Todo el que dude de la existencia de las brujas será considerado hereje. Los inquisidores son infalibles. La condena es prueba suficiente de culpabilidad. Cualquier cosa que se salga de lo usual resultará sospechosa”

Cita del libro inquisitorial “El Martillo de las Brujas”

Cuando empecé a trabajar en este artículo sobre “Violencia sexual, acceso a la justicia e impunidad en el Ecuador”, estaban ocurriendo tres hechos. Por un lado, se sentaba un precedente con la sanción de 25 años de prisión, sin atenuantes, a los tres acusados de violar y asesinar a la joven quiteña Karina del Pozo; por el otro, se debatía en la Asamblea Legislativa el Código Orgánico Integral Penal, en el que se esperaba se tipificara el femicidio y se aprobara el aborto en casos de violación, entre otros temas relacionados con violencia sexual. Y, mientras todo esto ocurría en los tribunales y la Asamblea, la familia de Angélica Balladares pedía justicia por su muerte, a causa de violencia física e intento de violación por parte de su ex- pareja. Tres hechos que afectaban y afectan hoy a las mujeres en este país que se precia de tener la Constitución más progresista de América Latina y, sin embargo, sus leyes aún no logran promover y proteger suficientemente los derechos de las mujeres. Una paradoja que invisibilizaría tragedias cotidianas.

Por Nelly Valbuena Bedoya

“Ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos, tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque, al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre, es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

Eduardo Galeano, “Los hijos de los días” 

Elizabeth Arauz Ortega, Consultora Onu Mujeres.

Según Elizabeth Arauz Ortega, especialista en violencia e interculturalidad de ONU Mujeres-Región Andina, “en términos generales no logramos avanzar mucho en el tema de violencia; sin entrar específicamente en el de la violencia sexual, diría que en el tema de violencia hacia las mujeres no logramos superar el tema de impunidad y no logramos superarlo porque justamente, los funcionarios que te dan servicio en los espacios donde se brinda justicia, tampoco han sido necesariamente sensibilizados, ni consideran que muchos de los delitos por los que llega una mujer o las contravenciones que denuncia, son temas de violencia que ameritan realmente un juzgamiento”.

La violencia contra las mujeres y las niñas es una problemática considerada como una pandemia por las Naciones Unidas. Las cifras indican que el 70% de las mujeres en el mundo, sufren en el lapso de sus vidas, violencia física o sexual en manos de los hombres cercanos a su entorno: esposos, compañeros íntimos, ex parejas o personas conocidas. En Ecuador las cifras indican que cuatro de cada diez mujeres han sido víctimas de violencia sexual. Es decir algo más de dos millones de mujeres.

Entre estas cifras están los casos de las jóvenes Karina del Pozo y Angélica Balladares. Dos víctimas con rostros y familias que decidieron sobreponerse al miedo, a los prejuicios de la sociedad, a las miradas señaladoras y superar las barreras de acceso a la justicia, para hacer valer su derecho a verdad, justicia y reparación. La primera fue víctima de tres “amigos” con los que salió de fiesta y la segunda de su ex-novio.

El asesinato de Karina del Pozo, quien fue encontrada el pasado 27 de febrero en las afueras de Quito, tras haber sido abusada sexualmente, maltratada físicamente y asesinada, marcó un hito en la historia de la violencia sexual contra las mujeres en Ecuador. Su familia se movilizó a través de las redes sociales, haciendo que la justicia cumpliera con su labor de investigar rápidamente su inicial desaparición y luego que se juzgara a los tres implicados.

Los  medios de comunicación ante la presión de las redes sociales, tuvieron que incluir el tema en sus agendas. ¿Cómo lo hicieron? Ese es otro tema, que seguramente abordaré próximamente, en otro artículo. Pero lo que hay que resaltar es que por esta vez, los medios no publicaron un dato frío sobre la muerte de una mujer más, sino que tuvieron un nombre, un rostro y una historia familiar detrás.

Este caso además es emblemático porque gracias a su impacto social se logró que  en el Código Penal, se considerara al femicidio como un tipo específico de delito, que da cuenta y visibiliza el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres. En otras palabras se  reconoció el asesinato machista, producto de una sociedad patriarcal y se estableció la diferencia con un asesinato que se comete en la calle, donde una mujer resulta agredida. El femicidio o feminicidio es un asesinato por razones exclusivamente de género.

