‘No tenemos otro mundo al que podernos mudar’.

Gabriel García Márquez

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Foto Prodavinci

Por Alexis Ponce *

Pésima, inhumana, típicamente demagógica, patriotera y nada bolivariana, la medida del presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su gobierno, de cerrar las fronteras en una de las zonas limítrofes del continente más empobrecidas, y de expulsar a cientos, miles ya, de colombianas y colombianos, mujeres y niños entre ellos.

Por los suelos han quedado las cacareadas “ciudadanía universal”, “el pasaporte sin fronteras de la Unasur”, “la integración latinoamericana”, “el sueño de Bolívar”, “la Patria Grande sin hitos fronterizos”, etcétera.

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Foto El nuevo diario

Si querían detener paracos (paramilitares) asesinos que fueron hallados aún en la propia Caracas, debían aplicar la ley rigurosamente, detenerlos A ELLOS, e incluso ejecutar medidas en su contra en el territorio fronterizo para acabarlos, pero no tenían que actuar como chafarotes, al estilo Diosdado Cabello y su programa de tv propio “Con el mazo dando“, ni desquitarse con la población civil refugiada, emigrante, desplazada o sin papeles, en condiciones de “ilegalidad“, término y política que se mira en Trump y los republicanos de Texas contra los “mojados“, chicanos y mexicanos, que intentan atravesar la frontera, o en los europeos con los sirios.

Pésimos precedentes regionales acaban de dar estos gobiernos, pues junto a la salida de Manuela Picq del Ecuador, esta medida violenta de los militares venezolanos y de Maduro, sólo significa que -llegado el caso, con la justificación que sea, no importa el credo, ideología, formación política, tratados internacionales de derechos humanos suscritos, nuevas constituciones o discurso latinoamericanista- actuarán como actúan sus adversarios políticos en el mundo.

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Claro que estas medidas lo hacían también “el Chivo” Rafael Trujillo con los haitianos, Duvalier con los dominicanos, Somoza con los ticos, los militares hondureños con los civiles salvadoreños, los militares salvadoreños con los civiles hondureños, la dictadura de Pinochet con todo el mundo, Hussein con los kurdos, y así, ad-infinitum. Pero eran “ellos“, es decir era otra ética, se supone. No pueden justificarse estas medidas contra cientos de colombianas y colombianos con el “Pero ellos también lo hicieron“, porque no solo es un argumento pobremente parroquial, sino que envilece a quien lo esgrime.

O,peor aún, justificarlo con “Es nuestra seguridad, nuestro derecho, nuestra integridad para protegernos del terrorismo paramilitar“.  Recuerden que, exactamente, pero del otro lado, ese era el discurso de George W. Bush para legitimar su “Guerra Infinita“. Así que okey, de acuerdo, están en su ‘derecho’, pero no se llamen bolivarianos ni humanistas, por favor. Y no vuelvan a mentar, por lo menos delante mío, a Antonio Nariño y Manuela Sáenz.

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Foto:CNN Español

Tan torpe resulta la medida venezolana, que hoy el principal causante de la ola de desplazados y generador de exiliados, desterrados y refugiados desde territorio colombiano a sus países vecinos (Venezuela, Ecuador y Panamá) a finales de los años noventa y en la primera década del siglo 21, Álvaro Uribe Vélez, hoy -demagógicamente- afirma en medios mundiales y en redes sociales, alabado por lo más ignorante de la virtualidad latinoamericana, venezolana y ecuatoriana, que prestará su hacienda; y hasta se da el lujo de convocar hipócritamente a que otros terratenientes -y paracos, seguramente- presten las suyas y den trabajito a los expulsados por los chafarotes de Maduro. Exactamente como los europeos condoliéndose de los africanos: hipocresía pura.

En los años setenta y ochenta tuvimos olas masivas de éxodos y desastres humanitarios en el Cono Sur y Centroamérica, producto de las tiranías militares de extrema-derecha; luego, en los noventa, padecieron cosa igual el Perú de Fujimori y la Colombia de Virgilio Barco, Pastrana y los demás.
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Treinta años después, tenemos este nuevo desastre humanitario, producto de una democracia de izquierda: ¡qué vergüenza de medidas, Maduro! Las izquierdas colombianas callan, Piedad Córdoba, con espacio propio en Telesur desde hace años, lo justifica con el discurso de legítima defensa contra los paracos.  ¿Y las izquierdas bolivarianas del Ecuador y el continente? Un gran y largo silencio, que pronto será roto, estoy casi seguro, con otro discurso legitimador.

Cuando los cientos o miles de refugiados y refugiadas, una o dos décadas después, sean otros y otras, los que hoy callan rasgarán sus vestiduras.

Colombia: no eres solo Uribe ni paracos. Eres ellas, eres mi corazón.

Defensor de los DDHH ecuatoriano.

Dedicado a ellas: Nelly, Leydy H., Diana N., María V. y ‘Juana de Arco’.