Vuela niño en la cuna doble del pecho,

él triste de cebollas /tú satisfecho.

No te derrumbes. /No sepas lo que pasa, ni lo que ocurre…”

“Nanas de la Cebolla”, Miguel Hernández

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 Para superar las cifras, cada vez más altas del embarazo adolescente, “los gobiernos, las comunidades, las familias y las escuelas deben entender que los verdaderos desafíos son la desigualdad de género, la discriminación, las opiniones negativas sobre las niñas, la pobreza, la falta de acceso a información de calidad  y la violación a sus derechos”. Así lo reconoció el Informe 2013 de ´Maternidad en la niñez´ del Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNFPA.

Por Nelly Valbuena Bedoya 

La frialdad aritmética de las cifras es, desde 1970, un indicador determinante para comprender la impresionante masividad del fenómeno de la maternidad adolescente. El reciente Informe ´La Maternidad en la niñez´ de UNFPA, 2013, señala que las cifras, lejos de disminuir, han aumentado en los últimos años, especialmente en América Latina. Sin embargo, este organismo especializado de la ONU pone a las niñas y a sus historias por encima de los datos, los cuales evidencian las limitaciones de las condiciones sociales y culturales en las cuales tienen que vivir las adolescentes.

Este Informe mundial señala que, diariamente, 20.000 niñas se convierten en madres, principalmente en los países ‘en vías de desarrollo’, lo que no quiere decir que los llamados países desarrollados tengan completamente resuelto el problema, pero lo que sí resulta claro es que la pobreza, la falta de educación e información y otras condiciones culturales específicas, por ejemplo, facilitan las condiciones para que las adolescentes se embaracen en edades que van desde los 10 años a los 18.

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El Fondo de Población de las Naciones Unidas, UNFPA, denuncia categóricamente que “para casi 200 niñas-adolescentes por día, el resultado del embarazo a temprana edad, es la máxima violación de sus derechos: la muerte”.

La pobreza es una condición mundial que impide el desarrollo de las adolescentes en todos los ámbitos. El 19% de las jóvenes en países en desarrollo se embarazan antes de los 18 años. Cada año 7.3 millones de niñas menores de 18 años dan a luz; de éstas, dos millones corresponden a jóvenes que no alcanzan ni siquiera los 15 años.

El Informe indica que en América Latina y el Caribe la maternidad temprana aumentó drásticamente durante el 2013. “Se espera que para el año 2030, la cifra se amplíe si los Estados no facilitan a las niñas y adolescentes mejores condiciones de vida, educación e información, si no se les respetan sus derechos y si no se frenan prácticas discriminatorias que atentan contra su desarrollo”.

La situación en Ecuador

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Según el Plan Andino de Prevención del Embarazo Adolescente, el Ecuador ocupa el primer lugar en la Región Andina y el segundo lugar en América Latina, después de Venezuela, en embarazos adolescentes.

El primer estudio estadístico realizado por la Comisión de Transición y el Instituto Nacional de Estadísticas del Ecuador, INEC, realizado en 2010, indica que 6 de cada 10 mujeres han sufrido violencia física, psicológica, sexual y patrimonial en algún momento de su vida. El 61% de estas mujeres se encuentra en zonas urbanas y entre ellas hay adolescentes que no sólo son víctimas de violencia de género, sino que esa misma violencia y discriminación se traducen en embarazos no planeados ni deseados.

El INEC revela también que en el año 2011 de cada 100 partos en mujeres, 20 fueron en adolescentes. En 2013, el  44.1% de las madres en Ecuador tuvieron su primer hijo entre los 15 y 19 años.

La mayor cantidad de muertes maternas se presentan en mujeres de 20 a 39 años, seguido por las adolescentes, entre los 10 y 17 años, que alcanzan el 13% del total de las muertes maternas, indican las cifras del Ministerio de Salud Pública ecuatoriano.

Esas cifras, sumadas a las condiciones de pobreza y discriminación, determinan que las jóvenes adolescentes que tuvieron su primer hijo o hija durante esta fase de sus vidas, tengan en un período mucho menor un segundo embarazo frente a las que no tuvieron ningún embarazo durante la adolescencia, señala el Plan Nacional de prevención del Embarazo en Adolescentes.