Muchos de los asesinatos no salen a la luz, no son públicos. En este caso lo sacó la familia de la víctima implicada que buscaba la verdad por encima del costo social. Pero detrás de  esta historia hay muchas mujeres que fueron violadas y asesinadas pero son mujeres sin rostro, de familias pobres o simplemente temerosas que no tuvieron la capacidad para generar una movilización social fuerte.

Esta sociedad debe reconocer y entender que la familia no puede ser la interesada en tapar el hecho, porque tiene temor de que al destapar el caso se utilicen argumentos para descalificar a la víctima y no para defender su honra y su reputación.

El pánico de la familia es por un lado a superar la muerte y por otra a superar la presión social. En el caso de Karina del Pozo se dijo, entre muchas cosas, “que consintió” o “que ella se lo buscó”. Todo esto lleva a justificar el crimen y a convertir a la víctima en culpable “porque se expuso” o “porque no se cuidó”, “porque no fue una señorita decente que no estuvo en el lugar adecuado y con la gente adecuada”. Aún más, se regó el rumor del “se dice que era una chica pre-pago”, matándola doblemente: mataron su vida y luego quisieron matar su integridad personal, su derecho a la honra y su buen nombre.

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Sonia García Alvarado, abogada CEPLAES

Esas situaciones hacen que muchas familias se inhiban y eviten que se investiguen los casos de violencia sexual contra sus víctimas, pues prima el propósito de evitar que el nombre de la víctima entre en “el chismorreo social de desacreditación, por decirlo, de la forma más burda”, sostiene Sonia García del Observatorio de Derechos de las Mujeres de Ceplaes.

Entonces el femicidio por razones sexuales, es decir el acceso carnal obligado a mujeres que termina en asesinato, justamente para eliminar la posibilidad de que las familias puedan iniciar cualquier proceso judicial, es una realidad en Ecuador y, como afirma Sonia García, es “una realidad dolorosa y generalmente los casos son cometidos por personas conocidas. Esto desestima el criterio de que las mujeres se exponen o autoexponen, pues los delitos sexuales son cometidos en ámbitos de amistad, en los ámbitos familiares y esto no es una novedad, pero el feminicidio o femicidio, no es solamente cometido como resultado de un abuso sexual, también existe el que se comete por exceso de violencia en el ámbito familiar. Entonces el femicidio íntimo por el conyugue, ex conyugue o parejas es otra de sus formas más frecuentes”.

En cuanto a Angélica Balladares, su caso no ha tenido tanto despliegue en los medios y se debe, como muchos otros casos, a que su familia, en lugar de las redes sociales, decidió salir a la calle y gritar que “contra la violencia nadie se cansa” y a decirle a las autoridades y a la sociedad que exigen justicia. Por lo tanto, los medios no pasaron de registrar el hecho con titulares como el del diario Extra, en su edición de Guayaquil, del 23 de septiembre: “Hallaron fría a una universitaria”.

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(Tía-abuela de Ángelica Balladares)

Esta joven, oriunda de Santo Domingo de los Tsáchilas,  fue víctima de feminicidio el pasado 22 de septiembre, a las tres de la madrugada, en Riobamba, ciudad en la que estudiaba diseño gráfico. El implicado es su ex pareja quien, violando la restricción que tenía para acercársele -pues ella le había puesto una boleta de auxilio-, entró por la ventana  de su casa, la agredió físicamente e intentó violarla. “Ella se defendió”, le contó María Luisa Balladares López, tía de Angélica, a Mujeres contando en voz alta el pasado 4 de octubre durante el plantón que hicieron en la Plaza Grande. “El sospechoso le puso la sábana en la boca, para que no grite, posteriormente le ahorcó con el cable de la secadora  y ella, de la desesperación, se  tragó la lengua”.

