Éste trabajo obtuvo el segundo puesto en el I Concurso Internacional sobre Periodismo y Género en 2008, organizado por el Proyecto CEDAW Argentina del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), la asociación civil Artemisa Comunicación y el Área de Género y Derechos Humanos de las Mujeres del Instituto de Derechos Humanos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP).

Lo publico aquí a solicitud de algunas personas que me han escrito al mail de Mujeres contando en voz alta. Al final pueden encontrar los link del primer lugar,  Lillian Bento de Souza, Brasil y el tercero, Elisabet Contrera, de Argentina.

Por Nelly Valbuena Bedoya

Ahí estaba, al borde de la carretera, debajo del techo de una casa que alguna familia abandonó huyendo del dolor y de la violencia que se vive en El Diviso, corregimiento de Barbacoas, municipio colombiano ubicado al sur del departamento de Nariño, en la frontera con Ecuador.

Esperaba que el bus de las siete de la mañana, que llega de Tumaco me regresara a Pasto. Decían que no estaban mandando buses porque la guerrilla había quemado cinco la noche anterior. De pronto, desafiando la lluvia menuda, apareció Miryam…

Venía con la mirada cercada por ese ardorcito que surge segundos antes de que el llanto se  desborde, con el dolor regado, con la angustia aferrada a su garganta y con el cuerpo sudoroso y cargado de tristezas. No tuve tiempo de preguntarle nada, sus palabras empezaron a salir y casi sin respiro un atasco de emociones empezó a desatarse…

Mi historia es muy triste. Por la violencia dejé mi trabajo. Por amor… ni le cuento.

Miryam es una mujer alta y delgada. Su piel dorada por el sol muestra su juventud, a pesar de la curvatura que su cuerpo exhibe, como una palmera que se resiste al paso inclemente de una vida consumida sin remedio. Alrededor de sus ojos se extienden unas impenetrables arrugas que delatan la soledad que no la abandona. Mientras se acomodaba en un butaco, su alma arqueada como su espalda se extendió sin reservas.

–Me desplacé del Putumayo por la violencia. Muertos sobre muertos y amenazas. Trabajaba en una escuelita rural en Orito. Pisando el 2000 llegó el comandante de la guerrilla, un tal Oliver. Todos lo respetaban porque era ‘tenaz’. Llegó con un contingente.

–Buenos días profesora.
–Sí a la orden…

Me dijo: –Mande los niños a sus casas, que le digan a sus papás que el segundo frente de las Farc los necesita.

A las dos horas todos estaban ahí y él dijo: ”Esta reunión es para decirles tres cosas. Una, se nos vino la guerra; dos, necesito gente; y tres, los que no son propietarios de finca, trabajadores, obreros y raspachines, váyanse. Tienen tres horas para desalojar el caserío y si los encuentro en la Bocana me los arrastro pa’ la guerrilla. Esto se putió”.

Alcancé a decirle ”yo soy de contrato” y me contestó –”si no es plaza en propiedad lárguese, no la necesitamos, esta escuela se acabó. Se acabó el Putumayo, ¿entienden o no?”.

Salí con lo que tenía puesto. Nos tiramos por la montaña, la guerrilla se había tomado las carreteras. Caminé cinco días para llegar a mi casa en Orito. Ahí renuncié, estaba embarazada de mi tercer hijo. A mí debían reubicarme pero el papá de mi hijo se había venido para Ancuyá, entonces decidí buscarlo.

De repente un viento descolorido le trajo un espacio sin aire archivado en un hueco perdido de su corazón…

–Ancuyá es un pueblito muy cerca del volcán Galeras. ¡Qué tenacidad que es para vivir allá! No sé cómo subsiste la gente pa’ diosito santo. Ahí vivimos dos años dando gracias a mi Dios Todopoderoso. Un día un amigo nos mandó para una finca en Llorente. No teníamos otra salida, mi marido lo único que sabe es trabajar en la coca. Me tocó coger machete, ampollarme las manos y raspar coca.

Mi marido quimiquiaba la hoja de coca en el Putumayo, sacaba una mercancía excelente. Cuando lo conocí los comandantes de la guerrilla lo buscaban para lavar mercancía dañada. En poco tiempo tuvimos platica, nos hicimos a una casa y pusimos una caseta bailable. Todo iba bien hasta que mi marido se fue con una muchacha. Yo tenía ya a mi cuarto hijo. Se transformó, dicen que la plata y la coca dañan a las personas.

Allá en Llorente la única autoridad es la guerrilla y como tenía tantos problemas me decían –”Miryam, échele la guerrilla a ese hombre”. Fui donde el comandante. Él lo llamó y le dijo: –”¿Sabes qué?, ella es tu mujer, con ella has conseguido lo que tienes y si ya no puedes vivir con ella coge tus pesos y te largas. Te doy dos días para que te desaparezcas”. Pero él no hizo caso, venía a la casa y se quedaba. No volví donde el comandante porque tampoco quería que lo mataran. Ellos advierten hasta dos veces y a la tercera no la perdonan.

En los dedos largos y gruesos de  Miryam se han ido alojando capas de piel, como llagas encendidas en el tiempo. Después de un largo silencio su mirada se perdió entre sus dedos y por unos instantes dejó de darle vueltas al anillo de plata que llevaba prendido a su mano derecha. Entonces su pensamiento, acompasado por el eco de unas carcajadas se mudó a una calle polvorienta de su pueblo.

Mi mejor amiga se llamaba Consuelo, estudiamos juntas. Las dos cumplíamos años en abril. Justamente en ese mes se ennovió con un señor mayor que ella. Eso fue como en 1986. Me acuerdo porque íbamos a cumplir los 15 años. Al otro día de mi cumpleaños se voló de la casa con Miguel. A los dos años regresó con un niñito.

