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Foto: “Give peace a chance” – Pinterest.

Elaboradas por el defensor de derechos humanos ecuatoriano, Alexis Ponce, “Mujeres contando” Ecuador-Colombia envió estas propuestas a los fraternos compañeros y compañeras del ENPL (Encuentro Nacional Popular y Latinoamericano), de la Organización Popular Los Pibes y del CIEPE, de Argentina, para que puedan ser leídas y entregadas en el marco del Encuentro Mundial de Movimientos Sociales y al Papa Francisco en su visita a Bolivia.  

Cabe añadir que estas organizaciones fraternas, a través de los compañeros Walter Formento y Lito Borello, invitaron a nuestro colaborador Alexis Ponce para que asista en representación del Ecuador a este relevante evento popular con el Papa latinoamericano, pero por razones de salud solo pudo enviar estas dos propuestas que las publicamos por su importancia.

PRIMERA PROPUESTA:

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Foto: Peace on Pinterest

1. Papa Francisco, le pedimos que con su liderazgo espiritual en el mundo y, en especial, en su amada Latinoamérica, usted exhorte y halle los mejores caminos para que la CELAC declare a todo el territorio de nuestra Patria Grande, “Libre de Armas Químicas y Bacteriológicas”.

Ante la amenaza nuclear desatada a partir de Hiroshima y Nagasaki, 33 países de América Latina y el Caribe firmaron el Tratado de Tlatelolco el 25 de abril de 1969 para la Proscripción de Armas Nucleares. América Latina es, formalmente desde entonces, el único territorio mundial libre de armas nucleares y de armas de destrucción masiva.

La II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños- CELAC- proclamó a América Latina y el Caribe “Zona de Paz”, libre de armas nucleares, en continuidad histórica con el citado Tratado de Tlatelolco. Hoy es tiempo de evitar que, por vacíos legales, resolutivos o éticos, en el territorio latinoamericano y caribeño penda la amenaza en alguno de sus 33 países, de desarrollar las letales armas bacteriológicas y químicas.

SEGUNDA PROPUESTA:

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Foto: Sofía Loren. Archivos de Jot Down, Italia.

2.   El año 2000 la Iglesia Católica presentó una histórica y extensa disculpapor dos mil años de errores y pecados cometidos contra judíos, herejes, gitanos, mujeres y distintas culturas ancestrales”. En relación a las mujeres, señaló el entonces Papa Juan Pablo II: “Fueron demasiadas veces humilladas y marginalizadas”. No hubo ninguna otra referencia a ellas y tampoco se citó a la comunidad LGBT-I.  Y, aunque no se mencionó las Cruzadas, la Inquisición o el Holocausto, sus alusiones fueron claras.

En 1988 Juan Pablo II ya publicó una Carta Apostólica “Mulieris Dignitatem (Sobre la dignidad y la vocación de la mujer, con ocasión del Año Mariano). Y el 20 de junio de 1995, con ocasión de la proximidad de la histórica Conferencia Mundial de la Mujer celebrada en Beijing por la ONU, el citado Papa escribió una extensa carta donde señaló, entre otros, estos elementos:

La Iglesia desea ofrecer también su contribución en defensa de la dignidad, papel y derechos de las mujeres. Por desgracia somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud. /  Estoy convencido de que el secreto para recorrer libremente el camino del pleno respeto de la identidad femenina no está solamente en la denuncia, aunque necesaria, de las discriminaciones y de las injusticias, sino también y sobre todo en un eficaz e ilustrado proyecto de promoción, que contemple todos los ámbitos de la vida femenina, a partir de una renovada y universal toma de conciencia de la dignidad de la mujer”.

Desafortunadamente la carta mantuvo dos conceptos eclesiásticos estereotipados sobre mujeres y género: centró la misma en el “enfoque mariano” de la mujer, es decir privilegió el rol de la mujer como madre, desechando los derechos reproductivos, sexuales y genéricos de las mujeres, alcanzados en la histórica Conferencia mundial de Beijing. Y, además, no citó graves tipificaciones de violencia contra las mujeres que se han multiplicado en el mundo, como el feminicidio o la mutilación genital. Finalmente, esa importante carta, dejó claro que no reconocía otros géneros que no fueran hombre y mujer, dejando de lado realidades genéricas inocultables como las que expresa la Comunidad LGBT-I del planeta.

Veinte años después de aquella carta, los desafíos más importantes del mundo en relación a la situación de las mujeres, siguen siendo la pobreza, la violencia y feminicidios, la redistribución desigual de los ingresos, la cosificación de sus cuerpos y las desigualdades por género, raza y etnia.

Considerando la trascendencia histórica de su reciente Encíclica “Laudato Si”, franciscana y ecologista de la primera a la última línea, que nos manda a amar, respetar y cuidar a la naturaleza como a Dios y a la humanidad;  siendo la primera Encíclica de la Iglesia Católica en dos mil años de historia que refiere al medio ambiente y la ecología; y tomando en cuenta todo lo citado en relación a los tres más recientes documentos de la Iglesia Católica sobre las mujeres, le solicitamos, estimado Papa Francisco, que usted analice, se de el tiempo para ello, a fin de que con la participación de las organizaciones de mujeres y LGBTI del mundo, intelectuales, religiosas y expertos que usted convoque, se preparen las condiciones dentro de la Iglesia, para dar el siguiente salto cualitativo y necesario en dos mil años de historia de la misma: la redacción y publicación de su nueva y esperada Encíclica sobre las Mujeres y comunidad LGBTI, dando cuenta de la historia de persecución en su contra, de todos sus derechos humanos y del cambio cuántico que la Iglesia Católica, en el tercer milenio, está llamada a generar para el cambio cultural progresista en sus congregaciones, creyentes y el mundo entero.