Mientras escribo estas líneas pienso en que los plazos de este proceso, que está en etapa de instrucción fiscal a cargo de la agente fiscal María Ester Caguana, ya están por vencerse y se conocerá si se sanciona al agresor o si el caso pasa al archivo de los cientos o miles de casos que terminan consumidos en la impunidad, pues tan sólo el 2% de los casos que se denuncian por este tipo de violencia contra la mujer, terminan en una sentencia, sancionatoria o absolutoria.

¿Qué es la violencia sexual?

Entrevista con Viviana Maldonado, Docente UPS y Consultora GTZ

Para Onu Mujeres la violencia sexual es una de las más amplias, que se manifiesta de diversas formas y se presenta en diversos lugares. Una de las más comunes es la que  está en el ámbito familiar pero también se da a través del acoso en las escuelas, colegios y en el trabajo. La violación se presenta generalmente por parte de los hombres cercanos a la víctima, sin embargo existen casos de desconocidos en las calles, en zonas rurales, campamentos de personas desplazadas y refugiadas. Y, desde  luego, es usada como estrategia de guerra y en la trata de personas. La violencia sexual extrema, en cualquiera de estos casos, termina en feminicidio.

Al ser una violencia extendida, algunas personas la reconocen, muchas la ignoran y  otras la confunden. Pero para llegar a ella, es necesario saber y ser consciente de que la violencia contra con las mujeres es histórica y que está enraizada en las fibras más profundas de la cultura.

Ana Lucía Herrera, feminista, defensora de los derechos humanos, Presidenta Ejecutiva de Humanas Ecuador y que fue Directora de la Comisión de Transición hacia la Igualdad, considera que “muchas personas creen que el cuerpo de las mujeres está solamente para ser utilizado para todo servicio; eso está en el fondo de la cultura. Para todo servicio y sin distinción: niñas, jóvenes y viejas, todas corremos la misma suerte”.

Un sondeo de opinión realizado en las calles de Quito, por Mujeres contando en voz alta muestra que la gente joven, hombres y mujeres, reconocen las causas sociales y culturales de la violencia y lo manifiestan con expresiones como éstas: “sí creo que existe, porque venimos heredando un sistema machista y patriarcal desde hace mucho tiempo”; “porque existe todavía el machismo en nuestra sociedad y eso debería ya cambiar porque es una mentalidad muy tonta. Eso nos vinieron inculcando a nuestras generaciones desde hace mucho tiempo atrás”; “en nuestra cultura no está el respeto bien infundado”; “es cuestión cultural e ideológica y aún religiosa en ciertos aspectos, entonces una como mujer se ve afectada desde que camina por la calle hasta cuando tiene un empleo o estudia”; “sí existe violencia hasta ahora, porque el machismo todavía no se ha acabado. El hombre siempre está adelante y la mujer detrás. Tocaría fomentar un poco más el feminismo en relación con el hombre y la mujer”.

Sondeo de opinión realizado por Mujeres contando en voz alta

Algunas personas mayores saben que existe y otras la confunden o minimizan: “Sí, es muy grande por la división de género. Los hombres siempre queremos ser superiores”. Cuando se indaga por el tipo de violencia que conocen, dicen: “por ejemplo hay machistas que no les gusta que las mujeres se cultiven, que vayan, póngase a un museo, que vayan al cine, que vayan inclusive a la universidad”; “como es lógica natural decirlo porque la vemos a la clara, donde nosotros nos movemos hay violencia social, económica y laboral y, por no decir demográfica y estructuralmente en esta sociedad”.

Así pues la violencia sexual tiene magnitudes incalculables, porque va más allá de los datos y de las apreciaciones sobre ella. Los tipos de agresión sexual pueden ser muchos más. “Para una mujer puede ser agresión sexual que le digan un ‘piropo’ grosero en la calle, y de hecho lo es, pero para otra mujer es la violación. Entonces hay una gama que va desde el insulto morboso, las manoseadas en el trolebús hasta temas ya de abuso sexual”, afirma la abogada Sonia García Álvarez.