Captura de pantalla 2016-08-07 a las 3.01.09 p.m.El doctor Humberto Navas López, gerente del Hospital Gineco-obstétrico Isidro Ayora de Quito manifestó a Mujeres contando en voz alta que “la adolescente como ser humano tiene múltiples necesidades, anhelos, derechos y ganas de triunfar, pero también tiene múltiples obstáculos económicos, sociales y culturales. Hay desniveles o inequidades tremendas y eso hace que se llegue al embarazo adolescente”.

La Maternidad Isidro Ayora también registra un incremento en el total de los partos adolescentes entre el 2010 y el 2013. La maternidad atiende entre 26 y 30 partos diarios, de los cuales un 30% son de adolescentes.

Las adolescentes embarazadas  tienden a ser jóvenes que se encuentran  en contextos sociales de pobreza y desigualdades de género, y -por lo tanto- han sido víctimas de diversos tipos de violencia y de situaciones de discriminación. No tienen información de calidad sobre salud sexual y reproductiva, y sus prácticas comunicativas con padres y adultos, y de éstos con ellas, sobre la sexualidad son nulas o casi inexistentes.

En Ecuador cifras de CEDATOS señalan  que 9 de cada 10 adolescentes quieren hablar de sexualidad en sus hogares, pero no encuentran los escenarios apropiados.

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“El 90% de los adolescentes en este país busca hablar de sexualidad en su familia, pero solo el 5% por ciento de ese 90% ha logrado hacerlo. El 75% de los adultos: papas, mamás, profesores y tutores de los adolescentes dicen que es importante hablar de sexualidad, pero si vemos cuántos adultos hablamos con los adolescentes de este tema, somos muy pocos” afirma Juan Pablo Zúñiga Luzuriaga, gerente de la Estrategia Nacional Intersectorial de Planificación Familiar y Prevención del Embarazo en Adolescentes, ENIPLA, por el Ministerio de Inclusión Social, MIES.Captura de pantalla 2016-08-07 a las 3.01.34 p.m.

Más allá de las características físicas y médicas, existen características sicológicas, sociales y culturales que influyen en las niñas y jóvenes adolescentes embarazadas. Por ejemplo, desarrollan una sexualidad y, luego, una maternidad, acomplejada, culposa y casi clandestina, la cual es el resultado de procesos históricos de vulnerabilidad, secundariedad, discriminación, déficit educativo y violencia contra las mujeres, que en el caso de las adolescentes las lleva a silenciarse, a perder la voz y cerrar su garganta.

La doctora Paulina Pantoja ginecóloga obstetra, Directora de Mama- Mundi lo explica mejor. Indica que muchas de sus pacientes adolescentes embarazadas manifiestan culpa “en varios espacios, por ejemplo en la consulta, hablan poco y en el momento del parto mi experiencia me indica que la mujer embarazada adolescente trata de callarse todo el dolor y frustración que siente. Psicológicamente tiene la idea de que ella no tiene derecho a expresarse cuando algo le duele en ese momento. Asume la necesidad de portarse de manera estoica en el parto, lo cual no es su obligación. El personal médico debería estar preparado para manejar este tipo de situaciones cada vez más crecientes en nuestro país”.

¿Cuáles son los retos mínimos?

Captura de pantalla 2016-08-07 a las 3.01.29 p.m.Aunque se crea lo contrario, los derechos humanos de las niñas y adolescentes están protegidos en tratados y convenciones internacionales que los estados suscriben y que, por lo tanto, los comprometen en la búsqueda de iniciativas que mejoren efectivamente las condiciones sociales, culturales, educativas, de salud y que permitan el disfrute de una vida libre de todo tipo de violencia.  Y seamos claros: el embarazo adolescente, además de ser una forma de violencia y una violación al derecho fundamental de la vida, “es una causa y una consecuencia de las violaciones de derechos humanos”, como lo expresa categóricamente el informe de Maternidad dolescente 2013 de UNFPA.

Su informe también propone que: “los gobiernos deben comprometerse a reducir las cifras de embarazos adolescentes, realizando proyectos e iniciativas en alianzas intersectoriales que aseguren que los derechos de las adolescentes no se vulnerarán”.

El reto para los gobernantes y para quienes  diseñan las políticas públicas es comprender que “el embarazo adolescente no responde, por lo general, a decisiones voluntarias de la mujer, sino a la ausencia de oportunidades y a las presiones culturales, sociales y económicas de los contextos en que viven las adolescentes”, explica Babatunde Osotimehin, Secretario general adjunto de las Naciones Unidas y director ejecutivo de UNFPA.

Desacague aquí el Informe

UNFPA_Informe_de_Maternidad_adolescente_2013.pdf

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