Tradicionalmente el fútbol ha sido ‘cosa de hombres’. Las mujeres estuvieron relegadas de él. Sin embargo, hoy muchas juegan al fútbol a pesar de enormes dificultades: escasos presupuestos, inequidades, pocos clubes  y, sobre todo, estereotipos en su contra. Mientras esperamos el pitazo inicial en Brasil 2014, recordemos lo que han tenido que superar las mujeres para llegar a las canchas mundiales. ¿Quién dijo que ha sido fácil?

Por Nelly Valbuena Bedoya

En 1892, la historia del fútbol se partió en dos al presentarse el primer encuentro futbolístico entre mujeres en Glasgow, Escocia. Desde ese momento este deporte que por siglos fue catalogado como exclusivo para los hombres abrió una rendija a la igualdad de género. Dos años después, en Inglaterra, Nettie Honeyball, defensora de los derechos de la mujer, fundó en 1894 el British Ladies Football Club, primer club de fútbol femenino. Una provocación para los caballeros de la época que veían cómo las mujeres empezaban a reunirse en torno a “su balón”.

Empero, solo hasta 1970 se pudo jugar el primer campeonato mundial de fútbol femenino en Italia, aunque sin el reconocimiento de la Federación Internacional de Asociación de Fútbol, FIFA. Tras la exhibición de técnica y dominio del balón mostrado por las mujeres, en 1971 la Unión Europea del Fútbol, UEFA, solicitó a sus asociaciones apoyo para promover el fútbol femenino. Las selecciones sobresalientes fueron Dinamarca, Italia, Inglaterra y México.

Así pues, el fútbol femenino profesional se abrió espacio en Europa desde los 70 cuando las mujeres jugaban con faldas, pues la pantaloneta era permitida solo a los hombres. Las noruegas impulsaron este deporte en el Congreso de la FIFA en 1986, en México. Ahí presionaron al entonces presidente de la FIFA, Joao Havelange, para que permita la realización de un torneo experimental que se concretó  en 1990.

Solo a partir de allí las asociaciones vinculadas a la FIFA aceptaron el balompié femenino, lo que condujo a la realización de la Copa del Mundo. China fue la sede de la fase final, donde las estadounidenses quedaron campeonas en 1991. En las olimpiadas de Atlanta en 1996 se terminó de incorporar al fútbol femenino. En esa olimpiada las mujeres marcaron más goles que los hombres, cometieron menos faltas y recaudaron más dinero, pues en EEUU se prefiere el “soccer” femenino por encima del masculino, al punto que tiene más de 13 millones mujeres practicantes de este deporte.

Europa, EEUU, Japón y China son los centros de mayor desarrollo del fútbol femenino. Los salarios de sus jugadoras profesionales son altos, aunque nunca llegan a ser iguales a los de los hombres. En cambio, las regiones de mayor retraso son América Latina, África y los países musulmanes.

Captura de pantalla 2016-08-07 a las 5.24.55 p.m.La FIFA considera que hoy más de 40 millones de mujeres practican el balompié. Pero hay que recordar que no ha sido fácil y que las deportistas iniciales tuvieron que sobreponerse a restricciones y postulados “biomédicos” que subestimaron el papel que las mujeres podían desempeñar en este deporte.

En Brasil, un país con amplia cultura futbolística, los detractores plantearon que el escenario natural de las mujeres es la maternidad y no el fútbol. Tal estereotipo era justificado por un hecho cierto: que dar a luz significa fragilidad y por ello no era posible que las mujeres practicaran un deporte fuerte que demandaba choques y demasiado esfuerzo físico cuando están embarazadas.

Por años sigue vigente en la mente de muchos, no sólo en Brasil, sino en todo el mundo, aquel estereotipo: las mujeres son frágiles y vulnerables, por lo tanto no están hechas para el fútbol.

Pero el mito no se quedó solo en el imaginario social, expresado en bromas y comentarios de mal gusto, sino que se llevó a las leyes. En 1941, en Brasil, el Consejo Nacional de Deportes promulgó el Decreto Ley Nº 3.199, que en su artículo Nº 54 ordenaba que “las mujeres no podrán practicar deportes incompatibles con su naturaleza”.

Entre 1941 y 1965 esa prohibición llegó al  extremo con la deliberación Nº 7 que definió las reglas para la participación de las mujeres en los deportes y que cerró cualquier participación de las féminas en el fútbol a campo abierto, de salón y de playa, y en el polo, béisbol, box y luchas de cualquier naturaleza.[1]

Durante décadas las mujeres deportistas, no solo las futbolistas, debieron resistir  los imaginarios de la fragilidad y los estereotipos patriarcales que las trataban de “marimachas, lesbianas o tortilleras”. Era inadmisible una mujer casada, con hijos y pareja, que jugara al fútbol.

El mito arraigado de la debilidad femenina empezó a agotarse cuando los gimnasios y la tonificación muscular se pusieron de moda. Y luego Hollywood y los medios hicieron el resto: muchas artistas famosas recurrieron al ejercicio, incluso de fuerza, para mantener sus cuerpos definidos y posicionar la imagen de la mujer musculada, deportista, libre, y -para colmo- peligrosa boxeadora, luchadora o… futbolista.

