Una historia que se cultiva en las faldas del Ilaló.

Por Sandra Chamba y Tamara Méndez

Cámara y edición video Andrés Carrión

El trabajo comunitario y el inmenso amor a la pachamama inspiran a hombres y mujeres del barrio Virgen de Lourdes. Quienes desde hace dos años dedican parte de su tiempo a cuidar los huertos familiares, heredados de las grandes riquezas del generoso taita Ilaló.  

En la parroquia “la Merced”, aproximadamente a 45 minutos de la ciudad de Quito, se encuentra ubicado el Barrio Virgen de Lourdes. Sus amplios senderos de extensa vegetación y el calor generoso de una delicada sonrisa, nos dan la bienvenida para contar en voz alta, junto algunos habitantes del sector, las experiencias de un trabajo comunitario resumido en esfuerzo y gran dedicación.

El clima cálido y la fertilidad de sus tierras, permiten cultivar a sus moradores  gran variedad de productos agrícolas. Según Silvia Quisaguano protectora de uno de los huertos, el proyecto nació por iniciativa de Yolanda Moposita, moradora del sector, quien la motivó a cultivar todas las riquezas de la tierra. “ella fue la que una vez conversando, me dijo, veci haga… veci no esté saliendo por una hierba o un apio a la tienda si puede tener aquí; aquí  hay terreno y no se siembra”, Desde ese entonces, buscaron personas afines con la iniciativa y se formó la red comunitaria “Gruta de la Virgen de Lourdes, que hoy por hoy está integrada por 10 familias, de las cuales siete se encuentran lideradas por mujeres.

El emblema representativo y gran ejemplo a seguir dentro de la organización, responde al nombre de “Mama Rosita”, como la llaman de cariño. A sus 86 años, es la más puntual, la más organizada y la más trabajadora; todos los días está dispuesta a tomar su pala y azadón para labrar la tierra, ganándose la admiración y respeto de sus compañeros y compañeras de trabajo. Según Milton Chungandro “Mama Rosita” lo inspira a ocuparse con esfuerzo en todo cuanto emprende “ver esos ejemplos, lo obligan a uno a meter más ñeque y a tener más ganas de trabajar”.

Históricamente y con los primeros asentamientos primitivos, la agricultura se inició con las mujeres. La mujer en su rol de recolectora guardaba una íntima relación con la naturaleza, que le permitía conocer cada ciclo de las estaciones y su consecuente efecto sobre los alimentos. La era matriarcal representaría para la humanidad un gran avance económico y social, pues, las sociedades primitivas dejaron de ser nómadas y el intercambio comercial palpó un gran progreso.

En cuanto a la iniciativa de los huertos familiares, las mujeres son elementos importantes en la organización y el desarrollo de las actividades, no sólo por ser la mayoría en el grupo, sino también por asumir el rol de cabeza y sostén de sus hogares. Según Miguel Chasipanta organizador de las ferias comunitarias y miembro de la red, asegura que de las siete mujeres participantes del proyecto cinco son cabeza de familia, entre ellas Mama Rosita, que desde el año 2002, tuvo que trabajar después de que a su esposo le diagnosticaran una enfermedad que lo obligó a quedarse en casa.

En el proyecto las mujeres han tomado la batuta de toda iniciativa, sus ideas y perseverancia son un ejemplo a seguir,  “las mujeres entregan todo para el trabajo, para que esto salga adelante. Muchas veces el carisma y el toque femenino motivan a trabajar más”, comenta Chungandro.

Por lo pronto, ellas seguirán cuidando con dedicación las bondades de la tierra, pues  alimentar “de la mata a la olla” a los moradores del barrio Virgen de Lourdes es una de sus principales metas.

 En cuanto al trabajo colectivo de la red

La forma de organización dentro de los huertos es la cooperación y el trabajo colectivo; suelen reunirse todos los miércoles a repartir las tareas, siendo el riego, la fumigación, el abono y el cuidado de algunas plantas el orden central, en la agenda de estas diez familias, “nos reunimos máximo unas dos horas, pero entre todos se logra hacer bastante” dice doña Silvia.

El proyecto de los huertos familiares ha traído para ellos una gran oportunidad de desarrollo económico y social.  Mensualmente se realiza, dentro del barrio una feria comunitaria, donde tienen la oportunidad de vender toda su producción y obtener alguna que otra ganancia. La organización de estas 10 familias ha tenido tanta acogida, que su productividad ha ido en aumento, tal es el caso que ahora además de trabajar la tierra, tienen a su cuidado criaderos de cuyes y producción apícola.

Según  Miguel Chasipanta, cada familia integrante del proyecto, cuanta con un promedio de cuatro personas, lo que deja como aproximado, un total de 40 miembros beneficiados por la iniciativa. Generalmente en la venta de productos orgánicos se obtiene, de todos los integrantes un valor  cercano a los  80 dólares, aunque este puede variar de acuerdo a la cantidad de asistentes y a la producción general de los huertos.  Silvia Quisaguano, por ejemplo asegura que, en la venta de las legumbres alcanza un ingreso promedio de 10 dólares; cada producto varía en su precio, de ahí que un brócoli puede costar 50 centavos, una lechuga 30 o 40 centavos y aunque existe gran acogida a la propuesta de seguridad y soberanía alimentaria, todavía encuentran los típicos rezagos de la cantidad y no de la calidad; sin embargo la reincidencia de los consumidores es cada vez más palpable “así como hay gente que no aprecia todavía lo orgánico; hay gente que ya prueba y dice, es algo nuevo, es algo diferente” afirmó Silvia.

Pero los ingresos de estas 10 familias emprendedoras  no sólo están sustentados en la venta de productos orgánicos, sino también en la preparación de varios platos típicos y la exposición de obras de arte. Para Chasipanta la diversidad es lo más importante, de ahí que la formación y creación de negocios propios es también un motor esencial en la búsqueda del desarrollo. Ángela Quisaguano por ejemplo, a más de vender la producción de sus huertos, se dedica a la preparación de panes de maíz, que suele comercializar todos los fines de semana al sur de la cuidad de Quito. Por otro lado Juan Fuentes y Milton Chungandro, elaboran obras de arte en lienzo y acrílico, cuyo valor puede ir de los 60 a los 300 dólares. Todo ello como iniciativa propia.

Los vecinos de Virgen de Lourdes cuentan con la ayuda del Municipio de Quito, la Administración zonal del Valle de los Chillos y la Cooperativa Luz del Valle; no obstante su lucha ahora está concentrada en la consecución de canales de riego, que beneficien los cultivos en épocas de verano.

* Estudiantes Comunicación Social Universidad Politécnica Salesiana Ecuador

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