Lo que sí resulta  evidente es que es un tema que se denuncia muy poco, justamente por los niveles de impunidad y la revictimización, pero además  porque se ha desnaturalizado la violencia sexual debido a los patrones sociales y culturales existentes, que además son reproducidos a través de los medios de comunicación, para quienes no es importante incluso el tema general de las mujeres pues “no existe la convicción más importante: que la violencia contra las mujeres tiene una causa estructural, es histórica, es un continuum y es el producto de un sistema patriarcal y machista”, plantea la periodista Blanca Diego, del Observatorio ‘Las mujeres en la mira’, de la Corporación Humanas Ecuador’.

Por su parte, Sonia García indica otro elemento importante que develó el caso de Karina del Pozo y fue que las clases medias que creían que no son vulnerables, vieron que sí; que sus hijas podían ser vulnerables, que podían salir a una fiesta con amigos y no regresar a casa. “Se pensaba que estos casos eran de clases populares y zonas rojas, alimentado por los medios de comunicación que publican estos cuerpos sin rostro, entre imágenes eróticas y sangre. Porque la violencia sexual también es violencia desde la imagen, como es el caso del periódico ‘Extra’, que lo denuncio directamente. Estos medios generan y reproducen esos imaginarios. Sexo y violencia es un discurso que vende y que mucha gente quiere comprar”.

En la sociedad masculina ecuatoriana es natural, como parte del ejercicio de su masculinidad, lanzar un piropo grosero o morboso y finalmente mandar una mano o tocar a una chica en un evento deportivo si hay la oportunidad, porque el abordaje a las mujeres es un atributo de la masculinidad, valorado todavía positivamente”, concluye Sonia García.

La figura de femicidio ayudará al esclarecimiento del hecho “porque cuando está el asesinato aunque sea agravado, como existe hoy, cuando una mujer es asesinada por su conyugue es un delito agravado porque se supone que está en mayor relación de confianza y que ese hombre estaba para protegerla y no para agredirla. Estos casos no se sancionan y casi no se investigan y son los más fáciles de investigar y sancionar porque son cometidos por el entorno cercano, pero en nuestro país es muy alto el nivel de impunidad”.

Investigaciones realizadas por el Observatorio de los Derechos de las Mujeres indican que incluso los expedientes relacionados con estos casos tienen menos hojas, menos pruebas y menos testigos. “Más pruebas y más testigos tiene el robo de una moto”, concluye Sonia García.

Comprendiendo el problema…

Plantón realizado el 10 de octubre en la Asamblea Nacional

“Un gobierno no puede basar sus actuaciones en la moral personal del gobernante para decidir una política pública”. 

Joana Etxano Gandariasbeitia, feminista española.

El telón de fondo nacional alrededor de las tragedias de estas dos mujeres, víctimas de violencia sexual, fue el debate del Código Penal, aprobado en sus tres primeros libros, el 10 de octubre, por la Asamblea en medio de protestas de las organizaciones de mujeres que reclamaban su derecho a que se incorporara el aborto en casos de violación, así como de la división en tendencias de la bancada de País y de las conservadoras declaraciones del Presidente socialista Rafael Correa llamando “traidoras y desleales”  a las asambleístas que estaban a favor de incorporar el aborto por violación en el Código Penal.

Uno de los asambleístas hombres de Alianza País que estaba a favor de incluir el aborto por violación fue Virgilio Hernández, quien considera que “despenalizar el caso de aborto, cuando ha existido una violación, es un milímetro de avance. Soy partidario de que las mujeres decidan y tengan autonomía sobre las decisiones que tomen sobre su cuerpo”.

Por su parte, la actriz manabita y modelo de televisión Erika Vélez, expresó a través del twitter  “la Patria es Soberana. ¡Nuestros cuerpos, también!” y la asambleísta Gina Godoy, militante feminista y de PAIS, dijo en las redes sociales: “Para nadie es desconocida mi lucha por la defensa de los derechos de las mujeres y de otras compañeras y compañeros igual, y no por ello podemos ser señaladas con el dedo. Mi acompañamiento a Paola (Pabón, la asambleísta más visible en este debate) lo hice como mujer y compañera de la Revolución Ciudadana, y no por eso debo ser desacreditada“.

Para Ana Lucía Herrera, con quien hablé unos días después de la aprobación del Código, este hecho puso de relieve una vez más “el sino de las mujeres y la justicia. Toda la vida dudan de nosotras. ¿Qué es sino una duda estructural de nuestras propias capacidades y de  nuestra condición ética de mujeres, decir que no pasa el aborto en casos de violación porque las mujeres vamos a utilizar ese pretexto para abortar?”.