El caso colombiano

Las mujeres siempre han jugado en las universidades, especialmente en Bogotá. Pero el estigma generalizado hizo aún más complejo el camino para que las mujeres practicaran el deporte que genera más pasión y negocios en el mundo. Debieron empezar con el fútbol de salón pero la calidad de las deportistas llevó a algunas de ellas a jugar en algunos equipos profesionales y eso condujo a que hoy, antes de los 11 años, en los clubes se juegue con categorías mixtas.

Pero cuando las mujeres empezaron a manejar el balón y a jugar fútbol casi  como lo hacían los hombres, ellos, e incluso familiares de las jugadoras radicalizaron los estereotipos y a toda mujer futbolista se le motejó de  “marimacha”.

Fueron las vallecaucanas las que llevaron los partidos a los parques, logrando la organización de la División Aficionada del Fútbol Colombiano que más tarde permitió la existencia de juegos interdepartamentales. Desde 1991 se realiza anualmente el Campeonato Nacional de Fútbol Femenino.

Hoy en día, la Selección Colombia tiene jugadoras como Ana Gabriela Huertas, una bogotana de 21 años, volante de creación y marca que empezó a practicar el fútbol a los 6 años cuando jugaba con su hermano, al que le ganaba siempre.

Para su familia, especialmente su papá, “lo más difícil fue aceptar que su hija menor practicara un deporte de hombres”, pero al darse cuenta de su calidad y de que llegó a la Selección Colombia, él fue el más orgulloso.

Captura de pantalla 2016-08-07 a las 5.24.27 p.m.

Fotos tomadas de la página Desmotivaciones de fútbol para mujeres

Pedro Rodríguez, director técnico de la Selección Colombia de Fútbol Femenino, sostiene que, pese al machismo y los estereotipos culturales, numerosas jóvenes practican el fútbol de manera profesional.

El factor económico también hace más complejo a las mujeres jugar, pues el fútbol femenino no genera las ganancias exorbitantes que el mercado masculino de fútbol. Si a un futbolista los empresarios de su equipo lo venden como mercancía, en euros o dólares, resulta inimaginable hacerlo con una futbolista mujer. A ellas les ofertan becas de estudio, viajes o implementos deportivos.

Cuando la Selección Masculina de Fútbol colombiana pasaba por su peor momento, la de de fútbol femenino ganó el Campeonato Suramericano en la categoría Sub- 20 en Brasil y fue declarada por la FIFA como equipo revelación del Campeonato Mundial Sub-17 Femenino en Nueva Zelanda.

Pese a esos logros, el orgullo nacional nunca alcanzó los niveles azuzados por la mercadotecnia futbolística. Por eso el cubrimiento de los medios nunca es igual y la gente en las calles decía, a modo de burla: “qué pena los hombres se dejaron ganar de las viejas”, como si se tratara de una competencia de sexos.

En otras culturas…

En marzo de 2012 la FIFA autorizó que las futbolistas musulmanas jugaran con una capucha que les tapara cabello y cuello. Y debían jugar además con camisetas de manga larga, pantalonetas hasta los tobillos y medias a la rodilla. Aunque se les permitió jugar tapadas de pies a cabeza, eso fue la evidencia de las trabas que enfrentan las deportistas islámicas.

En Arabia Saudita las mujeres que entrenan son atacadas socialmente y ninguna mujer recibe educación física en los liceos. El jeque Abdala al Mini, integrante del Consejo de Ulemas y asesor de la Corte Real sostuvo que “la virginidad de las niñas podía resultar afectada por el exceso de saltos” que requieren deportes como el fútbol.

El comité olímpico saudí jamás ha enviado una delegación femenina a las olimpiadas. Tampoco lo han hecho Qatar o Brunei, que no prohíben pero tampoco promueven la participación femenina. Solo hasta ahora, cuando Qatar aspira a ser la sede olímpica en 2020, mandó 4 mujeres a Londres. Qatar y Arabia Saudita son aliados estratégicos de Occidente: por eso las trabas a las mujeres para practicar el fútbol y los deportes en general, no preocupan tanto a Occidente, como sí todo lo que pase con ellas en el Irán.Captura de pantalla 2016-08-07 a las 5.24.40 p.m.

Paulatinamente el fútbol ha dejado de ser un escenario exclusivamente masculino para convertirse en espacio de mujeres. La sentencia de Joseph Blatter, actual Presidente de la FIFA, de que “después del 2010 podría haber tantas mujeres como hombres jugando al fútbol”, puede dejar de ser una utopía. ¿Cómo? Si el mercado que controla ese deporte cree que puede reportarle ganancias colosales.

Hasta tanto, las mujeres futbolistas aún están en “posición adelantada” y llegarán a Brasil 2014 para demostrar que el fútbol no es un deporte solo de los hombres.

Enlaces de interés

Mundo del fútbol femenino

Previa Día Uno, Pre Mundial Sub: 20 femenino CONCACAF 2014

Desmotivaciones de fútbol para mujeres

 Notas:

[1] http://www.efdeportes.com/efd105/la-participacion-de-las-mujeres-en-los-deportes.htm