… Y el mismo está simbolizado en todo lo que acaba de suceder en Ecuador, tras la gris aprobación de numerosas reformas estructurales a la Constitución, algunas de ellas contrarias al génesis fundacional de la Carta Magna en Ciudad Alfaro, siete años atrás.

Foto_enmiendas_dic._2_Foto_El_Universo.jpgFoto: El Universo

Editorial de Mujeres Contando-Ecuador

El principio del fin está simbolizado en las fotografías de cientos de colchones para cientos de soldados encargados de cuidar el muy democrático y nada policíaco local de la Asamblea Legislativa de hoy –que fue el mismo local del antiguo Congreso de ayer, del congresillo de un siempre-; o en las torcidas ‘enmiendas’, o reformas, o cambios, o el término legalista que se elija o guste, y que poco sirvió, que no sirve, para identificar y oponerse con eficacia a un tema que nunca fue doctrinario, semántico, jurídico, constitucional o legal, sino político y de relación de fuerzas -con o sin fuerza- en un marco fabricado a su medida para que “la ilegalidad legalmente impere”.

El principio del fin está en esos remiendos, pero remiendos profundos, totales, a una colcha constituyente ‘made in’ Montecristi donde miles anhelamos, allá entre los años 2004 y 2008, que marcara un antes y un después en la triste y repetitiva historia constitucional del Ecuador, y que la Constitución que allí se pariera, funcionase un día a la manera de un Gran Paraguas de Derechos para todos y todas, sobre todo si llovía represiones desde el propio Estado algún día… Y junto a esos significantes, estos remiendos inconsultos que no se consultaron al soberano y en tiempo récord se aprobaron.

El principio del fin se puede leer en la noticia que informa que Betty Carrillo –ya no el señor Alexis Mera, sino Betty Carrillo, de pasado maoísta radical ojo- dizque amenazó con sanciones disciplinarias al asambleísta de PAIS Fernando Bustamante, por no votar en montón, por abstenerse, en gesto que lo honra.

El principio del fin se mira en el amurallamiento físico de quienes aprobaron el adefesio que sepulta la Constitución de 2008 con todo y restos del General Eloy Alfaro, como en las peores épocas de la ‘partidocracia’ amurallada del ayer.

El principio del fin se escucha en la tristísima celebración –demostración- de rastacuerismo hecho carne en el discurso de la señora Gabriela Rivadeneira, o en el ridículo joropo juridicista del más vasallo de todos los vasallos: el asambleísta oficialista por Esmeraldas, Gabriel Rivera; o en la verborrea  encendida y seudo-revolucionaria del asambleísta Solano, del partido aliado, el viejo Partido Socialista experto en “muñequeo” siempre a cambio de algo.

El principio del fin se huele, porque huele mal, en las pobrezas intelectuales tras la repetitiva mención genuflexa del “hecho histórico”, “hito histórico”, “aporte histórico” y otros endebles argumentos anti-históricos (por monárquicos o de secretarios generales indefinidos).

Todo eso, más la bronca afuera, durante todo el día, señala ya un escenario por lo demás previsible desde la primera derrota electoral de 2014: el principio del fin, que quizás pueda demorar un poco más, o mucho más incluso de lo debido, pero que es ya irreversible: el inicio del fin. Así que, por favor, que Quito no se estrese, ni su población se entristezca, no. No se preocupen quiteñas y quiteños; ecuatorianas y ecuatorianos. Nunca ha sido más cierta la frase, esa sí histórica: “Mientras más oscura la hora, está más cercana la aurora”.

No es momento de la tristeza, de lamentos o derrotismos. De la indignación, sí. Pero eso es otra cosa. Recordemos el parecido con lo ocurrido a  finales de 2004, cuando algunas personas llenas de indignación lloraban a lágrima viva, pues su lucha contra la Pichi-Corte, es decir en similares y estrechos marcos de la pelea que ellos, ellas y otros dan hoy, contra las reformas- no daba resultado alguno y parecía afianzarse el régimen de Gutiérrez. Muy tristes, citaban que Lucio Gutiérrez había decidido traer a Bucaram y eso significaba la total derrota de la democracia, de la ley, de la Constitución, del marco legal, de la doctrina, de la oposición y del pueblo.

Ante la sorpresa de quienes se lamentaban, lo que estaba claro entonces era la derrota inexorable de Gutiérrez, pues traer a Bucaram era el inicio del fin, la espoleta que se necesitaba para que empiece la hora cero. En menos de cuatro meses, ese escenario sucedió.

Acaba de pasar casi lo mismo, pero no necesariamente con desenlaces similares, quizás nuevos, no golpistas, sino electorales, e incluso como en el caso de Colombia: el uribismo inccubó el santismo, que una vez en el poder, se desembarazó del caudillo. Hoy tuvimos un congreso sitiado, como los poderosos del mundo en París, sitiados durante la Cumbre del Cambio Climático y unas tristes ‘enmiendas’ enmascarando… el fin.

Es urgente aprender de la historia, mejor si es la propia. Para ello sirve leerla, para entender qué ha ocurrido, cómo afrontarla y para no dar “palos de ciego” en las estrategias a seguir.

El poder se ríe, el nuevo Velasco Ibarra se ríe, los 100 se ríen, porque miles en la oposición y analistas miran y marchan al son de la lógica que el poder trazó y desea. Porque el tema siempre fue político, no legal; siempre fue ilegal, no constitucional ni jurídico, sino de fuerza. En esos dos terrenos, el político y el de relación de fuerzas, hay que entender lo ocurrido y prepararse para actuar mañana. Por eso hay que ‘celebrar hoy’: en medio de las mismas caras largas de ese lejano 2004, se anuncia el inicio del fin del Correísmo. No pudo culminar los sueños represados de décadas y llegar a ser revolución, y al no serlo, se convirtió en bonapartismo, es decir en derrota estratégica embadurnada de oropeles tácticos. Acaban de terminarse. Desde hoy la historia se contará únicamente dentro de un tobogán.

Algunos libros, que el 99,9% de ecuatorianos y ecuatorianas no han leído, tienen que ver con lo que acaba de pasar: ‘la reelección indefinida de 1873’, narrada ejemplarmente en las obras perseguidas de Roberto Andrade; y la ‘Biografía –panegírica- de García Moreno’, del sacerdote jesuita Alfredo Sáenz. En ambas caras irreconciliables, está el espejo borroso de todo lo que hoy ocurre.

Así que conténtense: acaba de girar la manecilla que siempre da vueltas y que hoy señala, en el reloj de la historia, la hora inicial del fin. El resto, será cosa de tiempo.

Notas relacionadas

Doris Soliz: Abstención de Fernando Bustamante en sesión de enmiendas será analizada al interior de País