La indignación de Ana Lucía Herrera frente a lo ocurrido era tal, que por momentos terminaba interrogándome, como queriendo buscar una respuesta a la sin razón: “Dime, si hay un razonamiento más discriminatorio que eso. Entonces, sí a ‘las idiotas y dementes’ -ahora catalogadas bajo otro término políticamente correcto, que no me interesa cuál sea-, porque en el fondo es eso ‘idiotas y dementes’, porque esa es la cabeza que tienen para legislar los temas que tienen que ver con las mujeres. Es súper fuerte ese ejemplo y a la vez es brutal porque  nos ubican exactamente cómo nos ven. Siempre somos dudosas y somos dudosas ante el Presidente de la República y sus asesores, que consideran que como somos dudosas, vamos a utilizar  ese pretexto para abortar, como si abortar fuera algo así como: ‘con permiso me voy a tomar un café’. ¡No entienden nada del problema!”.

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Ana Lucía Herrera, Presidenta Humanas Ecuador 

 La traición de Olimpia, Paule Marie Duhet, “Las Mujeres y la Revolución”, 1974

Olimpia de Gouges, revolucionaria feminista francesa fue sentenciada a morir en la guillotina por intentar que se apruebe una ‘Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana’, acusada de traición por los hombres de la Revolución Francesa que ella y miles de mujeres más ayudaron a que triunfe. Esa Declaración, similar a la entonces aprobada “Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano”, la presentó en la Asamblea Nacional Revolucionaria. En el prefacio, Olimpia escribió: “Las madres, las hijas y las hermanas, representantes de la nación, constituidas en Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el olvido y el desprecio de los derechos de la mujer son causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer una solemne declaración de los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer”. 

Olimpia sólo pedía libertad, igualdad y derechos para las mujeres. Sin embargo, la reivindicación feminista no era compartida por los varones que dirigían la Revolución, cuyo sector más conservador hizo fracasar el histórico primer intento de posicionar los derechos de las mujeres. Uno de ellos fue el revolucionario Chaumette, misógino notorio, quien al momento de pedir la guillotina para Olimpia, llegó a decir: “¿Desde cuándo le está permitido a las mujeres abjurar de su sexo y convertirse en hombres? ¿Desde cuándo es decente ver a mujeres abandonar los cuidados devotos de su familia, la cuna de sus hijos, para venir a la plaza pública, a la tribuna de las arengas a realizar deberes que la naturaleza ha impuesto a los hombres solamente?”

Y es que el problema de la violencia sexual, en la que existe un embarazo no deseado ni decidido, que se da como el resultado de la fuerza machista y de la obligación impuesta por la sociedad y por las leyes, tiene implicaciones profundas en la vida de las mujeres, de los mismos hombres y del país. Es la reproducción de los estereotipos frente a las mujeres que seguimos en la mira de la sospecha y del control. “Yo creo que lo que pasa en el país es un buen espejo para mirarnos a nosotras mismas y ver cómo hemos ido avanzando o no en esta lucha incansable por cambiar precisamente esos patrones discriminatorios contra la mujer. El cuerpo de la mujer, cuerpo parecido a mujer y todo lo que se le parezca tiene que ser controlado, tiene que ser tutelado”.

Las organizaciones de mujeres, las feministas y el movimiento de mujeres en toda América Latina han dado y siguen dando luchas incansables en todos estos temas, pero cómo entender lo ocurrido recientemente en Ecuador, de cuyo ‘ejemplo’ ya se empieza a hablar en el continente como “el efecto Correa”, y entonces le pregunto a Ana Lucía, con el ánimo de seguir explorando respuestas…

Las feministas hemos dicho que esta es una pelea desigual pero es una pelea civilizatoria, de cambio de paradigma. Lo que tenemos que hacer es des estresarnos un poco  y saber que lo estamos haciendo muy bien pese a las respuestas que nos dan, que provienen de cabezas que parecieran ser de cromañones (no del siglo XXI). Y son cromañones aunque estén maquillados, porque el lenguaje políticamente correcto, la sensibilidad ante el género, el género y la equidad, el género y la política, el género y no sé qué, al final no lo entienden, porque son parte del problema. Es que no hay un ser humano que esté al margen de este efecto que crea la relación de género intra géneros. Cualquiera que sea la condición sub-genérica de las personas”.

