Piense cualquiera, por más de un minuto, más allá de ideologías y la política, sino desde lo humano, lo estrictamente humano… Si esto que hoy, desde anteayer de noche, viven la muchacha brasileña Manuela Picq y su pareja, nos tocara vivir…

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Carta de Alexis Ponce *

¿Qué se sentiría? ¿Cómo se sentiría cualquier ecuatoriano -como es mi caso-, si su pareja fuese “extranjera” (como es el caso de mi pareja) y le hicieran esto: es decir: si se le revocase o cancelara la visa con la que vivió, amó y trabajó en el país, y donde pasó años con usted, a su lado, y se le informara, de ayer a hoy, que “su permanencia ahora es irregular”, y estuviera a punto de deportársele por razones inocultablemente políticas?

¿De qué se le acusa a esta Manuela, la joven docente y periodista brasileña…? ¿de ser pareja del sr. Carlos Pérez Guartambel? (Aclaro que no comparto muchas de sus actuaciones y mantengo grandes diferencias ideológicas con él, pero no puedo, por vez primera, dejar de solidarizarme HUMANAMENTE con él, por lo sucedido a él y a ella, a su pareja, a la que no conocía sino hasta ahora, debido a esta noticia).

¿De qué se le acusa a la “extranjera” (qué palabra tan anti-revolucionaria es) para mantenerla detenida, separada de su pareja y “a punto de deportársele del país”, según su propia denuncia? ¿De qué se le puede acusar a esta Manuela? ¿De ser la pareja “extranjera” de su pareja? ¿De llevar ese nombre, tan hermoso y tan querido en tierras quiteñas? ¿De ser corresponsal de Al Jazeera? ¿De tener ese bailarín acento portugués al hablar, de la tierra de Taís Araujo, Chico Buarque, Clarice Lispector, Elis Regina, Vinicius de Moraes o Jorge Amado?

No se le acusa de ‘subversiva’ como en los tiempos de Gustavo Noboa, no. Pero igual se actúa como en ese gobierno con los “extranjeros perniciosos” como se les decía a los chicos que expulsaron en ese entonces.

¿O -siendo ‘extranjera’- se le endilga asistir a una manifestación, aunque ella actuase de manera pacífica, de lo que se puede apreciar en los videos filtrados en los medios; en una marcha donde hubo impunes violentos atacando a policías muy cerca suyo? ¿Acaso no estuve mil veces en las mismas y exactas situaciones, y no por eso era “violento” o mis parejas?, ¿es culpable, entonces, Manuela, de acompañar a su pareja a una marcha? ¿de no dejarlo solo, de verlo cómo, en eficaces segundos, es cercado, neutralizado y detenido de improviso, con una estrategia impecablemente rápida, al estilo anti-motines francés, estadounidense o israelí, cuyo informe -sobre ella, sobre Manuela- pasará al recuerdo inolvidable porque “ella fue empujada por desconocidos y la Policía ecuatoriana más bien la asistió y ayudó”?, ¿o es culpable de “no ser una mujer de su casa”, de no quedarse en casa, ‘esperando a su hombre’ como se debe, como aconseja la tradición a las mujeres de bien del mundo entero, o como sugiere la ideología que subyace en los Planes Familia del mundo, a las ‘mujeres de hogares disfuncionales’, que no deben meterse en líos y menos andar en las calles, protestando junto a su pareja?

¿Y qué podía hacer una pareja, cualquiera, de cualquier persona que se llame humana, sino intentar auxiliarlo, salvarlo, seguir la suerte de SU compañero, estar con él, a su lado, y ser cercada de improviso, golpeada con tolete en su cara como ella testimoniara luego de ser advertida que posiblemente se le deporte del país, vejada por igual, con su pareja? ¿No actuaron o actuarían igual, todas las parejas que tuvimos, ustedes y yo? ¿No actuó por igual, tantas veces, la madre de mis hijas, de nacionalidad ‘extranjera’ y escandaloso pasaporte soviético con la hoz y el martillo en la portada, cuantas veces me detuvieron y apalearon los policías en la cercada plaza grande por el caso Restrepo? ¿O se quedaban en casa mis parejas? No. Me acompañaban y eran detenidas, vejadas, arrastradas, golpeadas y amenazadas de muerte conmigo. Mi pareja actual, Nelly, mi Nikita, igualmente, es “extranjera”, docente universitaria como Manuela, periodista como ella, y defensora de mujeres, y corre mi suerte. Por eso a la pareja se le dice CONSORTE: porque quiere decir: “¡Sigo tu suerte!”.

¿O doña Manuela debía verlo nomás, en la tele o desde la otra esquina? ¿o dejar que lo cerquen, detengan y vejen a su pareja, y ella echar a correr, o ella felicitar la prudente acción policial, o ella agradecer que fuese tan ‘eficaz’ la acción anti-motines que probó que el máximo líder del famoso levantamiento, ni siquiera tenía un chulla anillo de protección organizada de sus propios compañeros, ya que todos salieron corriendo por los gases o lo que fuere, y los dejaron solos? (En mi época, a los activistas-pacifistas de la APDH que entrené, mi instrucción gandhiana era: ‘nadie agrede, ni de palabra ni obra; nadie insulta ni se tolera violentos o enmascarados; y si un hermano es detenido, los demás se entregan de inmediato, masivamente’: eran otros tiempos y otras éticas, sin duda).

¿Ella, la unasureña y brasileña Manuela, debía mejor acusar a su pareja, de llevarlo a la marcha para sacarla del país? Solo puedo decir… ¡qué infinita vergüenza siento! Hoy Manuela, dada la preocupante xenofobia que crece en el país, en ambos lados, ya no es “ciudadana universal”, sino “la extranjera que se largue a protestar en su país”, frase usada de manera rupestre por las capas más conservadoras de cualquier sociedad.

Procésenla si quieren, pero de manera justa, si acaso un ‘proceso’ es dable por acompañar a su pareja, pero no la deporten. “Llámenle la atención”, pero devuélvanle su visa y no la echen del Ecuador. Díganle que ‘la próxima salga corriendo, dejándole solito a su pareja’, pero no la detengan. Porque si ella se va deportada, algo de nosotros, algo de mí, de muy adentro, se irá con ella, con esta Manuela…

Link: de diario El Comercio, con el audio original de su testimonio y el video.

Defensor de derechos humanos y colaborador de Mujeres Contando Ecuador

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