El jueves 31 de marzo a las 11:30 de la mañana en la Unidad Judicial Especializada de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, con mi amiga feminista y defensora de mujeres, la doctora Jéssica Jaramillo como abogada patrocinadora, hicimos lo que el atemorizado Defensor del Pueblo Ramiro Rivadeneira, a último minuto, faltando apenas un día para realizar con ellos esta misma acción judicial de derechos, dejó de hacer, en incumplimiento vergonzoso a su palabra y a su deber. Por miedo al Poder quizás o cálculo político entre la conveniencia y lo justo, después de que la Defensoría del Pueblo tuviera este caso en sus manos por cerca de dos meses.

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Por Alexis Ponce

Presentamos la acción de protección contra el despido ilegal, intempestivo e irregular cometido el 1 de febrero. Nelly y mis dos hijas, estuvieron en mi pensar y mi palabra durante ese momento. Vamos a vencer, mañana o un poco más tarde, en Quito o en Bruselas, aquí o en Washington, en Ginebra o en San José.

Y todos los despedidos y despedidas que sean parte de los Grupos Humanos en Riesgo; es decir, personas con cánceres o discapacidades, o que tengan madres o hijos con discapacidad, o sean mujeres embarazadas, madres solteras o personas con enfermedades catastróficas que, por igual, hayan sido echadas de sus trabajos al desempleo más inhumano y feroz -por la indiferencia de los demás- desde la terrible década del 90, seguirán la lucecita iniciada este día 31 de marzo para recuperar derechos que son de cada quien, por el solo hecho de ser seres humanos.

El irregular e ilegal despido cometido condensa el castigo del Poder al pecado de disentir públicamente en textos y escritos críticos aparecidos en la red social. En definitiva, se trata de esto: de un Estado contra una familia con cáncer… de un gobierno VS. una familia con discapacidades… de un Poder contra el amor de una familia. ¿Quién vencerá, el Poder, o el amor? Luz Helena Arismendy, Gandhi, Martin Luther King: sus vidas tienen la palabra.

Quienes apostaron a que este heredero de esas vidas y luchas “se cansará algún día”, o que la férrea censura a esta vivencia la desaparece para siempre, o que este derrotado quijote de la Vida, que luchó por casos emblemáticos en el exterior y con acciones creativas, hoy va a combatir solo en el estrecho marco institucional de un juzgado sumiso, se equivocan. Podrán pasar meses, años, otra década, pero tendrán que pagar por esta envilecida injusticia que trastoca toda lógica neoliberal o “revolucionaria”; tendrán que pagar no solamente como Estado, sino como personas particulares; es decir con sus bienes y las tranquilidades casi burguesas de su buen nombre y sus hogares que tendrán que enterarse, tarde o temprano, de atrocidades como ésta, que se multiplicaron a nivel nacional en nombre de razones de Estado. Tendrán que responder pasado mañana, o algún día; aquí, o en el exterior; en Quito o en Bruselas; a donde vayan tendrán que responder por esta demanda que les he puesto, por los derechos más elementales y la Vida, por mi mujer y por mi hija.