Hoy más que antes, estamos ante una avalancha de hombres y mujeres que tienen conocimiento sobre el género y que sobre todo ejercen poder y deciden sobre las políticas públicas que nos afectan a las mujeres. Son lo que la economista y feminista salvadoreña, Julia Evelyn Martínez llamó neo-machistas en un artículo publicado en febrero de 2011. Porque esa es, dice la autora, una nueva forma de machismo que utiliza los planteamientos del género para invalidar y anular a las mujeres que exigen sus derechos en voz alta y lo hacen, como dice la autora, para “recordarles su inferioridad”.

Ana Lucía Herrera considera que “ellos han hecho muchos estudios de especialización en género pero hicieron muy poco ejercicio de hacer una lectura de género, porque realmente el género mirado así dentro de la política pública es más un instrumento y si vas más atrás sabes que al utilizar el instrumento, lo que haces es mirar cómo son esas relaciones de género y por último atender eficientemente las diferencias de la población, pero pueden entender las discapacidades, las diferencias etarias, las diferencias de las nacionalidades, pero la diferencia de género que marca sustancialmente la dinámica de relacionamiento de la sociedad no, porque nos toca la vida”.

Y añade: “Cuando tocas los temas de discriminación hacia la mujer siempre hay otro, unos otros que están inmiscuidos profundamente en el hecho de la discriminación y en los privilegios que la discriminación les da. Es un tema de poder, entonces ¿cuántos hombres están dispuestos, como decía mi amiga Gilma Andrade, hace años, a ceder esa franja de poder que es justamente la que oprime a las mujeres? Cuando eso ocurra vamos a dar un salto cualitativo y obviamente las mujeres también tenemos que hacer el esfuerzo de despatriarcalizar nuestro pensamiento y nuestro cuerpo, porque estamos transidas por el machismo, somos un producto de lo mismo. Entonces el cambio es muy fuerte, porque  además de ser discriminadores, son ‘expertos en género’…”

El género masculino ha urdido nuevas tramas para defender su posición de poder, y éstas se basan en los supuestos problemas que la incorporación de la mujer a la vida activa ha tenido, sobre todo, en el ámbito de las relaciones familiares. A esta nueva estrategia la denomino posmachismo, por haber nacido en el contexto de la posmodernidad, y por haber mantenido desde su aparición una cierta ‘distancia’ respecto a las posiciones clásicas del machismo tradicional o del patriarcado”.

Miguel Lorente, “Los nuevos hombres nuevos: los miedos de siempre en tiempo de igualdad”.

Y, entonces, vuelvo a insistir a Ana Lucía Herrera sobre la Constitución ecuatoriana, pues resulta ser una de las más avanzadas en términos de derechos de las mujeres, que tiene un gran resultado, la generación del Plan Nacional de Erradicación de la Violencia. Pero las leyes que le dan operatividad a la Constitución, como es el caso del  Código Penal, parecen ir en contravía. ¿Cómo se explica esto?

Porque la construcción política estructuralmente está más avanzada que la mirada de los gestores actuales de la política pública social y de género. Entonces un Plan Nacional de Erradicación de la Violencia es una tremenda idea pero resulta que esas cabezas no dan para más, y teníamos por ejemplo -aquí ya te hablo desde la experiencia personal– (recuérdese que Ana Lucía Herrera fue Directora de la Comisión de Transición) largas reuniones tratando de conciliar con el Consejo Nacional de la Niñez que cuando hablamos de mujeres las niñas están incluidas y entonces discute y discute de eso, porque ellas venían a defender su espacio desde una no sensibilidad de que al final el cuerpo es el que está punido. No importa la edad ni la condición, pero como aquí estamos acostumbrados a mirarnos por partes: si es etario niño, y si pasas de los 18 dudosa. Entras en la categoría dudosa pero ya no eres competencia del Consejo de la Niñez. Y luego hay un margen de edad en que las mujeres éramos unos fantasmas porque no existíamos a no ser que seamos pobres y hagamos valer las políticas sociales como el bono y luego se acuerdan de las viejas, desde ‘50 y piquito’ y todo lo demás. Al final los viejos tienen algo, las discapacidades ni qué decir, niñez ni qué decir, siempre ha tenido una institucionalidad y recursos, pero las mujeres no la habíamos tenido. El Plan Nacional de Erradicación de la Violencia nos incluía a todas”.

