Colombia es un país en donde la violencia contra las mujeres se manifiesta de múltiples formas, pero no voy a contarles cuáles y cuántas son esas formas. Les quiero compartir este artículo sobre la expresión máxima de la utilización y comercialización del cuerpo femenino, ya no el de las mujeres, a la que nos tienen acostumbrados los canales de televisión nacional, que exportan una imagen estereotipada y estigmatizadora de las mujeres, sino el de las niñas, que ahora ya no sólo participan en los tradicionales reinados, al estilo “La niña Colombia” sino que lo hacen en una competencia llamada “Miss tanguita”. Una forma más de perpetuar las prácticas machistas desde la infancia y de violar sus derechos. Vergonzosa la actuación de quienes promueven estas prácticas, el ex senador Marco Alirio Cortés, de los padres y madres que las apoyan y de las empresas del mal llamado espectáculo que se lucran de ellas.

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Foto: www.elintransigente.com

Niñas de entre 6 y 12 años desfilaron en tanguitas frente a la multitud que debía elegir la cola más bonita. Eso sucedió en el Festi-río que se celebra en el municipio de Barbosa, Santander. El evento lleva 20 años haciendo lo mismo, pero esta vez se encendió la polémica: “aberrante”, dijeron desde el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. “Miss tanguita es el resultado de la constante sexualización y cosificación de las mujeres”, argumenta en esta nota Julieta Penagos, integrante de la Red de Periodistas con Visión de Género.*

Por Julieta Penagos

Recientemente vimos la polémica que se armó por la elección de Miss tanguita. Las autoridades locales han asegurado que el desfile cumple con todas los requerimientos legales y que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar -ICBF-, otorgó el permiso con la única exigencia del permiso de padres de familia o acudientes de las niñas.

Cristina Plaza, directora del ICBF, visiblemente molesta, con un poco de intuición y las mejores intenciones (recordemos que viene de la Alta Consejería para la Equidad de la Mujer) consideró el hecho “aberrante” por violar los derechos de las niñas.

La respuesta de la ciudadanía local ha sido la de respaldar el concurso, por considerarlo inofensivo. La actitud de las niñas, justifican, no es inmoral ni pecadora.

Algunos elementos que expondré darán herramientas para el debate sobre lo que está pasando con Miss tanguita y sobre la adecuada intervención del ICBF. Retomando a Cristina Plazas, el evento en sí es, básicamente, aberrante. Miss tanguita es el resultado de la constante sexualización y cosificación de las mujeres en todos los soportes de la publicidad e información. En ese sentido, el Estado, los gobiernos, los medios de comunicación, la escuela y gran parte de la sociedad civil, son responsables por la omisión y el desconocimiento con que se ha venido manejando el tema.

El impacto que tiene la cultura de las princesas y sus roles sociales, formas de comportamiento y proyectos de vida, inciden de manera directa sobre los valores de las niñas, sobreponiendo sus atributos físicos desde muy temprana edad como claves para establecer relaciones desiguales con otras niñas, niños y personas adultas.

Sus patrones de comportamiento están siendo orientados para que respondan a exigencias sociales sobre la forma en cómo las niñas (que son las futuras mujeres) deben estar en el mundo siempre atentas a lo que quieren los otros (niños u hombres).

Preservar valores que vayan más allá de la supremacía de los atributos físicos para que se instauren en los imaginarios colectivos otras formas de establecer relaciones y de ver y asumir a las mujeres y a las niñas, debería de ser una responsabilidad normativa y ética de los gobiernos, así como iniciar procesos colectivos de formación y sensibilización, para que quienes defienden estos espacios (que entre otras son también víctimas de la cultura) entiendan las consecuencias futuras, personales y sociales que trae este tipo de eventos.

El ICBF y las demás instituciones del Estado deberían de recordar, además, todos los tratados internacionales que Colombia ha firmado y ratificado en donde se ordena y recomienda a los Estados y gobiernos las formas adecuadas para crear iniciativas que generen igualdad entre hombres y mujeres, niños y niñas.

Artículo tomado de Colombia informa

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