Por Nelly Valbuena Bedoya

El domingo 19 de octubre de 2003 la vida de Francia Elina Rojas cambió para siempre. Muchas veces se despierta hablando sola: “Si no hubiéramos tomado justo esa calle, tal vez hoy mi vida sería otra. Mi esposo y mi hijo…”

No puede completar la frase, ya entendible. Un nudo ciego se le atraviesa en la garganta, mira a su pequeña hija y continúa el relato como queriendo exorcizar ese instante que la marcó para siempre.

La historia de Francia Elina Rojas resume la invisibilizada memoria de miles de colombianas y colombianos que pudieron sobrevivir (pero a qué costo: sin piernas, o brazos, o pies…), y la memoria de al menos 359 víctimas fatales al año, que dejan las minas antipersona en Colombia, como consecuencia del largo conflicto armado.

Según el vicepresidente Angelino Garzón, quien habló en la inauguración de la Conferencia Global de Asistencia a Víctimas de Minas Antipersonales, “las guerrillas deben suspender la utilización de las minas en Colombia”.

Garzón insistió en que no sólo en Colombia, sino en todos los Estados que han declarado su responsabilidad por el bienestar de los sobrevivientes de minas antipersonales, se debe dejar de utilizar este mecanismo nefasto como arma de guerra”.

El recuerdo resucita. “No quiero volver”

En 2009 Mujeres contando en voz alta habló con Francia Elina Rojas, víctima sobreviviente de una mina antipersonal en San Vicente del Caguán, municipio del departamento del Caquetá, paradójicamente utilizado como “zona de distensión” en el 2000, para el fracasado diálogo de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las FARC, el que al concluir abruptamente, entre las partes endilgándose la culpa por la ruptura del proceso, ocasionó la profundización y consecuente degradación del conflicto interno armado.

Ese lugar, El Caguán, donde vivía Francia Elina, fue saturado de minas antipersona, mal llamadas “quiebra-patas”, por las tropas de las FARC que se retiraban apresuradas de la zona y que, así, intentaban detener el asalto de las tropas aéreo-transportadas del Ejército a ese territorio, para capturar al líder de la fuerza irregular, Manuel Marulanda Vélez, “Tirofijo”.

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Las FARC siempre justificaron la “siembra de minas” en El Caguán y el país con ese argumento, pero desconocen olímpicamente, hasta el dia de hoy, que las minas antipersona no discriminan guerreros de civiles, y que su utilización es considerada un crimen de guerra. Obviamente, las FARC ni siquiera conocen que Francia Elina perdió a su esposo e hijo, y su pierna derecha.

Cerca de cinco años han tanscurrido y nada ni nadie le podrá devolver la vida perdida y su pierna mutilada a Francia Elina Rojas, tras aquel paso fatal de un día domingo 19 de octubre del 2003. Pero lo que sí puede y debe pasar, es concretarse un enérgico y real compromiso por parte de los distintos actores del conflicto en Colombia, para erradicar por completo el uso de esta arma y comprometerse al desminado urgente en todo el territorio nacional.

Nada justifica el uso de las minas antipersonales, ni una guerra, ni la aniquilacón del enemigo ni una revolución social. Y menos aún en el marco de este nuevo proceso de paz que hoy se adelanta en La Habana entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC.

La pierna derecha y la vida de Francia Elina, todavía no están en la mesa de negociaciones de La Habana.

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