sexo y convertirse en hombres? ¿Desde cuándo es decente ver a mujeres abandonar los cuidados devotos de su familia, la cuna de sus hijos, para venir a la plaza pública, a la tribuna de las arengas, a realizar deberes que la naturaleza ha impuesto a los hombres solamente?”Foto arte MUJERES EN SOMBRAS Pinterest 2

Las mujeres seguimos cometiendo “traición”

Reivindicando a Olimpia y a pesar de lo que piensen los Chaumette de toda época, subo a esta tribuna del siglo XXI, a exponer algunas indecentes propuestas feministas que confirman una tesis: los principales retos para alcanzar la igualdad de género están, nunca dejaron de estar, en los Chaumette de todo tiempo y geografía, en todo proceso político de poder, se llame revolución o contrarrevolución.

Aunque han desaparecido el cadalso y la guillotina, hoy como ayer las declaraciones modernas de las Olimpias contemporáneas que suscriben sus derechos reproductivos y sexuales, civiles y humanos, son postergadas en nombre de las prioridades y las creencias personales de los caudillos, revolucionarios o no, convertidas en políticas públicas en Washington, Madrid, Moscú, Manila, Quito o Managua. Y hoy, como ayer, “traicionan” esas revoluciones, las Olimpias, las mujeres, entre ellas algunas asambleístas ecuatorianas a las que, según se difundió en una denuncia no desmentida, un alto dirigente de la Revolución Ciudadana motejaría como “las mal culeadas”, por intentar no traicionar sus antiguas convicciones.

Las actuales ‘traicioneras’, por reclamar que no se postergue la agenda de derechos del siglo pasado, es decir del XX, son las feministas, “unas cuantas neuróticas” según un nada agrio jefe revolucionario que, con el vergonzoso aplauso de militantes de izquierda oficial, acaba de requisar la mayor fecha simbólica de las mujeres -el 8 de marzo-, para acomodarla a sus intereses electorales posicionando este día una “marcha y lucha de la memoria nacional contra los banqueros y feriados”.

La contraofensiva conservadora es global

Es que de esto se trata todo: hay una Ofensiva Conservadora Planetaria de Regresión de Derechos humanos, sexuales, reproductivos y civiles de las mujeres, del género y del laicismo, a escala global, cuya arista más odiosamente visible es Donald Trump y sus chicos del Tea Party y la Supremacía Blanca; pero que aglutina y atraviesa regímenes de derechas, de izquierdas, del norte y del sur, la Rusia de Putin a la cabeza, el ala más poderosa del Vaticano, el Opus Dei en los gobiernos de Ecuador (Correa), España (Rajoy) y otros; los partidos de la nueva derecha en Europa del Este, entre otros.

Una bellezaLa opción global, nacida en estas semanas

Así que la Revolución Feminista, que la iniciaran las mujeres del Norte industrializado, las cuatro millones de ‘gringas y gringos’ al día siguiente de posesionado Trump, o las cientos de miles de argentinas que coparon Buenos Aires en el primer paro nacional de mujeres contra los feminicidios, y las que hoy se movilizan en el mundo, es la opción más transformadora, el reto integral que hoy tiene la sociedad global para avanzar y no permitir el Retroceso Estratégico profetizado por Susan Sontag en los 90.

Es una forma de resignificar las calles, de devolver a las Olimpias a la protesta callejera para dejarle claro a los machistas, de aquí y de allá, de izquierdas y derechas, que no estamos dispuestas a ceder ni uno solo de nuestros logros y que la lucha es y será contra el patriarcado.

Un recuerdo necesario: el cuerpo y la sexualidad no son ciudadanas

Ana Lucía Herrera, cuestionando la actuación del poder central decía: “Toda la vida dudan de nosotras. ¿Qué es sino una duda estructural de nuestras propias capacidades y de nuestra condición ética de mujeres decir que no pasa el aborto en casos de violación porque las mujeres vamos a utilizar ese pretexto para abortar? Siempre somos dudosas y somos dudosas ante el Presidente de la República y sus asesores, que consideran que como somos dudosas, vamos a utilizar  ese pretexto para abortar, como si abortar fuera algo así como: ‘con permiso me voy a tomar un café’. ¡No entienden nada del problema!

El neo-machismo

En la actualidad tenemos un fenómeno curioso en América Latina: hoy más que antes estamos ante una avalancha de hombres y mujeres que tienen conocimiento académico sobre el género y que ejercen poder o deciden sobre políticas públicas que nos afectan a las mujeres. Son lo que la economista salvadoreña Julia Evelyn Martínez llamó Neo-machistas. Esa es una nueva forma de machismo que utiliza los planteamientos del género para invalidar y anular a las mujeres que exigen sus derechos en voz alta.

El español Miguel Lorente sostiene que: “El patriarcalismo ha urdido nuevas tramas para defender su posición de poder, y éstas se basan en los supuestos problemas que la incorporación de la mujer a la vida activa ha tenido, sobre todo, en el ámbito de las relaciones familiares. A esa nueva estrategia la denomino post-machismo por haber nacido en el contexto de la posmodernidad, y por haber mantenido desde su aparición una cierta ‘distancia’ respecto a las posiciones clásicas del machismo tradicional o del patriarcado”.

Conclusiones

fotografo Alessio Albi
Fotos: Colección “Mujeres en sombras” / Pinterest

Está claro que en el Ecuador hubo avances en varios temas sociales y económicos en este proceso, el de la ‘Revolución Ciudadana’ pero a la vez tuvo serios límites en otros temas, en los que no avanzará más y, por el contrario, fue demasiado lejos en el retroceso de: el laicismo, la separación conceptual Estado-Iglesia, los derechos sexuales, reproductivos y de mujeres, la apertura a las disidencias, etcétera. Esa será tarea pendiente de otra generación, superior a ésta, menos anclada al pasado.

Las actuales discrepancias en temas tan complejos no se resolverán en el período 2017-2021. En el específico tema de derechos de las mujeres, tendrán que venir nuevos aires: luego del garcianismo teocrático en materia de derechos, solo pudo venir el alfarismo.

Esa es la tarea de la nueva generación que hoy tiene menos de 20 años. Porque esas tareas permanecerán represadas y no se podrán aprobar en este ciclo. Tendremos, o tendrán, que hacerlas otros u otras, tiempo después, si aún tenemos vida las más viejas y viejos, o tendrán que hacerlo nuestras hijas y nietos.

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“Empiecen por entender qué es lo que nosotras reclamamos. En la medida en que tengamos hombres comprometidos que se sumen a la lucha, ahí empezaremos a transformar el mundo. Solas no lo vamos a lograr”. Nelly Valbuena en respuesta a la pregunta de un asistente del público, sobre ¿qué es lo que los hombres deben hacer desde lo cotidiano?

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