Por: Alexis Ponce

María Félix. Ella es México. Solita, ella ES el cine mexicano.

Mis otros rostros de México, inolvidables, son y serán mi Chavela Vargas, mi Dolores del Río, doña Frida, en el ahora Lila Downs y, en el más acá, en pleno corazón a la izquierda, desde los 70 y para siempre, mi Ofelia Medina, y mi Ana Colchero, zapatistas las dos.

María Félix montaba a caballo, fumaba cigarrillo y puro, bebía tequila, mezcal y, solo a veces, pulque, aunque mucho menos que mi Chavela; y disparaba fusil y pistola con puntería de amante en sus legendarias películas y cuitas de amor. Así la recuerdo: soldadera inmortal; fumando siempre. Y sus ojos, que daban miedo de tan bellos.

Su voz me recordaba, no sé por qué, a mi tía Loly: así de fuerte, así de hermosa. Yo creí, durante mucho tiempo, amando su temple, que así debió haber sido el carácter de nuestra Manuela Sáenz.

Mi madre la adoraba. Por ella la descubrí en el cine, en el canto (menos) y conocí de su famoso romance y matrimonio roto, con el pianista triste, Agustín Lara. Sólo cuando crecí, y la vi, y leí de ella y sobre ella, y supe de sus siete vidas, comprendí que, en efecto, solo se la podía adorar.

Aplausos, pues, a esa vida colosal que amé, a través de las historias contadas por mi madre, primero; y, años más tarde, gracias a las historias compartidas por mi padre. Para ellas dos y para él, todos mis recuerdos los abrazan, sin tequila ni mezcal en esta medianoche, por “La Doña”, vencedora de mi infante adolescencia…

posdata, sin mayúsculas… y ahora que un país, “cuyo nombre empieza con e, termina con r y tiene siete letras”, al que quiero más que a “La Doña” y menos que a la Tierra, me ha dejado un irreversible mal sabor en el alma; quiero recordar una revolucionaria frase en su México que tanto amé.

(por esta frase, como supondrá Usted, mi “Doña”, hoy la quiero más, mucho más, siempre más).

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