Por Heinz Dieterich

Publicamos el análisis del intelectual alemán y amigo de Mujeres Contando, Heinz Dieterich, tras conocerse los resultados de la elección presidencial en los Estados Unidos. Es una versión editada de la originalmente publicada en la página de la periodista mexicana Carmen Aristegui y otros sitios como Aporrea de Venezuela.

El análisis de Dieterich contiene datos muy interesantes y contrasta con los abundantes enfoques de intelectuales y analistas de izquierdas y derechas, conservadores y liberales, que -cada quien desde su orilla- ha legitimado la victoria de Trump con reflexiones fáciles y repetitivas. Diremos:

Heinz Dieterich es el primero en señalar frontalmente, con reveladores sustentos, a Julián Assange, refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, pues devela lo que el jefe de Wikileaks se ha negado a admitir: su pacto con Trump, seguramente ‘para salvarse el trasero’. Dieterich expone los contactos que mantuvo Assange con un emisario de Trump que lo visitó en la embajada, tema dado a conocer por Roger Stone, el principal operador del entonces candidato.

Da una ejemplar cachetada al presidente Correa del Ecuador, a las izquierdas dogmáticas y a las neo-‘bolivarianas’ (las que apoyan a los llamados gobiernos ‘progresistas’), que han insistido en la febril tesis de que la victoria electoral de Donald Trump “acelerará la revolución y los triunfos de los gobiernos progresistas” en una América Latina que ellos niegan a admitir que se encuentra a la defensiva.

Descubre la militancia republicana del jefe del FBI, quien lanzó acusaciones sensacionalistas, en plena campaña, contra la candidata Clinton; destaca además los numerosos errores del partido Demócrata y analiza la inviabilidad del ataque de los trumpianos contra China.

Quizás el eslabón débil del análisis de Heinz Dieterich es que amnistía a Putin, a quien no toca, a sabiendas de que fue otro aliado, como Assange, de la victoria de Trump en esta campaña, buscando un acuerdo, que será muy endeble, con su futuro gobierno, al estilo del vergonzoso pacto Molotov-Ribbentrop, logrado por la ‘real politik’ de Stalin con Hitler. Dieterich tendrá sus razones para no incluir este punto en su análisis, pero para nosotras es claro que Rusia acaba de apuñalar, como lo hizo a Polonia en 1939, a la China Popular en el 2016.

La tesis del golpe de estado (“coup d’etat”), de Dieterich es interesantísima, sobre todo ahora que se abusa en el Ecuador y América Latina, por parte de los mal llamados gobiernos ‘progresistas’, de las hipótesis de la ‘restauración conservadora’ y del ‘golpismo’.

 

  1. ‘La Derecha excluida’ conquista el poder

Un golpe de Estado se hace cuando un sector excluido de la élite nacional decide desplazar a su rival en el poder para cambiar el proyecto gubernamental en curso. Esa es la razón  del exitoso golpe de Estado de la derecha trumpiana contra los neocons, golpe disfrazado en el corrupto sistema electoral estadounidense. El control del Estado es el botín supremo de toda lucha política, porque es la llave a la riqueza social (plus-producto). Por eso está estrictamente ‘regulado’ en las constituciones. Tal regulación  no es por fines democráticos, sino para garantizar que las diversas élites del poder, las que componen el bloque dominante, tengan la misma posibilidad de acceder a la riqueza social. Las elecciones en las ‘democracias representativas’ no son más que un mecanismo de regulación anti-monopólica para impedir que el animal más poderoso usurpe la cubeta todo el tiempo. Para los ciudadanos de aprendizaje lento, que confunden ese mecanismo mercantil  con la democracia, es decir, con la autodeterminación de los pueblos, la bota militar está presta para brindar ayuda didáctica en tiempo real.

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  1. Sinergia subversiva del golpe

Para triunfar sobre los otros dueños temporales del Estado se precisa de algunos requisitos: un demagogo carismático capaz de lavarle el celebro (brainwash) a la clientela; una narrativa de mercadotecnia, o sea, un sistema sobre la prodigiosa mercancía de salvación, que sólo el líder vende (monopolio de salvación); un sector estatal endógeno conspirador y golpista; el apoyo de una parte de la élite dominante; sectores de los medios masivos de difusión y confusión, particularmente televisión y redes sociales; un  sistema electoral que favorezca a la plutocracia y, last but not least, un equipo adversario inepto. Todos estos elementos estaban presentes y los estrategas de Trump supieron usarlos en su sinergia subversiva contra los ‘neocons’.

  1. Los facilitadores del golpe: FBI, Fox, Stone y Wikileaks

Cuando el 7 de octubre el audio sexista de Trump en que se ufanó de tratar a las mujeres  como viles objetos sexuales  -“grab them by the pussy”, simplemente ‘agarra su vagina’-  se volvió viral; y cuando fue derrotado en el tercer debate presidencial el 19 de octubre,  su campaña iba rumbo a la implosión. Por eso el 28 de octubre el militante republicano James Comey, Director del FBI, lanzó la intriga subversiva-golpista de mandar una carta al Congreso diciendo que se habían encontrado nuevos emails del caso del servidor privado de Clinton, insinuando que se reabriría la investigación del FBI sobre su culpabilidad. De inmediato la cadena Fox News y los republicanos potenciaron esa noticia aludiendo a un posible juicio político (impeachment) si ella llegaba a ser Presidenta y que, si ganaba, sería porque habría un fraude electoral. Apenas dos días antes de las elecciones (sic), el máximo jefe de la policía Comey revirtió el rumbo, diciendo que ‘no había nada nuevo en los emails’.