Este es un problema de hombres y mujeres y, por lo tanto, se requiere, en palabras de Ana Lucía Herrera “la capacidad para levantar una crítica a estas relaciones de poder y el tomar iniciativas para salir de este embrollo, porque es un embrollo que nos tiene a todos infelices. Eso es lo más triste. Entonces ¿por qué se niegan a hacer un mundo mejor?, ahí ya no sé dónde está cada cosa. No entiendo cómo después de tanta institucionalidad, de tantas ideas buenas llevadas a medias al final, de tantos discursos formales de inclusión de las mujeres, de tanta valoración de la belleza de la mujer en cada instante, no entiendo cómo no pueden ser capaces de entender que esa discriminación, que se expresa entre otras cosas en la violencia, nos está matando a todos, porque los propios hombres en esa condición de género también la sAna_Luc_a_Herrera_1.JPGufren”.

 

 

“Es femenina: el 80% de la militancia ecológica; el 90% de la militancia contra la guerra, y el 70% de la militancia de lucha contra la pobreza”. 

Datos de la Organización de Naciones Unidas

 

 

 

 

¿Y en qué queda la impunidad?

El Plan Nacional de Erradicación de la Violencia  previó, para alcanzar el acceso a la justicia, garantías de una atención oportuna, celeridad en los procesos, acompañamiento integral a las víctimas y reducción de la impunidad, éste último uno de los aspectos cruciales en el tema de acceso a la justicia, porque aunque se han dado pasos y avances en el tema, todavía falta mucho por hacer. La Fiscalía creó, desde julio de 2011, el Programa de Atención Integral a Víctimas y Testigos, bajo la condición de que las mujeres denuncien e inicien un proceso judicial, programa que les brinda acompañamiento, pero quienes no quieren denunciar, no cuentan con él.

La impunidad, entonces, no es solamente que la justicia no funcione o tenga problemas. Yo creo que hay una impunidad social, que es parte de la miopía que te digo. Esa miopía tiene matices y yo creo que sigue siendo profundamente machista, profundamente racista, profundamente misógina”, finaliza Ana Lucía Herrera.

Termino este texto con la esperanza de que la visión de Virginia Woolf en torno a su amor, “lo femenino”, un día se haga realidad: “Lo femenino libre, es imprescindible para que haya política”.

*   *   *   *   *

Fueron muchas las entrevistas que hice para este trabajo, alrededor de una docena, entre ellas tres ejemplares funcionarias del Programa de Atención a Víctimas y Testigos de la Fiscalía, consultoras de la ONU y de la GTZ, lideresas de agrupaciones de mujeres, comunicadoras sociales y periodistas, y -muy especialmente- los testimonios de mujeres víctimas de violencia sexual que le dieron sustento a todo lo relatado.

A ellas, toda mi solidaridad de mujer.

Créditos:

Este trabajo contó con el apoyo del equipo de reportería de Mujeres Contando en Voz alta (Estudiantes de la Carrera de Comunicación Social de la UPS-Sede Quito.)

1. Viviana Maldonado, entrevista y edición: Katty Cerón.

2. Plantón Asamblea Nacional, octubre 10. Cámara, reportería y edición videos: Fabricio Andrade, Estefanía Quispe, Diego Andrade y Katty Cerón.

3. Sondeo de opinión (Vox pop). Reportería: Sandra Chamba y Tamara Méndez. Cámara: Fabricio Andrade y Katty Cerón. Edición: Estefanía Quispe.

4. Entrevista María Luisa Balladares: Claudia Narváez Montalvo. Edición Fabricio Andrade.