Miguel y Consuelo se instalaron en El Tigre, un pueblito cerca de Orito, en la carretera principal hacia el suroeste del Putumayo, ahí pusieron una tienda. ¿Se acuerda que en 1999, exactamente el 9 de enero, se metieron los paramilitares a ese pueblo? Unos días después de que el presidente Pastrana iniciará los diálogos de paz con las Farc*. Dicen que llegaron como unos 150 hombres armados hasta los dientes y mataron a machetazos a 26 personas en la plaza principal y desaparecieron a 14 más. Entre los muertos estaba Miguel y entre los desaparecidos Consuelo. Algunos familiares que llegaron a buscar a sus muertos los encontraron tirados en la carretera pero otros no hallaron cuerpos pues a muchos los botaron al río. Los padres de Consuelo encontraron a sus nietos sentados en el andén de la casa, con la mirada prendida en la espera y en los despojos de las almas que se fueron. En la pared de la tienda quedó un letrero que decía “AUC** venimos para quedarnos. El Tigre será borrado del mapa”.

Un torrente de nostalgias secas se fue apoderando de la voz herida de Myriam. Su mano izquierda volvió a marcar con el anillo el paso impetuoso de un momento a otro.

Las fumigaciones son terribles, han sido la base de la pobreza y sin alternativas. Pasa una fumigación y no queda nada para comer. En Llorente toca comprar el plátano al Ecuador pues lo único que se salva son las palmas de coco, el chontaduro y los palos de limón.

Hace unos meses pasó la fumiga, por eso las cosas están tan mal. Ya antes estuvo el arranque. Arrancaron todas las matas de coca. La gente después de eso vive de las puras esperanzas de volver a sembrar. Hasta por la huerta de la escuela pasó la fumigación. ¡Yo no creo que una cancha de fútbol no se vea desde el cielo!

Los recuerdos como dardos se fueron amontonando en su memoria. De nuevo sus manos volvieron a quedarse quietas como si un código en ellas le revelara el paso fugaz  de un amor que ella creyó ‘para siempre’. Entonces su rostro se iluminó dándole paso a una generosa sonrisa que ahuyentó la penumbra que cortaba su mirada. 

 _ ¿Sabe cuál fue el momento más feliz de mi vida? Fue el día que nos conocimos con Demetrio en una caseta. Yo era muy joven pero ya tenía dos hijas y pensaba que nunca más me iba enamorar, pero apareció él y volví a creer.

Esa noche bailamos y cantamos en el karaoke rancheras y vallenatos. Uno que no olvido dice: ”en cada recuerdo que guardo está inevitable tu imagen como el tiempo en los años y en las penas la sangre… mi paz, mi zozobra, amor sin fronteras…”.

Un suspiro abismal la sacó de esa noche y la dejó en medio de su casa en Llorente, a su lado Demetrio. Algo en sus palabras le decía que no cambiaría, pero ella en el fondo de su corazón quería creerle…

– Cuando mi marido volvió me dijo ”vendamos la caseta y comprémonos un taxi”. Pensé que iba a cambiar y acepté. Ilusionada le dije listo. Vendió en siete millones la casa y los cogió todos. No sé qué hizo con la plata. Se tiró el plante. Lo peor es que se fue con una prostituta de la Calle Oscura.

– ¿Usted conoce la Calle Oscura? Es una calle desechable en Llorente. No hay sino chongos, o prostíbulos. Los domingos llegan raspachines, –los que raspan la hoja de coca–, vendedores, compradores, cocaleros y gente buscando empleo.

El trabajo que tengo me lo consiguió un vecino. Un día le dije – yo soy bachiller, tengo experiencia en docencia en el Putumayo y me dijo présteme la hoja de vida pero no la tenía, porque mi primer marido en una pelea me la quemó con la cédula y el diploma.

Mientras se sumergía en el laberinto de sus recuerdos, más indescifrable le parecía ese túnel de la realidad en el que había vivido.

– Hace unas semanas tuvimos un careo en el Bienestar Familiar para que me pase algo para los niños, pero dijo que no tenía trabajo y que sólo alcanzaba a darme 15.000 pesos cada mes.

No sé si lo quiero. Cuando pienso en lo que hemos vivido creo que el amor ya no existe. Ahora estoy pensando porque mi contrato se acaba y no hay renovación. Una de mis hijas que terminó el bachillerato tampoco sabe qué hacer porque en Llorente se acabó el trabajo. Después de que pasa la fumigación todo el mundo queda amarrado. Todos vivimos de la coca, unos más que otros. En estos días me dijo –Mamá estoy dispuesta a irme con el Ejército o con la guerrilla. No tengo casa, vivo en la escuela que queda a seis horas de camino a pie. Verá usted que en estas circunstancias el Bienestar Familiar me quita los niños… Dios quiera que salga algo.

Pensé que no pararía nunca pero al fin hizo una pausa y dejó de darle vueltas al anillo. En ese mismo instante, el tiempo -que parecía haberse confundido entre las palabras de Miryam- volvió a su andar y la carretera ensimismada continuó su marcha. Como un espectro, de una curva apareció, a las ocho de la mañana, el único bus que la noche anterior se salvó de la quema, a escasos 100 kilómetros de Tumaco…

*Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

** Autodefensas Unidas de Colombia.

Artemisa noticias
I Concurso Internacional sobre Periodismo y Género: Brasil obtuvo el primer premio

http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=45&idnota=5947

Segundo lugar: La memoria en la piel

http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=26&idnota=5955

Tercer lugar: Las casas de inicio: un escalón previo a la esclavitud sexual

http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=30&idnota=5973