A cargo de estas operaciones sucias estaba el asesor, sexista y xenófobo amigo de Trump, Roger Stone. Stone ya ha reconocido públicamente que ha estado en comunicación con Julián Assange (“backchannel communications”) y que ‘un amigo común veía a Assange en la Embajada de Ecuador en Londres’. No cabe duda que él fue el organizador de la larga campaña de publicación y potenciación de los Wikileaks que se publicaron hasta el mismo día que se celebraron las elecciones presidenciales y que fueron otro factor clave en el triunfo de Trump sobre “los globalistas partidarios de Clinton” (Stone). Ahora Stone puede festejar su tercer triunfo sobre los demócratas: el mago de la guerra sucia también fue instrumental en las anteriores derrotas de los candidatos presidenciales Al Gore y John Kerry.

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  1. Inepta defensa de Clinton

El triángulo operativo Stone, Assange y Comey, que logró invertir la tendencia victoriosa de los neocon, fue ayudado por la absurda estrategia defensista de Clinton, aunque la apología disponible estaba delante de sus narices: Clinton simplemente podía haberlo usado. El mundo de la real-politik y del big business funciona de esa manera y EEUU como superpotencia mundial tenía que imponerse. Parafraseando las palabras de su esposo: “It´s Darwin stupid. Its the survival of the fittest” –Es el mundo de Darwin, tonto (Trump), es la sobrevivencia del más adaptado.”

La angustiada base blanca obrera de Trump   -ese constructo de los triunfos del New Deal de  Franklin Delano Roosevelt, el mítico “forgotten man” (Americano olvidado) o la silent majority (mayoría silenciosa) de Nixon-  hubiera entendido que en un mundo de lobos sólo se sobrevive actuando con colmillos. Pero alejado del mundo real de los trabajadores, los elitescos neocons nunca captaron esta esencia de la campaña presidencial, concediéndole el monopolio de la demagogia respectiva para captar todo el voto de la clase media baja blanca, al billonario Trump.

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  1. Trump y América Latina

La razón de ser de un golpe de Estado es la misma que la de iniciar una guerra: determinar el orden de la post-guerra. Para Trump eso significa tener que entrar en compromisos con el establishment republicano (Bush, Ryan, Cruz y Rubio) y los neocons (los Clinton y Obama), que son la fracción más poderosa de la clase política global en la actualidad.

Trump es amigo personal de Netanyahu y Macri, es decir, de la cabeza del terrorismo de Estado a nivel global y de uno de los alfiles principales de la contrarrevolución monroeista en América Latina. Este continente, sin embargo, por su extrema debilidad, no es un problema para los trumpianos. Ejemplo: el sólo hecho de saberse aquella noche del inminente triunfo de Trump, sin declaración alguna del bully sobre el NAFTA y la supuesta muralla fronteriza, hizo caer al peso mexicano en un 10%.

A los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Cuba no les esperan negociaciones, sino dictados del nuevo jefe. La primera reacción, la de Cuba, fue realizar maniobras militares nacionales, lo que deja muy en claro que su liderazgo actual no se hace ilusiones sobre lo que hay que esperar de Trump. Ojalá que los demás gobiernos latinoamericanos tengan la misma lucidez de la vieja guardia cubana y no crean en la torpeza de Correa, de que ‘a América Latina le conviene Trump’.

  1. Trump, China, Rusia y la economía mundial

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El problema real para Trump es la relación con Rusia y China. La afirmación de Trump de que Obama y Clinton son los responsables del nacimiento del terrorismo islámico (DAESH -ISIL)  es, por supuesto, correcta. De ahí su apoyo entre los alrededor de 2 millones de veteranos militares en EEUU que saben que fueron sacrificados inútilmente en las recientes guerras frívolas del Capital.

Es igualmente indudable que la esencia política de los neocon, desde Bill Clinton a Obama, es la guerra de agresión o cambio de régimen (regime change) y hasta una probable guerra nuclear con Rusia que nunca han descartado. Pero es poco probable que la nueva camarilla en la Casa Blanca renuncie al proyecto de dominación mundial del American Century que Henry Luce lanzó en 1941 en la revista Life.

Si el posicionamiento electoral geo-estratégico de Trump frente a Moscú ha sido hasta hoy realista y, de hecho, con una posición de paz, su planteamiento frente a China es de una ignorancia e imbecilidad increíbles. Washington no tiene ningún poder para imponerle a China ninguna cosa: sea en la economía o en lo militar. Debilitado al extremo su soft-power internacional por este ‘destape de la cloaca’ que ha sido la democracia de EEUU y dependiendo del financiamiento de sus déficit comerciales de la ayuda de China, desataría una gran inflación en EEUU y una crisis económica mundial si tratara de imponer aranceles a las exportaciones chinas. Internamente, con sus bajas a los impuestos corporativos, repetirá el fracasado modelo económico de George Bush que quebró las finanzas nacionales y causó la crisis global del 2008.

Nada de lo que se pueda esperar de Trump y sus golpistas anti-neocon, permite ser optimista sobre el futuro desarrollo político de la nueva República Bananera, pero Nuclear, llamada Norteamérica.

 Y el monstruo híbrido que nacerá pronto de su maridaje con los neocon, será un Frankenstein nuclear con acento hitleriano.

 Alabados los que no votaron por su némesis.

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